El intenso color turquesa del Caribe mexicano atraviesa uno de los momentos más críticos de las últimas décadas. De acuerdo con estimaciones del Laboratorio Nacional de Observación de la Tierra, durante este año podrían desplazarse por el océano Atlántico alrededor de 40 millones de toneladas de sargazo, un volumen histórico que supera ampliamente los niveles registrados en 2025.
Una crisis ambiental que se vuelve permanente en el Caribe mexicano
La crisis del sargazo amenaza con hacer colapsar al turismo en el Caribe mexicano.
Esta acumulación masiva de algas, capaz de duplicar su masa en apenas 18 días impulsada por el aumento de la temperatura global, dejó de ser un evento estacional para transformarse en una problemática ambiental y económica constante. Destinos turísticos como Playa del Carmen y Tulum se encuentran entre los más afectados por este fenómeno.
La cantidad de sargazo que llega a las costas es tan elevada que las barreras de contención colocadas a lo largo del litoral ya no alcanzan para frenarlo. Cuando esta macroalga se acumula y comienza a descomponerse en la playa, da lugar al fenómeno conocido como “marea marrón”, que no solo deteriora el aspecto del mar y la costa, sino que además reduce el oxígeno del agua y desprende gases contaminantes.
El investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, Jorge Prado Molina, advirtió que el impacto va mucho más allá de lo visual, ya que este tipo de algas puede absorber metales pesados como arsénico y mercurio, lo que representa un riesgo de contaminación para los acuíferos si no se gestiona su disposición en sitios adecuados.
El paradisíaco azul turquesa del Caribe mexicano enfrenta su desafío más oscuro en décadas.
Pérdidas millonarias y erosión costera
El golpe económico sobre el sector de servicios es profundo. En un relevamiento por las áreas más perjudicadas de Quintana Roo, comerciantes y propietarios gastronómicos advierten una reducción cercana al 50% en sus ingresos. La presencia masiva de sargazo en descomposición desalienta el turismo, provocando cancelaciones de reservas y el traslado de visitantes hacia otros destinos.
Prestadores de servicios de la zona describen un escenario crítico, con sectores donde la circulación se vuelve prácticamente imposible. Además, señalan que embarcaciones y redes de pesca quedan atrapadas entre grandes acumulaciones de esta masa vegetal que cubre amplias extensiones de la costa.
A la crisis económica se suma un efecto ambiental adverso asociado a las tareas de limpieza: la erosión de la línea costera. El empleo de maquinaria de gran porte para retirar las enormes cantidades de sargazo termina arrastrando, de manera no intencional, grandes volúmenes de arena que luego no se regeneran.
Ante la falta de una estrategia federal unificada, el sector privado y la academia exigen protocolos de respuesta mucho más robustos.
De acuerdo con estimaciones, zonas especialmente afectadas como El Recodo habrían perdido hasta 150 metros de playa en los últimos años. Esta reducción del terreno disponible no solo limita el uso turístico del área, sino que además incrementa la exposición de la infraestructura hotelera frente a posibles huracanes en el futuro.
La urgencia de protocolos preventivos
Frente a la ausencia de una política federal coordinada, tanto el sector privado como el ámbito académico reclaman la implementación de protocolos de actuación más sólidos y efectivos. A diferencia de otros destinos del Caribe, como la República Dominicana, donde se aplican sistemas de seguimiento y prevención con varios meses de anticipación, en México las medidas continúan siendo mayormente reactivas, actuando una vez que el problema ya está instalado.
En este contexto, la comunidad científica plantea la necesidad de incorporar herramientas tecnológicas como el uso de imágenes satelitales de alta resolución y drones, con el objetivo de detectar y desviar las concentraciones de sargazo en mar abierto antes de que lleguen a los arrecifes y a las zonas costeras.
La llegada masiva de sargazo a la costa mexicana está causando una situación crítica.
El combate contra el sargazo aparece como una variable clave para definir la continuidad del modelo turístico de Quintana Roo en los próximos años. Sin una inversión significativa en tecnología para la recolección en el mar y sin un manejo eficiente de los residuos en tierra firme, el Caribe mexicano podría perder su posición privilegiada como uno de los principales destinos del turismo internacional.
Desde el sector turístico advierten que el margen de acción es cada vez menor: si no se logra frenar el avance de esta masa vegetal en el océano, la economía regional corre el riesgo de quedar seriamente comprometida por la acumulación de sargazo en las costas.
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