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5 de noviembre de 2026 - 10:22
Mundo.

El Niño altera el ecosistema marino: aparecieron especies tropicales en el Pacífico

Científicos de California detectaron temperaturas récord frente a la bahía de Monterrey y la llegada de especies propias de aguas más cálidas.

Redacción de TodoJujuy
Por  Redacción de TodoJujuy

Distintas especies de mares tropicales y subtropicales, entre ellas medusas peine, sifonóforos, peces y cangrejos, comenzarona verse en las aguas cercanas al litoral central de California. Investigadores relacionaron la presencia inusual de estos organismos con el desarrollo de un fenómeno de El Niño.

Los especialistas, del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey (MBARI), marcan que el vínculo se da a raíz de la intensidad del mismo, que ya está provocando alteraciones en las condiciones marinas del océano Pacífico. Una boya de monitoreo marino ubicada frente a la bahía de Monterey aportó datos que respaldan estos cambios. El sensor, emplazado a 60 metros bajo la superficie, midió una temperatura de 18,18 °C (64,72 °F), el registro más elevado desde que comenzaron las observaciones en ese sector hace casi 40 años.

La investigación reúne dos indicadores que permiten dimensionar el impacto del fenómeno: por un lado, el incremento excepcional de la temperatura del agua y, por otro, la aparición de especies marinas que habitualmente viven en regiones tropicales o en zonas ubicadas más al sur. Según los científicos, estas señales evidencian que El Niño ya está provocando modificaciones en el ambiente oceánico de California.

La importancia de este fenómeno trasciende el litoral californiano, ya que El Niño es un proceso climático que se desarrolla en el océano Pacífico y puede generar consecuencias en diferentes regiones del mundo. Sus efectos alcanzan tanto las condiciones atmosféricas como la altura del nivel del mar, la distribución de las precipitaciones y la disponibilidad de recursos pesqueros.

En Sudamérica, especialmente en la Argentina, el comportamiento de este patrón climático es objeto de atención por su posible influencia en la frecuencia e intensidad de las lluvias, el desempeño de las actividades agropecuarias y las medidas de prevención frente a fenómenos meteorológicos extremos.

El agua profunda superó el máximo que había dejado El Niño de 1997

El Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey (MBARI) lleva adelante este seguimiento desde 1989, cuando puso en funcionamiento la boya M1. Ubicada en el sector central de la bahía de Monterey, sobre la zona de ingreso al cañón submarino que lleva ese mismo nombre, la estructura recopila de manera prácticamente ininterrumpida información sobre las condiciones del mar y la atmósfera.

El sistema permanece sujeto al fondo oceánico, a aproximadamente 1.100 metros de profundidad, y cuenta con sensores instalados a distintas alturas de su cable. Estos dispositivos permiten controlar parámetros como la temperatura, la salinidad, los niveles de oxígeno y clorofila, las corrientes marinas y otros indicadores ambientales.

La medición más reciente, realizada a 60 metros de profundidad, estableció un nuevo máximo y dejó atrás el récord que se había alcanzado el 19 de noviembre de 1997, en el contexto de un episodio intenso de El Niño.

Según explicó el investigador principal Francisco Chávez, las cifras registradas estuvieron más de 7 grados por encima de la media histórica. Este aumento de la temperatura también coincidió con una suba de 16 centímetros en la altura del mar frente a la costa.

El científico señaló que los datos recopilados por la boya M1 en la bahía de Monterey ratifican, a escala local, los pronósticos que ya advertían sobre la posibilidad de un fenómeno extraordinario en el Pacífico ecuatorial.

“Los datos oceanográficos y las observaciones biológicas muestran con claridad que un El Niño fuerte llegó a la costa central de California”, señaló el especialista.

El calentamiento de las capas más profundas del océano responde a un mecanismo propio de este fenómeno climático. Cuando se desarrolla El Niño, los vientos alisios pierden intensidad y dejan de desplazar con la misma fuerza las aguas cálidas de la superficie del Pacífico en dirección a Asia.

Como resultado, una porción de ese volumen de agua se desplaza nuevamente hacia las costas americanas y altera la distribución de las distintas capas oceánicas. En ese proceso, la termoclina, es decir, la zona de transición entre las aguas superficiales más templadas y las profundas más frías, desciende y afecta la circulación de nutrientes en el ecosistema marino.

La menor llegada de nutrientes puede reducir el alimento en la cadena marina

Habitualmente, las corrientes que trasladan agua fría desde las profundidades hacia las capas superiores del océano transportan nutrientes esenciales para el desarrollo del fitoplancton. Estos organismos microscópicos constituyen el primer eslabón de la cadena trófica marina y sirven de alimento a numerosas especies. Sin embargo, cuando la termoclina desciende, se reduce la llegada de esos componentes a la superficie y, como consecuencia, disminuye la actividad biológica en esa zona del mar.

