-Personas con inmunocompromiso, a partir de los 12 años, corresponde segundo refuerzo.
-Personas a partir de 18 años, corresponde segundo refuerzo.
El plan estratégico de inmunizaciones en la Argentina contra el coronavirus inició en diciembre de 2020 con la aplicación del esquema primario de 2 dosis. En base al Monitor Público de Vacunación, desde ese momento, ya se han aplicado 109.522.342 vacunas hasta la actualidad, de las cuales 40.986.416 fueron vacunadas con una dosis, 37.826.184 con dos, 24.728.153 con tres (dos de esquema inicial y una de refuerzo o dosis adicional) y 5.936.624 con el segundo refuerzo (dos dosis y dos refuerzos).
La mayoría de los infectólogos señalan que la baja percepción del peligro disminuye la velocidad de vacunación en todos los grupos poblacionales. Esta baja percepción se respalda en la baja circulación que hoy en día tiene el SARS-CoV-2 en su variante Ómicron BA.2, BA.4 y BA.5 que se registran en todo el territorio nacional.
Es que el último reporte brindado por el Ministerio de Salud de la Nación señaló que esta semana hubo un nuevo descenso en los casos de COVID, los cuales bajaron en más de un 27%. Por otro lado, los fallecimientos reflejaron un incremento del 68%, en comparación con el informe anterior, a raíz de, fundamentalmente, el retraso de cargas previas. De esta forma, entre el 18 y 25 de septiembre, se han detectado 42 muertes y 4482 contagios. Y así, el total de afectados desde el comienzo de la pandemia se posiciona en 9.708.420, mientras que los muertos son 129.897.
Siguiendo el reporte difundido por la cartera liderada por Carla Vizzotti semanalmente, se ha registrado una nueva baja de casos, que se posicionó en el 27,42% en relación al informe emitido la semana anterior. En ese momento, los contagios y fallecimientos registrados del 11 y el 18 de septiembre fueron de 6175 y 25 respectivamente.
A su vez, los decesos por COVID-19 mostraron un aumento, con el 68%. Paralelamente, el documento oficial indicó que, al día de hoy, hay 294 personas internadas en Unidades de Terapia Intensiva (14 menos que la semana pasada, cuando eran 308 los hospitalizados en estas condiciones), con un porcentaje de ocupación de camas, tanto en el sector público como en el privado y para todas las patologías, de 41,3% en el país.
“La baja en la vacunación de refuerzo a nivel general es baja debido a que las últimas dosis se dirigieron a las personas de riesgo. Las personas de riesgo y los que no están vacunados o no tienen al día los refuerzos, les conviene vacunarse porque pueden enfermarse gravemente por COVID”, le manifestó a colegas de Infobae la doctora Gabriela Piovano, infectóloga de Terapia Intensiva del Hospital Muñiz.
Las personas con inmunocompromiso, presentan un sistema inmunitario más débil, y por esta razón no generan anticuerpos con la misma fortaleza frente al ataque de los virus, si se los compara con la reacción de las personas con el sistema inmunitario sano. Este grupo abarca a los pacientes oncológicos en tratamiento con quimioterapia o radioterapia, los trasplantados, las personas VIH positivo o cursando tratamientos con corticoides crónicos y con enfermedades autoinmunes, entre otros.
El fin de las dosis adicionales es contribuir a una mejora en lo que tiene que ver con la respuesta del sistema inmune en las personas inmunocomprometidas. La mayor parte de los países han dispuesto esas dosis para los pacientes con este tipo de compromiso. Los expertos observaron desde el inicio de las campañas de vacunación que esos refuerzos eran necesarios para este grupo particular.
