Opinión.. 

Mi Panamá, coqueteando con las sirenas del abismo

Columna de opinión de Adolfo Kindgard, ingeniero forestal.

Por  Agr. Adolfo Kindgard

Panamameños todos, clase política y ciudadanos, tal vez estén poniendo en jaque su efectivo modelo de crecimiento macroeconómico a tasas chinas y estabilidad, pero no todos parecen verlo.

Desde alguna de las terrazas restaurante de las casonas de la ciudad amurallada, casco viejo, restauradas de la manera más exquisita, se puede ver el despliegue de rascacielos Miami-dubaiescos que reflejan en las aguas de la bahía de Panamá. Allí se sirve selecta gastronomía de autor ante la vista aérea de la ciudad colonial reconstruida y un poco más allá, las luces urbanas y la barriada de la primera isla artificial que cierra la bahía, al mejor estilo golfo pérsico. Claro que una tan distinguida cena para dos, y algunos tragos, pueden costar un salario básico nacional. Una porción restringida de nacionales y expatriados gozan diariamente de la vibrante escena entre noches cálidas y Djs en vivo.

Como si fuera otro continente, la población indígena panameña ocupa casi la mitad del territorio en sus nueve comarcas, y representando cerca del 15 % de la población. Sin embargo, ni las autopistas modernas, ni los servicios básicos, ni mucho menos las escuelas y los hospitales se hacen presentes en esta mitad de bosques, ríos y serranías tropicales. Las cifras son alarmantes, 82 % de pobreza entre sus habitantes, o para dramatizar aún mas, un 60 % de pobreza extrema entre todos ellos.

En mis múltiples recorridas por este hermoso país como coordinador del mapa de cobertura del suelo nacional 2012, caminé entre 2011 y 2014 estos territorios, siempre absorto de esa existencia frugal, casi medieval y contrastante de sus habitantes. Aun mas, como buen argentino opinador y criticón, siembre exprese mi sorpresa ante la pasividad de estas poblaciones y su rol dentro del ´´milagro centroamericano´´. Como ejemplo, para alcanzar la localidad de Piedra Roja que funciona de algún modo como capital de la comarca mas grande y poblada, Ngäbe-Bugle, solo se puede caminando dos días por de barro, arroyos y pierdas que atraviesa parches de cultivos de subsistencia entre la selva tropical húmeda. Innecesario resulta ahondar en las implicancias de tal desconexión para su calidad de vida.

Entre la escena gastronómica internacional y las comarcas, un variopinto conjunto de segmentos sociales sobrevive en las periferias Panamá y otras ciudades menores o peor aun en casi toda la ciudad-ruina de Colón. Las carencias no son tan extremas pero también abundan, falta infraestructura básica sanitaria, transporte, empleo registrado y seguridad. Los que están un poco mejor, digamos la clase media baja, que ha accedido a créditos de vivienda y vehículo, hace malabares para llegar a fin de mes. La inflación del dólar sube los alimentos, la energía, el combustible a ritmo sostenido, y sin casi herramientas los salarios, originalmente bajos, se va retrasando.

Hasta acá lo que vi. Siempre sorprendido de que el país no tenga sindicatos convocantes, no tenga paros masivos, no se den de cuanto en cuando protestas significativas. Un sistema político presidencialista de un solo mandato de cuatro años, y un sistema tri-partidario endémico, donde todos representan los mismo ideales, pilares del hasta acá ´´milagro panameño´´. Estos pilares son al menos tres a saber; a) Dolarización, aunque románticamente los precios se expresan en moneda nacional de las que solo queda la moneda de 1 balboa, los billetes son del tipo In God we trust. b) Muy pero muy pocos impuestos, apalancado en amplios incentivos tributarios que básicamente que atrajeron la masiva radicación de casas matrices latinoamericanas de multinacionales como también de agencias multilaterales, y por supuesto del desarrollado, vigoroso y no tan transparente sistema de financiero. c) Libertad de mercado, el combustible tiene variaciones diarias, para arriba y para abajo al son del precio internacional, los supermercados son el icono del intercambio global. Uno para elegir vino por ejemplo en alguna de las tiendas de delicatessen primero selecciona la góndola por nacionalidad. No hay un precio definido para productos especiales ni restricciones de importación en general, oferta y demanda. d) Excelente plataforma logística mixta, administrada apropiadamente. Me refiero al combo Canal, Tren, Mega-aeropuerto, Puertos y Autopista mas servicios asociados. e) Boom del desarrollo inmobiliario/especulación inmobiliaria.

