Qué hace el micro satéilite argentino Atenea en la misión Artemis 2.
A pocas horas de que la NASA aproveche la ventana meteorológica para lanzar la misión tripulada Artemis II, que sobrevolará la Luna, la cuenta regresiva ya se activó en la Argentina. En las bases de Córdoba y Tierra del Fuego, los equipos se prepararon para recibir las primeras señales del satélite argentino.
Este último se activará unas cinco horas y media después del despegue y alcanzará una distancia cercana a los 72.000 kilómetros de la Tierra, el doble de lo logrado por desarrollos nacionales anteriores.
Por qué es importante para la Argentina la participación en la misión Artemis II a la Luna.
La misión que marcará un récord para la tecnología argentina
“Comenzará, entonces, la comunicación más lejana lograda hasta el momento con un microsatélite argentino”, destacaron desde la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología.
Los datos enviados por el satélite Atenea, una vez en órbita, serán captados y procesados en dos estaciones terrestres de la CONAE: una ubicada en Córdoba y otra en Tolhuin. Allí, los equipos ya se encuentran operativos. Para ellos, la cuenta regresiva comenzó el martes, según comentaron dos ingenieros a La Nación instantes antes de realizar el último ensayo previsto.
Se realizaron chequeos que incluyeron desde las antenas y los sistemas de comunicación hasta la asignación de funciones y la rotación de turnos. Ambos grupos trabajarán de manera coordinada una vez que Orion despegue desde Cabo Cañaveral. Luego del simulacro, avanzaban con la revisión final y la posible corrección de cualquier detalle del operativo previsto para el lanzamiento.
La información que transmita el satélite Atenea, luego de su despliegue, se recibirá y se procesará en dos estaciones terrenas de la Conae.
“Esto nos asegura que todo, cuando ocurra, va a salir bien”, afirmó Hugo Videla, responsable del segmento terreno de la misión Atenea en la estación del Centro Espacial Teófilo Tabanera, ubicada en Falda de Cañete, Córdoba. Ingeniero electrónico, participó en el diseño y desarrollo de equipos de apoyo en tierra para la carga de baterías y pruebas de vibración del satélite, que contará con unas 20 horas efectivas de vuelo y permanece acoplado al cohete desde octubre pasado.
Operativo coordinado desde dos puntos clave del país
“Ya estamos en operación. Son dos equipos que vamos a estar trabajando en espejo”, explicó Javier Vázquez, ingeniero industrial y jefe de la Oficina de Dirección de Proyecto de la CONAE. Desde Tolhuin, en Tierra del Fuego, señaló que por su ubicación, la estación más austral podrá seguir al satélite Atenea durante un lapso mayor que las antenas en Córdoba, aunque ambas funcionen como respaldo entre sí.
El microsatélite es el resultado de un trabajo conjunto que involucró a la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de San Martín, el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa VENG SA. El dispositivo viaja a bordo de la nave Orion, junto a los cuatro astronautas que integran la misión Artemis II.
Javier Vázquez, ingeniero de la Conae.
Un mecanismo de resorte se encargará de expulsarlo al espacio desde el módulo donde fue alojado, cuando se encuentre a unos 40.000 kilómetros de la Tierra, y luego continuará alejándose hasta alcanzar un máximo cercano a los 72.000 kilómetros. “En ese instante, todas las antenas estarán preparadas para captar por primera vez señales de un satélite argentino a esa distancia”, remarcó Videla desde la base cordobesa.
Tras separarse del adaptador, Atenea se pondrá en marcha de forma automática, comprobará el estado de sus sistemas, estabilizará su orientación y, apenas dos minutos después, comenzará a enviar información a las estaciones de la CONAE, que podrán seguirlo durante una ventana de entre 10 y 11 horas. El resto del tiempo, una base en Vietnam registrará los datos, lo que, gracias a un acuerdo de cooperación internacional, permitirá reunir hasta 20 horas de información.
Desafíos técnicos y objetivos en el espacio profundo
“El primer objetivo que nos pusimos fue construir un satélite de manera ágil, en un plazo limitado, y poder entregarlo evaluado y validado para volar. Y lo cumplimos. El segundo, es poder ver el satélite en órbita, que encienda y que nos podamos comunicar”, explicó Vázquez. “En ese momento, todas las antenas van a estar listas para recibir por primera vez señales de un satélite argentino a esa distancia”, agregó.
La nave Orion de la misión Artemis II que rodeará la Luna, en la plataforma de lanzamiento 39-B en Cabo Cañaveral.
La principal dificultad de esta misión, en comparación con otras, radica en la distancia y el envío de datos. “Nunca tuvimos una misión así – ponderó–. Estamos preparados con las antenas instaladas y esperamos poder identificarlo en el espacio; que todo suceda según lo planificado”.
El uso de equipamiento y programas diseñados para analizar señales, niveles de energía y detectar la frecuencia de transmisión permitirá identificar al microsatélite. “Vamos a poder confirmar que los datos provienen de Atenea, verificando que la información recibida le corresponde y a qué experimento pertenece”, explicó Vázquez.
