“Escuche a tantos amigos y familiares diciendo: “No te enrosques”, “No leas” “No contestes” “No te rebajes”.

Esta vez doy un paso al frente, porque desde el 29 de Diciembre a la mañana, cuando fue el primer allanamiento, que les vengo haciendo caso.

Desde ese 29 de diciembre. Con la familia reunida después de tanto tiempo. Mi hermano mayor recién llegado de Buenos Aires, yo misma recién volviéndome a vivir a Jujuy después de muchos años afuera, con la sonrisa de mi viejo de oreja a oreja desde que se levantaba hasta que se iba a dormir porque estábamos todos juntos otra vez.

Desde ese día que me aguanto las ganas de contestarle a todos y cada uno de los que, valientemente, atrás de una pantalla, se dedican a hablar sin saber, a opinar sin informarse, a generar violencia contra mi familia, a amenazar a mis hermanos, a difamar a mis tíos e incluso hasta mi abuela. Todos laburantes.

A generar miedo. Si, miedo. Miedo a salir a la calle. Miedo al timbre o al teléfono de casa. Miedo a cada persona desconocida que se acerca.

A desprestigiar la vida y obra de mi viejo.

Un tipo que toda la vida se dedicó a ayudar al prójimo, que no va a dejar de hacerlo. Que incluso sostuvo, de su propio bolsillo, una fundación que apoyaba proyectos vinculados con el crecimiento y desarrollo sustentable de las comunidades rurales, cuando su propio bolsillo no era el más abultado.

Un tipo que detesta las injusticias, la corrupción.

Un tipo que una vez dijo: “Nadie puede vivir en una burbuja de bienestar flotando en un mar de mierda” Y se me grabó a fuego para siempre.

Un tipo que cuida a su familia como nadie. Que dejó el cargo de director del instituto porque sentía que se estaba alejando de nosotros. Que sabe que la familia siempre está primero.

¿Y todo por qué? ¿Porque la gente quiere que se culpe a alguien que alguna vez formó parte del gobierno?

¿Realmente son capaces de creerse lo que sea, con tal de demostrar su postura o creencia política?

Todos pedimos justicia por Matías Puca. Todos pedimos justicia para que una madre que perdió a su hijo encuentre al culpable.

Y, sin embargo, hay tantos que la piden, pero cuando se les presenta no lo creen.

Porque querían ver a un ex funcionario, cual ladrón apedreado en la plaza del pueblo tantos siglos atrás, sirviendo de ejemplo para otros políticos.

Y se enceguecen. Y como no existen pruebas, las inventan. Y las exponen como si fueran datos certeros confirmados por la mismísima Interpol. Todos detectives. Todos grandes sabedores de la verdad absoluta.

Y le dan al botón de compartir como si estuvieran haciendo un mundo mejor.

La cantidad de veces que habré leído que mi hermano estaba escondido debajo de una piedra en Europa, y al mismo tiempo levantar la vista y verlo echado en el sillón al lado mío. Y la impotencia que eso genera.

No estoy pidiendo que se pongan las manos en el fuego por alguien que no se conoce.

No estoy diciendo que no existe la corrupción en la Argentina y en el mundo.

No estoy señalando un culpable.

Solo estoy pidiendo responsabilidad al momento de difundir, de fomentar, de copiar y pegar.

Porque atrás de cada nombre hay un hijo, un hermano, una madre, un padre.

Hoy en día, las redes sociales son herramientas tanto útiles como peligrosas y si no tenemos cuidado podemos estar esparciendo la misma violencia y la misma injusticia por la que protestamos.

Milena Perovic.

Hija y hermana.”

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