De eso se trata más o menos el gran éxito de los números. El turismo se restringe a el tipo urbano de compras y visita a bancos. Todo el resto de los sectores, históricamente postergados, aportan poco y nada. El sector agrícola por ejemplo, con rendimientos muy inferiores de caña, arroz, cítricos, maíz, piña y casi cualquier cultivo que se analice, respecto a sus vecinos. Me viene a la memoria escenas de cañaverales desparejos, de naranjales casi abandonados, de arrozales y maquinaria antigua. Los altos costos lo han postergado y las prioridades de la nación no les han dado prioridad. El sector del turismo, mas allá de la ciudad, no logra explotar su oferta cultural opulenta ni sus maravillas naturales que entre montañas, cascadas, selvas, playas y archipiélagos paradisiacos en ambos océanos, son apenas visitada por exploradores intrépidos. El único complejo hotelero del pacífico quedo obsoleto, caro y de pésimo servicio. No compite.

Hasta aquí este combo a logrado nada menos que las tasas de crecimiento sostenido mas abultadas de la región, ocupando al día de hoy el puesto uno de PBI per cápita de nuestros países. También ha cosechado los récord regionales y mundiales de desigualdad. Una vez mas resalto, sin manifiesto malestar social, ni emergentes lideres contestatarios, ni sindicatos combativos.

Me incliné a teorizar que esa armonía aparente se debía a una suerte de pacto implícito entre los beneficiados del modelo, y los postergados, tal vez derivada de los 100 años de presencian norteamericana. Un pacto de estabilidad fundado en los perdedores del modelo, como si fueran participes orgullosos del Panamá de los rascacielos, las autopistas y el metro, aunque el progreso no les haya llegado aun y sin certezas de que les vaya a llegar. Seguro una mirada simplista, pobre y mejorable, pero los hechos son los hechos. Muchas personas pasando paramo, como dicen allá para decir pasándola mal, pero mansitos y calladitos.

Así iba la cosa, hasta que una proteste relativamente menor se convirtió error tras error en un protesta mayor, nacional y profunda, sin pronostico claro. Numéricamente insignificante para un estándar sudamericano, comenzó hace más de tres semanas con los transportistas y fue sumando sectores con cada uno de los traspiés de las autoridades durante estos días. La alianza oficialismo-oposición, este sistema tri-partidario, sin ningún tipo de reflejo para la demanda social, mareado en una estética entre patronal y paternal (no tiene desperdicio como sátira las puetas en escena), y sin olfato político, desatendió inicialmente el reclamo. Inicialmente solo se trató de unos centavos de dólar por litro de gasolina, que darían estos ahora por volver el tiempo atrás. Luego se sumaron los maestros, los agricultores, pobres y clase media baja suburbanos y del interior, los indígenas.

Hoy los cortes intransigentes de las rutas centrales del país hacen sentir el desabastecimiento. Las voces de protesta, aun no mayoritarias, proliferan y la lista de exigencias se extiende. Circulan videos en las redes de enfrentamientos con la policía en varios puntos del país, aun bajo el lente sudamericano relativamente menores, pero sin dejar de ser completamente extraordinarias en el contexto de los últimos 30 años. El gobierno, a destiempo, ya acepto en varias rondas de negociación un precio de la gasolina y precios tope de la canasta básica, que al día siguiente son redobladas y nuevas listas aparecen pobladas con nuevas exigencias. Ya no se trata del combustibles. Se trata de reivindicaciones que difícilmente el sistema liberal dolarizado y bastante endeudado pueda dar respuesta sin una profunda transformación de la matriz tributaria. La misma que fue antes responsable del éxito macroeconómico. Hasta donde podrá el modelo estable de crecimiento sin posibilidad de emisión va a dar respuesta a la nueva demanda millonaria de subsidios a los medicamentos, la canasta básica, los combustibles, la energía, el mantenimiento de precio sostén a los productores agropecuarios y ofrecer reales reducciones del costo político ? Puede el país endeudarse mas para atender gastos corrientes? Acabará la lista de reclamos ciudadanos con estos aportes del estado o vendrá luego el justo reclamo por educación, seguridad y salud? Como están jugando y jugarán los lideres latinoamericanos en esta disputa de un pequeño país, que es a la vez llave del comercio internacional?

Tal vez todo dependa del tiempo que demore en surgir un líder representativo de estos colectivos, con verdaderas chances de superar a la alianza tri-partidista de la elite hoy gobernante.

Mi querido Panamá, donde tanto aprendí y donde hoy nuevamente vivo, se vienen tiempos nuevos.

Adolfo Kindgard
Ingeniero forestal

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