Desde que en octubre de 2017 los astrónomos de la Universidad de Hawái (Estados Unidos) detectaran la luz procedente de este viajero llegado desde fuera del Sistema Solar, muchas han sido las teorías acerca de su origen.

En un primer momento se lo catalogó como cometa, aunque la idea fue descartada casi de inmediato, por no tener una cola. Si se tratara de un cometa, al acercarse al Sol emitiría gases que le aportarían un empuje adicional, como si fuera un cohete. Pero para ello debería perder una parte de su masa: el diez por ciento. Cosa que no hizo.

Además, hay otro detalle llamativo: al emitir gases, su rotación tendría que haber cambiado, pero no se ha observado este efecto. Por eso, concluyeron a primera vista que era un asteroide.

Abraham Loeb – o Avi, como lo llaman los amigos – que es el director del Instituto de Astronomía de la Universidad de Harvard, rompió el molde académico y sin dudarlo afirmó: "Se trata de una nave espacial o parte de ella que está volando más allá de la órbita de Júpiter".

"Cuanto más estudio este objeto, más extraño me parece, y me pregunto si podría tratarse de una sonda artificial enviada por una civilización alienígena", sostuvo unos meses atrás el astrónomo que antes de este anuncio era conocido por su modestia, esa que aprendió cuando creció en una granja.

FUENTE: Infobae
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