En los 154 días que pasaron desde que comenzó 2019, 107 mujeres han fallecido en la Argentina como consecuencia de crímenes de violencia de género. La cifra no solo da escalofríos, sino que también indica que los índices del año pasado no han cambiado en nada. 2018 terminó con 278 víctimas fatales de la violencia de género.

Cuatro años después del primer grito multitudinario de “Ni una menos”, las mujeres argentinas volvieron a salir a las calles para reclamar el fin de la ola imparable de violencia y asesinatos que aumentan cada año. El 80% de ellas confiesa tener miedo de salir a la calle de noche.

Esta tarde la marcha se sintió en las calles de Jujuy, tanto como en el resto del país. Con angustia y carteles con las fotos y los nombres de las mujeres asesinadas, reclaman justicia, piden dejen de matarlas y que termine la violencia machista y el acoso que dicen sufrir a partir de los 12 o 13 años y parece no terminar.

El próximo 13 de julio se cumplirán once años de la muerte de Marisel Zambrano. Ella vivía en Palpalá. Su ex pareja, José Manuel Alejandro Zerda, la mató en su cama, a golpes y patadas, al lado de la hija de ambos, que tenía nueve meses. La dejó ahí tirada, desangrándose, muerta y perdiendo masa encefálica, al lado de su bebé. Tenía 28 años y dos hijas.

Según el Informe de Femicidios en Argentina publicado por la Corte Suprema de Justicia, las principales víctimas directas de femicidios son mujeres jóvenes, de entre 25 y 34 años.

A José Zerda, la Sala III de la Cámara en lo Penal de Jujuy lo condenó a cinco años de prisión efectiva por “homicidio preterintencional”, es decir, consideraron que no tuvo la intención de matar a Marisel. Antes la había golpeado en repetidas ocasiones; ella tenía miedo de denunciarlo.

Según indican los informes de la Oficina de la Mujer, que se basan en expedientes del Poder Judicial, de las 278 víctimas fatales de violencia de género que dejó 2018, el 83% tenía un vínculo con los varones imputados, procesados o condenados por sus crímenes. El 56% eran sus parejas o ex parejas; el 15% familiares y el 12% personas vinculadas a ellas de otra manera. El resto, eran hombres que las víctimas no conocían.

El movimiento que pide el fin de la violencia de género no para. Aunque los números no bajan, al menos la legislación parece reconocer la situación. En noviembre de 2012, el Congreso modificó el Código Penal a través de la ley 26791. Eliminó la figura de “emoción violenta” como atenuante de femicidio e impuso la pena de reclusión perpetua o prisión perpetua, cuando la víctima sea “una mujer y el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género”; cuando la víctima fuera “su ascendiente, descendiente, cónyuge, ex cónyuge, o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no convivencia”; y cuando el asesino estuviera motivado "por placer, codicia, odio racial, religioso, de género o a la orientación sexual, identidad de género o su expresión".

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