Opinión. 

Que la solidaridad sea un hábito y no una moda

La solidaridad es una de las palabras que más se escuchó en los últimos tiempos. Por Federico Franco, periodista de Canal 4.

Por  Federico Franco

Si hay una palabra, fuera de las vinculadas a lo relacionado con la salud, que trascendió mucho este último tiempo es la palabra solidaridad. Una palabra que subyace y se realza cada vez que ocurre una catástrofe, una tragedia o en este caso fue una pandemia la que la convocó.

Pero no debería ser así porque este concepto que implica ayudar a quienes más nos necesitan sin pedirle nada a cambio debería emplearse siempre y en todo momento, es decir, que no sea sólo una moda y que pase de moda (valga la redundancia) cuando no haya una emergencia.

Mejor que se convierta en un hábito. Porque las emergencias están en todo momento y simplemente basta con mirar hacia el costado para darnos cuenta, ya que muchas veces ocurre que a la población se le despierta ese lado solidario solo cuando ocurre algún hecho colectivo impactante o que a ellos mismos los afecte, pero lamentablemente las necesidades están todo el tiempo.

La aparición de la pandemia y su posterior desenlace e impacto en la vida de las personas nos dejó demostrado, una vez más, pero quizás esta vez con mayor profundidad, que la solidaridad y la empatía son claves para superar los malos momentos.

La solidaridad como una herramienta clave para darle una mano a quienes más nos necesitan y la están pasando mal. La única forma de realizar esa noble acción es poniéndonos en el lugar del otro, es decir, por medio de la empatía.

Durante los días de mayor tensión a raíz del brote de coronavirus todos hemos necesitado de alguien. Algunos desde cuestiones más simples como una charla y otros con acciones más complejas como una donación de alimentos u otro tipo de ayuda. En el marco de la pandemia, un gran acto de solidaridad es respetar las medidas de bioseguridad como corresponde, comprometernos responsablemente para cortar la ola de contagios cuidándonos a nosotros, a nuestra familia y amigos, y de esta forma a la comunidad completa.

Pero lamentablemente, también ocurrió y ocurre lo contrario. Así como en muchísima gente se despertó ese don solidario que todos llevamos adentro, hubo quienes hicieron todo lo opuesto: se dedicaron a ser más egoístas que nunca y no sólo no aportaron cuando se los necesitó, sino que contribuyeron a dañar al otro.

No usando el barbijo, no respetando el distanciamiento, haciendo juntadas, entre otras malas acciones, muchas personas aportaron para que el virus se propague aumentando los contagios, los casos positivos y por ende, las muertes. Esta falta de responsabilidad fue la otra cara de la moneda y desnudó la peor faceta que tiene cada persona.

No obstante, y para finalizar, siempre es importante ver el “vaso medio lleno”, ser optimistas y quedarse con esa gente que si entendió el mensaje: de los problemas salimos todos juntos dándonos la mano y apoyándonos constantemente. Mensaje que es bueno replicarlo siempre que se pueda para que cada vez haya más gente que se contagie del único virus que si debemos propagar, que es el virus solidario, el que nunca tiene que pasar de moda.

Por Federico Franco

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