“Los refuerzos son necesarios, porque las vacunas que hoy existen, que son monovalentes y dan una protección muy corta en el tiempo. Hemos visto como mucha gente vacunada igual se enfermaba, aunque no en forma grave. Las vacunas bivalentes, de segunda generación van a servir como refuerzo para las variantes circulantes. El por qué de la gente que no se vacuna con refuerzos, me parece que ya no hay tanto miedo como al principio y quizás hay menos campañas para hacer que la gente se vacune con las dosis de refuerzo, que es algo muy importante recordar”, le detalló a colegas de Infobae la jefa de Medicina Interna del Hospital Alemán, Cristina Freuler.
“Las nuevas mutaciones de Ómicron están manteniendo la pandemia y es altamente probable que, en dos años esto esté circulando en forma habitual”, afirmó Ricardo Teijeiro (MN 58065), infectólogo del Hospital Pirovano. En esa línea, el especialista indicó que es necesario “tener en claro que, si bien estamos en pandemia y hay una gran circulación de este virus con gran contagiosidad, no tenemos una repercusión sanitaria y complicaciones”. Al tiempo que advirtió la importancia de que “la gente tenga un nivel más alto de vacunación”.
Importancia de las dosis de refuerzo
Respecto al tiempo de duración de la inmunidad adquirida con las vacunas frente a la COVID-19, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que todavía se está investigando sobre la intensidad y la duración de esa protección. Los infectólogos marcan que el cuerpo necesita reforzar la inmunidad contra el SARS-CoV-2 tras varios meses, en una ventana de 4 a 6 meses. Es por eso que resaltan la importancia de la aplicación de las dosis de refuerzo o terceras y cuartas dosis.
Desde que comenzó la pandemia, la gran mayoría de los estudios sobre inmunidad se focalizaron en los anticuerpos y no tanto en la actividad de las células del sistema inmune, puntualmente los linfocitos que componen una especie de ejército profesional listo para defendernos. Meses, incluso años después de que los anticuerpos hayan desaparecido de la sangre, los linfocitos de memoria pueden volver a activarse cuando aparece de nuevo el virus y encumbrar una nueva defensa, incluida la producción de nuevos anticuerpos.
Nuestro cuerpo reacciona frente a las vacunas defendiéndose de dos maneras posibles. Una de ella es la conocida como inmunidad humoral, y se trata de la generación de anticuerpos por parte de células linfocitos B, que se encargan de bloquear al virus antes de que genere la infección. De acuerdo a varios estudios científicos, la combinación de las vacunas estudiada brinda una mayor respuesta inmunitaria frente al virus, que se suma a la ya observada gracias a la generación de anticuerpos o inmunidad humoral.
La segunda es la inmunidad celular. Esta es otro tipo de respuesta del sistema inmune y se genera a raíz de la activación de linfocitos T, otro tipo de células que adquieren la capacidad de destruir las células ya infectadas. La producción de anticuerpos es el principal fin de una vacuna. Pero si añade también la respuesta de inmunidad celular, podrá reforzarse el sistema de defensas del organismo y mejorar así la protección frente al virus.
La importancia de la tercera dosis o dosis de refuerzo está en que la cantidad de anticuerpos neutralizantes del virus que ofrecen las vacunas desciende a medida que pasa el tiempo. A nivel mundial, las campañas de vacunación contra el COVID-19 a gran escala están contribuyendo a controlar la propagación del virus, pero incluso en los países con altas tasas de vacunación, pueden generarse infecciones puntuales. Por esta razón, los expertos estiman que se debe a una pérdida gradual de inmunidad con el tiempo.
El doctor Pablo Bonvehí (M.N. 62.648), jefe de infectología del CEMIC y miembro de la Comisión nacional de Inmunizaciones (CoNaIn) recordó la importancia de la aplicación de terceras y cuartas dosis. “Es importante la aplicación de una tercera dosis, para la población general, como una cuarta para los inmunocomprometidos o aquellos mayores de 50 años que fueron inmunizados con vacunas con virus inactivados o atenuados; como es el caso de Sinopharm. En la Argentina, las dosis de refuerzo se aprobaron para mayores de 18 años, en noviembre, a los 6 meses. Luego, en enero, de acortó a 4 meses. Y a finales de febrero se impulsó aplicar un booster, también a los 4 meses, a los adolescentes”, aseguró el especialista.
