Para reflexionar.. 

Día Mundial contra el Trabajo Infantil

Una jornada en donde se debe poner en la mesa de discusión un tema que preocupa a nuestra sociedad y que debe ser erradicado.

Las políticas que se impulsan desde los distintos gobiernos, deben sostener como prioridad, generar las condiciones óptimas para que el flagelo del trabajo infantil que se vive en todo el mundo y que la pandemia reforzó esta triste realidad, comience a ser erradicado en todas sus formas para que los menores no realicen este tipo de tareas.

Esta situación no solo pone en riesgo la seguridad de los menores, sino también que su salud y las precarias condiciones en donde realizan su tarea, atentan contra su bienestar físico, sin olvidar que las posibilidades de acceder a la educación se van alejando y con eso, su futuro dentro de la sociedad.

Datos que preocupan

Según datos difundidos por la ONU, 160 millones de niños están en situación de trabajo infantil, lo que representaba 1 de cada 10 niños en todo el mundo. Algunos de ellos con tan solo 5 años de edad.

Esto significa que el 10% de la población mundial de niños equivale a 150 millones de personas menores de edad que desarrollan actividades y tareas laborales. De este número, la mitad son niños que tienen entre 5 y 11 años, aunque esta cifra empezó a disminuir marcadamente sólo desde el inicio de este nuevo milenio.

Esto sucede en todo el mundo, en mayor medida en África, en Asia y en el Pacífico. Europa, Asia Central y las Américas parecerían encontrarse en una mejor posición en relación a esta materia.

Situación en Argentina

En nuestro país, el 5,37 % de los niños y adolescentes, o lo que es lo mismo, casi medio millón de personas menores de 16 años, realizan algún tipo de tareas o actividades laborales.

A través de distintos informes, se determinó que el trabajo infantil en Argentina se ha reducido del 6,4 % en 2004 al 2,2 % en 2012. Pero también hay que considerar que las actividades laborales en donde están implicados los menores de edad es sumamente volátil a las condiciones económicas y, por eso, no debemos sorprendernos que, con la crisis que implicó el COVID-19 en todos los sectores, el trabajo infantil haya trepado, a fines de 2021, a un alarmante número del 23% de los menores de edad, de acuerdo a un informe realizado de manera conjunta entre la OIT, UNICEF y el Ministerio de Trabajo de la Nación.

Según ese mismo informe, la mitad de esos niños, niñas y adolescentes empezó a trabajar a partir del período de Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) que comenzó el 20 de marzo de 2020. Esto se explica a partir del hecho de que la mayoría de ellos provienen de familias cuyos ingresos cayeron desde 2019 en adelante.

Predominio en sectores rurales

De acuerdo a informes de la OIT, el trabajo infantil predomina en nuestro país en una vasta serie de áreas y sectores. La mayor parte, un 60 %, se concentra en zonas rurales, donde los niños, niñas y adolescentes realizan tareas abocadas a la preparación de la tierra, la siembra y la cosecha, como así también al cuidado de animales y de cultivos y de llevar a cabo fumigaciones, acarreo de agua y acopio de leña.

En el ámbito doméstico, se menciona que menores de edad realizan tareas intensivas en el cuidado de la casa, de hermanos o de atención de algún otro familiar incapaz de valerse por sí mismo. Por último, en las zonas urbanas, se observa una situación que es tristemente cotidiana: niños y adolescentes que venden de manera ambulante en la vía pública, que piden limosnas o propinas o que buscan materiales reciclables en la calle.

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