Para analizar la evolución de estos cambios, los científicos recurrieron a una infraestructura mundial de boyas autónomas que forma parte del programa Global Ocean Biogeochemistry Array (GO-BGC).

Estos equipos recopilan datos en tiempo real sobre el estado del ecosistema oceánico y, hacia finales de septiembre, detectaron una serie de indicadores que habitualmente preceden a una intensificación de El Niño: un incremento de la temperatura del agua, una menor concentración de dióxido de carbono disuelto y niveles más bajos de nitratos.

Las modificaciones en la composición del agua también estuvieron acompañadas por un marcado descenso en los niveles de clorofila, un parámetro que se emplea para estimar la cantidad de fitoplancton presente en el océano.

Ken Johnson, integrante del equipo a cargo de GO-BGC, destacó que los dispositivos autónomos hacen posible evaluar las condiciones de los ambientes marinos en las distintas etapas del proceso —antes de su aparición, mientras se desarrolla y una vez finalizado—.

Esta información resulta fundamental para identificar y entender cambios de mayor magnitud en los ecosistemas oceánicos.

Las repercusiones de este proceso pueden extenderse durante buena parte del año. En la bahía de Monterey, las temperaturas del agua suelen alcanzar sus valores más elevados en invierno, una época en la que la actividad productiva del ecosistema marino ya tiende a disminuir.

No obstante, los impactos más significativos sobre la vida oceánica podrían manifestarse durante la primavera, cuando la falta de nutrientes afecta a las especies que necesitan de las concentraciones de plancton para alimentarse y desarrollarse.

Las especies tropicales ya comenzaron a aparecer frente a California

Las primeras señales de alteración en la fauna marina aparecieron incluso antes de que El Niño llegara a su fase de mayor intensidad. Durante una campaña de investigación realizada en las inmediaciones del monte submarino Davidson, especialistas del MBARI identificaron dos organismos poco comunes en esa región: una medusa peine alada, perteneciente al género Ocyropsis, y un sifonóforo de tonalidad rosada, identificado como Athorybia rosacea.

Ambas especies suelen encontrarse en ambientes marinos tropicales, como los que rodean a Hawái y México, pero su presencia frente al litoral central de California es poco frecuente.

Mientras realizaban trabajos de revisión y mantenimiento en la boya M1, los buzos detectaron también grupos numerosos de peces media luna, un tipo de pez que suele habitar en aguas más cercanas al sur de California.

En sectores más profundos, el robot submarino de control remoto Doc Ricketts identificó ejemplares jóvenes de cangrejo rojo pelágico, de la especie Grimothea planipes, cuya aparición en una latitud tan septentrional no tenía antecedentes en los registros del equipo científico.

Los investigadores registraron además un avistamiento fugaz de varios ejemplares de calamar de Humboldt. La presencia de esta especie merece especial atención porque, durante otros episodios de características similares, su avance hacia nuevas zonas provocó cambios en la composición de las comunidades de organismos que habitan las aguas abiertas y repercutió sobre las poblaciones de merluza del Pacífico, un recurso de importancia para la actividad pesquera comercial.

Por otra parte, el ingreso de masas de agua más cálidas puede reducir los espacios disponibles para que las ballenas encuentren alimento cerca de la costa. Este fenómeno también puede modificar la cantidad de presas accesibles para distintas especies de aves marinas.

Las repercusiones de este fenómeno también pueden extenderse hasta las regiones más profundas del océano, de acuerdo con registros obtenidos en estudios de seguimiento realizados a aproximadamente 4.000 metros bajo el nivel del mar, frente a las costas de California.

Los organismos que habitan esos ambientes dependen de los restos de materia orgánica que se desprenden de las capas superficiales y se depositan en el fondo marino. La cantidad de ese material está vinculada con la actividad biológica de las aguas superiores. De este modo, cualquier modificación que comience en las poblaciones de fitoplancton puede propagarse gradualmente y repercutir sobre las comunidades que viven a grandes profundidades.

Las consecuencias de El Niño no se limitan a las modificaciones que provoca en los ecosistemas oceánicos. Las variaciones anormales en la temperatura del agua y la altura de la superficie marina pueden elevar la probabilidad de que se produzcan inundaciones en zonas costeras. A su vez, las alteraciones en la presencia y concentración de distintas especies repercuten sobre la actividad pesquera y los sectores económicos que dependen de los recursos del mar.

El MBARI, junto con otras instituciones dedicadas al monitoreo del océano en California, puso en marcha una plataforma destinada a concentrar información vinculada con El Niño. El sistema integra los registros obtenidos mediante boyas, vehículos submarinos autónomos y dispositivos de medición instalados en áreas costeras.

El proyecto articula el trabajo de especialistas que investigan las regiones norte y central del litoral californiano y busca proporcionar datos recientes que sirvan de apoyo para la toma de decisiones de organismos gubernamentales, responsables de la planificación costera y comunidades relacionadas con la actividad pesquera.

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