La devaluación del 23% en el peso fue producto de un escenario económico forzado por el Gobierno en contra de las leyes económicas, según explica el economista Carlos Benito Aramayo en diálogo con este medio. Después de la caída de la fórmula encabezada por el presidente, Mauricio Macri, frente a Alberto Fernández en las elecciones primarias del domingo, el precio del dólar se disparó a casi $60 y el riesgo país superó los 1700 puntos.

Aramayo indica que este aumento repentino es producto de un dólar forzado con anterioridad al domingo: “Quisieron dar la sensación de que con un dólar a $42 estaba domado el tipo de cambio. Y forzaron la inflación llevándola al 2.5% o 2.7%”.

El economista explica que “hay leyes que son económicas y que no dependen de la voluntad política” y que si se impone "el escenario diciendo que tenías un dólar planchado y una inflación con tendencia a la baja lo que estabas haciendo es violar las leyes de la economía política que, ante un hecho de esta magnitud (las elecciones) desemboca el proceso y las leyes de la economía ubican las cosas en donde tienen que estar. Es lo que llamamos el tipo de cambio de equilibrio, que significa que el precio del dólar tiene que estar en función de la inflación”.

Economía analizado por economistas jujeños

Con respecto a la pregunta que tanto rebota en las cabezas de los argentinos ahora, Aramayo es claro:

“El tipo de cambio se va a estabilizar cuando logre el de punto equilibrio que, con la inflación actual estaría entre $70 y $75, a menos que la presión de los exportadores de carne, oleaginosas y granos llevaran a uno superior”. “El tipo de cambio se va a estabilizar cuando logre el de punto equilibrio que, con la inflación actual estaría entre $70 y $75, a menos que la presión de los exportadores de carne, oleaginosas y granos llevaran a uno superior”.

Aramayo explica que las medidas de política económica que se podrían tomar en la Argentina para solucionar esta situación en el largo plazo serían “evitar que el dólar sea la moneda de referencia” y “terminar con la especulación financiera”. Por un lado, esto significaría una prohibición de transacciones y referencias de la vida económica argentina en dólares, como lo es ahora. Por otro lado, se trataría de “establecer una política monetaria y fiscal seria desde el punto de vista de cómo se manejan las variables: una nacionalización de los depósitos: que el Banco Central sea el único autorizado a canalizar el volumen de los depósitos en función de crecimiento”. En este punto, Aramayo resalta que por la “bicicleta financiera se han fugado 72 mil millones de dólares”.

Finalmente, el economista indica que para el comercio exterior será determinante para acompañar este tipo de medidas, porque es lo único capaz de generar un saldo en la balanza comercial para pagar las deudas, sumada a una “política de control de comercio exterior que evite la fuga de capitales”, concluye.

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