Pese a todo, la esperanza de los familiares de los 44 miembros de la tripulación renació hace dos semanas con el inicio de la segunda fase del operativo que busca descifrar el enigma que los mantiene angustiados desde que el navío partió desde Ushuaia hacia su última misión.
Desde el 7 de septiembre pasado, cuando zarpó de Comodoro Rivadavia, el buque Seabed Constructor desechó diez indicios sobre la presencia del submarino. Uno resultó ser un pesquero ya identificado, dos eran “sombras” que parecían ser objetos para el sonar de barrido lateral del barco y las otras siete correspondían a formaciones geológicas del complejo lecho marino en el que se realiza la búsqueda.
Hasta el traspaso del mando de las operaciones a Ocean Infinity, la empresa contratada en agosto por el ministerio de Defensa, se habían verificado 80 contactos. Con la utilización de ROV (sigla en inglés de Vehículo Operado Remotamente) se comprobó que 74 eran accidentes geológicos, como formaciones rocosas, campos de corales o elevaciones del relieve submarino.
Hasta finales de marzo se habían hallado además cinco pesqueros, de los cuales se pudieron identificar al argentino Mar del Plata 01419, al arrastrero chino Lu Rong Yuan Yu 896, hundido por el guardacostas Prefecto Derbes en 2016, y el taiwanés Jih Shin Tsai, detectado también por el Seabed Constructor y que fue hundido por su capitán, en 2005, después de ser descubierto pescando en aguas argentinas. Los otros dos contactos resultaron una anomalía de un sonar y un medio tambor hallado el 24 de diciembre a 845 metros de profundidad.
En los primeros 30 días de búsqueda, donde se concentró el mayor esfuerzo, con 15 barcos y 4 aviones de la Armada, colaboración de Fuerza Aérea, Ejército y Prefectura y la ayuda internacional de 5 países con equipamiento, se habían realizado 27 contactos. Medio centenar más se logró hasta fines de marzo, cuando la marina de la Federación Rusa retiró al buque oceanográfico Yantar y al ROV que había aportado para el operativo.
Desde el 2 de abril, que las acciones quedaron exclusivamente a cargo del COAA sin colaboración externa, se sumaron 16 puntos de interés más que aún deben ser verificados por el Seabed Constructor. Como Ocean Infinity aún no reportó a la Armada la ubicación geográfica de sus diez contactos, no se puede determinar, salvo el caso del pesquero taiwanés, si son los mismos que ya habían sido desechados o los que la Armada le dejó para verificar en una carta náutica donde constan latitud, longitud y profundidad de cada indicio.
A partir del 17 de noviembre que se dispuso el caso SAR, el COAA determinó cuatro grandes áreas de búsqueda. Una siguiendo la ruta que debió haber realizado el ARA San Juan hacia su base en Mar del Plata, otra especial a la altura de Puerto Madryn, una denominada probable (donde se encontró casi la totalidad de los contactos desechados) y otra llamada Juliana, en la zona de los caladeros de pesca, en la que el submarino solía patrullar en busca de pesqueros ilegales.
El Seabed Constructor trabaja en cercanías del talud continental, a 318 millas náuticas de Comodoro Rivadavia, en un sector dividido inicialmente en cinco áreas (1, 2, 3A, 3B y 4). Según informó la Armada lo hace “sin limitaciones de búsqueda en cuanto a áreas”, por lo que el viernes, Ocean Infinity agregó una quinta, al norte y este del área 2, cuya ubicación cartográfica aún no había sido informada al COAA.
FUENTE: Clarin
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