En ambas estaciones, la expectativa iba en aumento, al igual que la de Fernando Filippetti, referente del proyecto Atenea por la Facultad de Ingeniería de la UBA.
Si se cumplen las metas vinculadas a la evaluación del blindaje, la medición de radiación y luminosidad, la geolocalización y las comunicaciones a larga distancia, Argentina alcanzará un grado de desarrollo tecnológico que le permitirá ser tenida en cuenta para futuras misiones junto a otras agencias espaciales, ya sea en proyectos de exploración del espacio profundo o en la provisión de soluciones para la industria aeroespacial internacional.
El empaquetado del microsatélite Atenea para su inclusión en el cohete de Artemis II.
El marco internacional y el rol de Argentina en Artemis
En 2023, durante la visita a la Casa Rosada del entonces administrador de la NASA, Bill Nelson, Argentina oficializó su adhesión a los Acuerdos Artemis, un pacto internacional que establece lineamientos para llevar adelante la exploración espacial con fines pacíficos.
“A medida que continuamos explorando el espacio, y vamos a volver a la Luna y, después, ir a Marte, queremos tener un conjunto de estándares para todas las naciones que participen en la exploración del espacio profundo, con intenciones pacíficas, ayuda mutua y colaboración en caso de rescates y desastres”, expresó en ese momento el funcionario estadounidense ante la prensa local.
Esto habilita a los 61 países adheridos hasta enero de este año a sumarse con iniciativas de exploración o uso civil del espacio, ya sea en conjunto con otras naciones o de manera independiente, según sus objetivos científicos y dentro de marcos de buenas prácticas y estándares establecidos. El programa Artemis de la NASA, orientado al regreso a la Luna, se desarrolla bajo estas pautas.
La misión marcó el regreso de astronautas a la órbita lunar tras décadas.
“La importancia de Atenea para el país es que aumenta la madurez tecnológica de los dispositivos que pueden ser diseñados por universidades o de proveedores locales y son validados. Este desarrollo nace por invitación de la NASA y, para poder llegar a tiempo con los requisitos y en un plazo tan ajustado, se buscó lo que había disponible en el mercado argentino. Una de las universidades ofreció un equipo económico, de dimensiones aceptables por la agencia espacial de Estados Unidos, y la Conae coordinó la adaptación a las características solicitadas”, refirió Videla.
“El resultado es un desarrollo económico, pero superconfiable como para no poner en riesgo la misión Artemis II”, agregó, luego de enumerar algunas de las mejoras y los cambios que incorporaron. Una, por ejemplo, fue el blindaje para que la estructura resista el estrés y no se deforme al momento de la separación del adaptador de Orion.
“Esto demuestra que en la Argentina se puede crear un satélite en un tiempo menor al que la industria aeroespacial estaba acostumbrada”, dijo Videla.
Un traje que el comandante de Artemis II, Reid Wiseman, utiliza para entrenamiento yace sobre una mesa en el laboratorio de Sistemas de Supervivencia de la Tripulación Orion en el Centro Espacial Johnson.
Un proyecto que proyecta el desarrollo aeroespacial nacional
“Atenea es un satélite tecnológico que nos sirve de aprendizaje. En una futura misión de exploración del espacio profundo, será un antecedente de que podemos desarrollar un equipo satisfactorio y una solución para proporcionar información de posición, velocidad y aceleración –continuó–. Teniendo esta confianza, podemos decidir qué instrumento sumar. Esta misión es un paso importante en el desarrollo aeroespacial de la Argentina para poder proponer soluciones a otras agencias o empresas. Tener un instrumento con soluciones tecnológicas a esas alturas da ventajas”.
Para Vázquez, esta misión representa “un gran reto” desde el momento en que fueron convocados a presentar una iniciativa que, en un comienzo, parecía muy difícil de concretar dentro de los tiempos exigidos. Sin embargo, los equipos de universidades y organismos involucrados se adaptaron rápidamente a ese cronograma. Junto al microsatélite argentino, también resultaron elegidos proyectos provenientes de Corea del Sur, Australia y Arabia Saudita.
El satélite ATENEA ya envía datos desde el espacio en la misión Artemis II.
“En la NASA lo vieron viable, aunque sin que nos dieran el ok hay que decir que siempre se avanzó con el proyecto pensando en que había que llegar a cumplir. Y lo logramos. Atenea es un proyecto ágil, no convencional como los satélites anteriores y una forma de trabajar distinta, con flexibilidad, como los proyectos que están creciendo en el mundo: satélites más chicos, en más cantidad y de armado rápido para poder ensayarlo”, explicó Vázquez.
En Tolhuin, con personal adicional llegado desde el centro espacial de Córdoba, un equipo de nueve especialistas monitoreará el funcionamiento de Atenea en turnos rotativos, durante unas 15 horas a partir del lanzamiento de la misión Artemis II.