El escenario energético en Sudamérica empieza a mostrar un giro que puede tener consecuencias directas en Argentina.
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SUSCRIBITEUn informe advierte sobre la caída del gas en Bolivia y proyecta un cambio clave en la región, con impacto directo en el norte argentino.
El escenario energético en Sudamérica empieza a mostrar un giro que puede tener consecuencias directas en Argentina.
De acuerdo a un informe difundido por iProfesional, Bolivia atraviesa una fuerte caída en sus reservas de gas, lo que pone en duda su histórico rol como proveedor regional.
Durante años, el país fue clave para abastecer a la Argentina, especialmente a las provincias del norte. Sin embargo, ese esquema empieza a modificarse.
Según datos oficiales de la estatal YPFB, las reservas probadas de gas cayeron a 3,7 trillones de pies cúbicos (TCF), un nivel que refleja el agotamiento del modelo basado en la exportación de hidrocarburos.
El informe advierte que la falta de inversión en exploración y el desgaste de los principales campos productivos generaron una caída sostenida en la producción.
Actualmente, Bolivia produce alrededor de 31,6 millones de metros cúbicos diarios, muy por debajo de los niveles alcanzados en su momento de mayor auge.
Uno de los datos más fuertes del análisis es la proyección a mediano plazo. Si no hay cambios en la política energética, Bolivia podría comenzar a importar gas a partir de 2031, algo impensado años atrás para un país que basó su economía en la venta de este recurso.
El impacto sería profundo, ya que el gas representa una de las principales fuentes de ingresos del Estado boliviano.
En este nuevo escenario, Argentina aparece como uno de los principales beneficiados. El desarrollo del yacimiento de Vaca Muerta permitió al país avanzar en su autoabastecimiento e incluso proyectar exportaciones.
En los últimos años, la reversión del Gasoducto Norte y la expansión del shale gas posicionaron a Argentina en un rol que antes ocupaba Bolivia. El cambio podría generar que de depender del gas boliviano, el país podría pasar a convertirse en proveedor.
Para provincias como Jujuy y Salta, este cambio no es menor. Históricamente, el gas que llegaba desde Bolivia fue clave para el consumo residencial e industrial. La caída en la producción boliviana ya empezó a reflejarse en menores envíos y en la necesidad de reconfigurar el sistema energético.
La infraestructura desarrollada en Argentina busca justamente cubrir ese vacío y garantizar el abastecimiento interno.
El declive de Bolivia y el crecimiento de Argentina configuran un nuevo escenario en la región. El informe señala que incluso Brasil podría comenzar a abastecerse con gas argentino, desplazando el lugar que ocupaba Bolivia en el mercado regional.
Se trata de un cambio estructural que redefine el mapa energético sudamericano.
Más allá del impacto externo, el principal desafío para Bolivia está dentro del propio país. La posible pérdida de ingresos por exportaciones obligaría a Bolivia a replantear su modelo económico, en un contexto donde la exploración no logró reemplazar las reservas consumidas. El tiempo juega en contra porque cualquier nuevo desarrollo energético requiere años para entrar en producción.
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