Estudio.. 

Pocas horas de sueño incrementa la torpeza corporal

Científicos del MIT realizaron un estudio con estudiantes donde se concluyó que la falta de sueño perjudica la forma de andar o el estilo de caminar.

El sueño, en cantidad y calidad, puede perjudicar el desarrollo de las personas al efectuar las tareas diarias, como leer un libro o bajarse en la estación de tren correcta. No obstante, el interrogante menos explorado es si el buen dormir influye en la manera en que caminamos o llevamos adelante otras actividades que los científicos suponen son menos agotadoras mentalmente.

Siguiendo lo señalado en una investigación publicada en Nature por un equipo del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y la Universidad de San Pablo en Brasil, se concluyó que la falta de sueño perjudica la manera de andar (o estilo de caminar). Durante un experimento con estudiantes voluntarios, los científicos hallaron que, en general, cuanto menos dormían los participantes, menos control tenían al caminar durante una prueba en cinta.

Los jóvenes que estuvieron toda la noche en vela previo a la prueba, tuvieron complicaciones para poner un pie delante del otro. Los participantes que durmieron, pero que generalmente no lo hicieron de manera ideal durante la semana y se dieron el gusto de pasar un fin de semana relajado, consiguieron mejores resultados que los que no lo hicieron.

“Científicamente, no estaba claro que las actividades casi automáticas como caminar se vieran influenciadas por la falta de sueño”, detalló el profesor Hermano Krebs, principal investigador científico en el Departamento de Ingeniería Mecánica del MIT, y añadió: “También detectamos que compensar el sueño podría ser una estrategia importante. Por ejemplo, para aquellos que padecen una privación crónica del sueño, como los trabajadores por turnos, los médicos y algunos miembros del personal militar, si incorporan una compensación de sueño regular, podrían tener un mejor control”.

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Por determinado tiempo se pensó que caminar era un proceso completamente automático, que requería un escaso control cognitivo consciente. No obstante, estudios anteriores que han observado animales en cintas de correr han expuesto que caminar se basa en la actividad reflexiva de la columna, en lugar del control cognitivo del cerebro. “Este es el caso de los cuadrúpedos, pero la idea fue más controvertida en los humanos”, indicó Krebs.

A lo largo de su carrera, Krebs ha dejado de manifiesto que caminar en realidad conlleva una influencia sutil y consciente para hacerlo en distintos entornos y evitar posibles complicaciones, además de procesos más automáticos. En 2013, se sumó a una colaboración con el profesor Arturo Forner-Cordero de la Universidad de San Pablo y el equipo investigó si los estímulos más sutiles, como escuchar sonidos, podrían influir en la marcha.

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En estos primeros experimentos, el equipo solicitó a los voluntarios que caminaran en una cinta mientras los científicos jugaban y modificaban lentamente la frecuencia de un metrónomo. Sin darse cuenta, los voluntarios igualaron sus pasos al ritmo. “Eso sugirió que el concepto de que la marcha es solo un proceso automático no es una historia totalmente cierta. Hay mucha influencia que viene del cerebro”, afirmaron los investigadores.

Forner-Cordero y Krebs prosiguieron investigando la mecánica de caminar y el control motor general al reclutar estudiantes voluntarios en sus experimentos. Forner-Cordero percibió que hacia el final del período escolar, cuando los estudiantes enfrentaban una gran cantidad de exámenes y fechas límite de proyectos, tenían más falta de sueño y les iba peor en los experimentos del equipo.

En este nuevo estudio, el equipo juntó a estudiantes de la Universidad de San Pablo para integrarlo a un experimento, que se focalizó en los efectos de la falta de sueño y sus consecuencias en el control de la marcha.

Los estudiantes utilizaron un rastreador de actividad durante dos semanas, lo que les dio a los científicos una idea de cuándo y cuánto tiempo dormían o estaban activos cada día. Con el objetivo de registrar sus patrones naturales de sueño , los estudiantes no recibieron ninguna instrucción sobre la cantidad de sueño que deberían dormir.

En promedio, cada uno dormía cerca de seis horas al día y algunos consiguieron recuperar el sueño durante los fines de semana. Antes del día 14 del experimento, algunos de los estudiantes se encontraron en el grupo de privación aguda del sueño, donde los científicos les solicitaron que permanecieran despiertos toda la noche en el laboratorio del equipo.

En la mañana del último día del estudio, todos los estudiantes estuvieron reunidos para efectuar una prueba de caminata. Los investigadores registraron a cada estudiante caminando en una cinta de correr a la misma velocidad, con el débil sonido de un metrónomo de fondo.

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Todos debían seguir el ritmo y, sin decírselo a los estudiantes, los investigadores subían y bajaban la cadencia del metrónomo. Las cámaras registraron el momento en que los talones de los estudiantes golpeaban la cinta, en comparación con el ritmo del metrónomo.

“Tuvieron que sincronizar el golpe del talón con el ritmo, y descubrimos que los errores eran mayores en las personas con privación aguda del sueño. Estaban fuera de ritmo, se perdían los pitidos y, en general, se estaban desempeñando peor”, concluyó Forner-Cordero.

Si bien esto en sí mismo puede no ser completamente sorprendente, los investigadores hallaron una diferencia que no esperaban al comparar a los estudiantes con aquellos que pasaron toda la noche en vela. Aquellos que obtuvieron mejores resultados fueron los que lo compensaron y durmieron un poco más los días libres, incluso cuando realizaron la prueba al final de la semana.

“Incluso en el pico de cuando la mayoría de la gente estaría cansada, este grupo de compensación lo hizo mejor, una situación que no esperábamos”, detalló Forner-Cordero.

“Los resultados muestran que la marcha no es un proceso automático y que puede verse afectada por la falta de sueño. También sugieren estrategias para mitigar los efectos de la privación del sueño. Idealmente, todos deberían dormir ocho horas por noche. Pero si no es posible, entonces se debería compensar con la mayor regularidad posible”, concluyó Krebs.

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