Sólo dos dosis de la vacuna ofrecen una protección limitada y de corta duración contra la infección con la variante Ómicron. Esto fue demostrado por un estudio dado a conocer en la revista de acceso abierto PLOS Medicine efecutado por la doctora Mie Agermose Gram en el Instituto Statens Serum de Copenhague, Dinamarca.
Siguiendo a la especialista, “los hallazgos indican que es necesaria una tercera dosis para mantener la protección contra la infección durante más tiempo y para garantizar un alto nivel de protección contra la hospitalización por COVID-19 con la variante Ómicron. La aparición continua de nuevas variantes y la disminución de la durabilidad de la vacuna requieren una evaluación continua de la eficacia de la vacuna contra la infección y la hospitalización para informar las futuras estrategias de vacunación”.
“A pesar de ser menos eficaz contra la infección por Ómicron que las variantes anteriores, una tercera dosis de la vacuna de ARN contra el COVID-19 ofrece una mejor protección contra la infección por Ómicron que dos dosis y protege bien contra la hospitalización por COVID-19″, añadió la experta.
En la Argentina, también se realizó otro trabajo que evaluó la efectividad de las dosis de refuerzo frente la exposición ante Ómicron. Fue liderado por especialistas del Conicet en colaboración con profesionales del PAMI y publicado en junio en la revista The Lancet Infectious Diseases. Analizó la respuesta inmune en un grupo de 124 voluntarios con un promedio de edad de 79 años.
El estudio en la Argentina demostró que una dosis de refuerzo heteróloga -es decir, que sea diferente a la que se recibió en el esquema primario- aumenta de manera muy significativa el nivel de anticuerpos contra el coronavirus en adultos mayores que habían recibido previamente dos dosis de Sinopharm. “Analizamos en función del tiempo tanto el nivel de anticuerpos específicos antes y después de los refuerzos, como la capacidad de dichos anticuerpos para impedir la infección del virus en experimentos de laboratorio”, explicó la doctora Andrea Gamarnik, quien fue una de las autoras del trabajo junto con Jorge Geffner.
En la investigación se definió el nivel de anticuerpos y la capacidad de los mismos para neutralizar a Ómicron y a la variante original de Wuhan (B.1) tras analizar muestras de sangre de los voluntarios a los 21, 100, 160 y 220 días después de aplicadas dos dosis de Sinopharm. En un segundo paso, los voluntarios se dividieron en tres grupos que recibieron una dosis de refuerzo diferente: AstraZeneca (basada en adenovirus), Sputnik V (vacuna basada en adenovirus) y Pfizer-BioNTech (vacuna basada en ARN mensajero). Se midió la cantidad de anticuerpos y su actividad neutralizante a los 21 y 90 días.
“La aplicación de una dosis heteróloga de refuerzo elevó los niveles de anticuerpos IgG más de 350 veces y la seropositividad, es decir la presencia de anticuerpos específicos, se detectó en el 100 por ciento de la cohorte, respuesta que se mantuvo 90 días después del refuerzo”, puntualizó Gamarnik.
A su vez, en cada grupo el refuerzo incrementó de forma notable la capacidad de los anticuerpos para neutralizar a la variante Ómicron. Luego del refuerzo, todos los participantes han mostrado inhibición de la infección contra la variante de Wuhan. Entre el 73 y 90 por ciento de los participantes se detectó protección contra la infección por la variante Ómicron.
En la Argentina, las dosis de refuerzo se pueden recibir cuatro meses después de haberse aplicado la segunda dosis. También está habilitada desde abril la segunda dosis de refuerzo. Como grupos prioritarios se incluyó al personal de salud independientemente de la edad, personas de 50 años o mayores, personas de 12 años o más con inmunocompromiso.
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