El miércoles 15 de noviembre del 2017 a las 7 de la mañana los 44 tripulantes del submarino San Juan estaban “fatigados” después de haber soportado una tormenta con olas de hasta 6 metros en la superficie. Su comandante ordenó bajar a 40 metros de profundidad, yendo mar adentro, para intentar reparar una parte de las baterías y descansar.

El último mensaje cifrado del San Juan, enviado a la Central de Comunicaciones de Submarinos, indicaba que a esa hora “estaban a plano de periscopio”, es decir con ese mástil sobre la superficie del mar y “propulsado con circuito dividido”, porque habían desconectado las baterías de la proa de la nave por “cortocircuito y principio de incendio”. En ese mensaje, se reportó que iban rumbo a Mar del Plata y a 5 nudos de velocidad.

El comandante Pedro Fernández además informaba que “tenía intenciones de descansar porque el temporal los había castigado durante la navegación en superficie de la noche anterior” y que “luego irían a plano 40 para entrar al tanque de baterías n° 3 y evaluar daños”.

Los hechos

La explosión que provocó la tragedia se detectó a las 10.31 de ese 15 de noviembre. Por lo tanto, se presume que el San Juan explotó por el hidrógeno que liberaron las baterías afectadas por el agua de mar -que había entrado por el Snorkel- a 40 metros de profundidad y luego de los 300 metros se empezó a estrujar como una lata de aluminio por la presión del mar.

El Ministro de Defensa Aguad espera los resultados de una comisión investigadora que armó con tres altos oficiales retirados y prestigiosos, uno de ellos es el capitán de navío y padre de una de las víctimas, Jorge Bergallo.

FUENTE: Clarín
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