Elecciones en Italia.. 

Giorgia Meloni, la primera mujer en convertirse en premier

Es del sector de la ultraderecha de Italia. Forjada en un partido próximo al fascismo italiano, tiene una fuerte oposición a la inmigración y admira a Putin.

Por  Redacción de TodoJujuy.com

Según Giorgia Meloni, el comienzo de su carrera política arribó a su vida a sus apenas 15 años, cuando tomó la decisión de llamar a la puerta del Frente de la Juventud, los cachorros del postfascismo italiano.

Aquella joven inició de esta manera una carrera consagrada exclusivamente a la política que ahora, luego de dominar a todos los hombres de sus filas, alcanza su desafío más difícil: ser la primera mujer en llegar al gobierno de Italia.

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Una infancia entre mujeres

La vida de Meloni (Roma, 1977) está marcada por el abandono. Su madre, Anna, la crió en soledad, junto a su adorada hermana mayor, Arianna, después de que su padre las abandonara y se dirija hacia las Islas Canarias.

Un día su madre le contó que la había traído al mundo sin hacer caso a quienes le aconsejaban abortar: "Debo todo a mi madre, mujer de voluntad, culta, que tras la coraza que viste para afrontar la vida esconde un alma frágil", reconoció en sus memorias, publicadas 2021.

Las menores tuvieron poco vínculo con su padre, a quien visitaban cada verano en La Gomera, hasta que Giorgia, con solo 11 años, tomó la decisión de no verlo más al oír de su propia boca su desinterés por ellas. Y lo cumplió hasta que murió.

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Se puede decir que Meloni viene de "una familia herida". Una madre y dos niñas bajo el techo de un departamento de la Roma "bien" que un día acabó ardiendo por una vela que las hermanas dejaron encendida en su cuarto.

"Terminamos en la calle", comentó. La señora Anna consiguió vender lo que quedaba de la vivienda y se mudaron al barrio obrero de Garbatella, donde por obra del destino comenzó a tener contacto con la política, a la que dedicaría su vida.

Meloni amaba la música, desde los cantautores italianos hasta Michael Jackson, y leía apasionadamente las páginas de El Señor de los Anillos. En su momento, también comentó que ha sufrido acoso escolar.

Su bautismo político

Todo se modificó cuando, con 15 años, se contactó con la puerta "blindada" del Frente de la Juventud, la organización juvenil del antiguo Movimiento Social Italiano (MSI), fundado por los últimos fascistas.

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Meloni, siempre en oposición a la celebración del Día de la Liberación del nazifascismo por verlo "divisivo", inauguró su militancia un verano de 1992 incandescente, mientras la Primera República colapsaba bajo el peso de la corrupción y las bombas de la mafia.

Su vida se caracterizaba por tener fines de semana de activismo, con el nombre en clave de "Calimera" para despistar a las bandas callejeras de izquierda, que alternaba con trabajos de niñera o camarera para llevar dinero a casa.

En 1996, cuatro años después, la joven, ya conocida por su hostilidad dialéctica, se postulaba como líder nacional de Azione Studentesca, el movimiento juvenil de Alianza Nacional, nuevo rostro del MSI, con la que fue elegida consejera provincial en Roma.

Su ascenso fue muy rápido, pasando por arriba de todos los hombres, hasta que con 29 años logró llegar a la Cámara de Diputados, de la que fue vicepresidenta hasta 2008, cuando fue nombrada ministra de Juventud por Berlusconi.

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Giorgia Meloni llega a la cima

El momento cúlmine de Meloni coincide con su presidencia, desde 2014, de Hermanos de Italia, nuevos herederos del MSI, con los que prepara su conquista del país.

En 2016 se postuló para ser alcaldesa de Roma, aunque sin éxito. Sin embargo, obtuvo gran popularidad haciendo campaña embarazada de su única hija, Ginevra, como la reina de Lancelot, fruto de su relación con el periodista Andrea Giambruno.

Desde ese momento, su protagonismo no ha hecho más que incrementar (en las elecciones de 2018 obtuvo un triste 4%). Su éxito viene de la explotación del descontento de la pandemia y su papel como única oposición a la difunta coalición de unidad nacional de Mario Draghi.

En este tiempo ha logrado trascender las fronteras como simpatizante del ultranacionalista húngaro Viktor Orban, o presidiendo el Partido de los Conservadores y Reformistas Europeos, el de la española Vox.

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"Yo soy Giorgia"

Su punto álgido tuvo lugar cuando, en octubre de 2019, se paró ante miles de personas en la plaza de San Juan de Letrán, feudo sindical, para exclamar: "Soy Giorgia, soy mujer, madre, italiana y cristiana y no me lo quitarán", en ataque directo a la legislación homosexual.

Después, dos hombres tomaron su discurso, la mezclaron con música electrónica y, sin quererlo, la elevaron a icono pop. Toda Italia bailaba y difundía aquel tema pegadizo.

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Sus rivales, argumenta, son los "burócratas" de Bruselas, el colectivo LGBT o la "izquierda de salón", mientras admira a la Rusia de Vladimir Putin por compartir el "sistema de valores europeos, defender el cristianismo y combatir el fundamentalismo islámico", aunque promete "lealtad" a Occidente.

Su ideario lo puntualizó para siempre en un acto electoral de Vox en Marbella (sur de España): "No hay mediaciones posibles, se dice sí o no. Sí a la familia natural, no al lobby LGBT; sí a la identidad sexual, no a la ideología de género; sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte; sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islámica; sí a fronteras seguras, no a la inmigración masiva".

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