Lejos de resolverse, la crisis del Covid-19 sigue latente en América Latina cuando el calendario indica que faltan pocos días para el final del verano, el regreso de las bajas temperaturas y los resfríos a esta parte del planeta. Con una dispar campaña de vacunación, de saturación en hospitales y de ‘margen político’ por parte de los gobiernos para tomar medidas, los distintos países vecinos del continente atraviesan la pandemia en escenarios disímiles pero con el virus como amenaza latente.
Quizás el lugar que más preocupe hoy por hoy a las autoridades nacionales es Brasil, donde el colapso del sistema sanitario es alarmante. Según informa la agencia EFE, cerca de 500 enfermos con Covid-19 están a la espera de una cama disponible en los hospitales de San Pablo, la ciudad más afectada por el virus con casi 570.000 positivos y cerca de 20.000 muertos. Sin embargo, el escenario se repite en las principales capitales estaduales de todo el país. Rio de Janeiro, por ejemplo, estableció la prohibición para entrar al mar esta semana, cuando la ocupación de camas de terapia intensiva supera el 90 por ciento.
A la crisis hospitalaria se le suma (o le resta) la terquedad del presidente Jair Bolsonaro, que minimizó la pandemia y pone en duda que el colapso se deba al virus. El derechista mandatario está enfrentado con gran parte de los gobernadores, que le recriminan la mala gestión desde el principio de la pandemia. Hoy, el país ronda las 2000 nuevas muertes diarias, lo que pone a Brasil en carrera para convertirse en el epicentro global de la pandemia.
Este cuadro se vio agravado por el surgimiento de la variante P1 del COVID-19, surgida en la zona del Amazonas brasileño y cuya tasa de contagios es superior a las primeras versiones del virus. Esta cepa ya se detectó en Córdoba, por ejemplo, y empujó a un grupo de científicos argentinos a firmar una solicitada pidiendo al gobierno de Albero Fernández que cierre todas las fronteras con el vecino país para evitar o retrasar la llegada masiva del P1 a la Argentina.
Bolivia anunció esta semana la prohibición de ingreso de viajeros provenientes de Europa, para prevenir el ingreso de nuevas cepas, en la medida que el país sale de lo que consideraron ‘una segunda ola’ en franco declive. Con 11 millones de habitantes, el país vecino reporta más de 260.980 contagiados y casi 12.000 fallecidos
Paraguay, por su parte, también atraviesa una delicada situación que se agrava por una enorme desconfianza sobre la gestión del presidente Mario Abdo, con movilizaciones en la calle pidiendo su renuncia y sectores de la oposición (e incluso del oficialismo) preparando un pedido de juicio político por el manejo de la pandemia.
La directora de Terapias del Ministerio de Salud, Leticia Pintos, dijo este jueves que las camas de Terapia Intensiva se encuentran con un 100 por ciento de ocupación, y pidió a la población que consulte al personal médico apenas aparecen los primeros síntomas.
"Los pacientes jóvenes en teoría tienen más resistencia, entonces aguantan, pero los pulmones se van deteriorando, llegan a los hospitales en un estado ya grave. Pedimos a la gente que asista a las urgencias de los hospitales, todos los centros tienen una urgencia respiratoria", explicó. Los casos positivos de coronavirus suman y ya llegaron a los 182.554 contagios confirmados y la cantidad de fallecidos trepó a 3.588.
En Uruguay preocupa el alto índice de positividad que se registra desde hace algunas semanas. La curva muestra con claridad una línea plana hasta mediados de octubre, cuando se reportaban menos de 10 por día, salvo excepciones en las que los contagios diarios trepaban a 20. Pero desde octubre a esta parte registró un aumento permanente de los contagios que lo llevó a un pico de cuatro cifras en marzo.
Esta semana, el presidente Luis Lacalle Pou anunció una batería de medidas más restrictivas, entre ellas la suspensión de la obligatoriedad de todas las clases presenciales. “La transmisión del virus hoy está dada por gente joven, de 20 a 39", explicó el mandatario. Una de las preocupaciones es la llegada de la variante P1, la cual estaría circulando de manera veloz dentro del país. Si bien no hubo confirmación oficial, las autoridades locales aseguran que explica el repunte de casos. De cualquier manera, el país registra al momento 73.770 casos y 725 víctimas mortales.
Chile, por el otro lado, avanza de manera veloz en un proceso de inmunización a gran escala que incluyó la aplicación de unas cinco millones de dosis, un 49 por ciento de cobertura sobre la población objetivo. Esta campaña puso al país trasandino como ejemplo de éxito, donde lo comparan con otras naciones como Israel, el país con mayor índice de inmunizados cada 100 habitantes.
A pesar de dicho proceso, el aumento de casos de contagio derivó en una decisión del gobierno de Sebastián Piñera de regresar a un estadío de confinamiento total en varias regiones del país, incluyendo la capital Santiago, lo que afectará a unas 8 millones de personas. Según se pusieron como meta, esperan lograr que el 80 por ciento de sus 18 millones de habitantes sean vacunados para mitad de año.
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