En los últimos días se conoció nueva información sobre el uso de ibuprofeno en pacientes infectados por SARS-CoV-2. “El ibuprofeno no daña, por el contrario, es un potente antiinflamatorio no esteroideo, que puede ayudar enormemente a la mejoría clínica y a evitar la progresión a ventilación mecánica en SARS-CoV-2”, aseguró Alexis Doreski, médico especialista en medicina interna, neumonólogo (MN 141740) e investigador clínico, quien destacó que “el estudio Liberate con ibuprofeno lipídico oral en 230 pacientes covid-19 positivos, realizado en el King´s College de Londres con fondos del NHS, propone con un tratamiento de bajo costo evitar la progresión de los pacientes hacia el respirador”.

Los trabajos de estudio e implementación en pacientes en la Argentina se están llevando adelante en la provincia de Córdoba con buenos resultados que alientan a seguir adelante.

“El ibuprofeno tiene propiedades antiangiogénicas”, señaló el especialista. En un estudio publicado en New England Journal of Medicine el 21 de mayo se observó en siete autopsias de pacientes fallecidos por covid-19 que la enfermedad genera angiogénesis intususceptiva. “Esto significa generación de un nuevo capilar sanguíneo a partir de un capilar existente”, precisó el investigador a este medio, y reforzó: “Existen estudios desde 2005 que afirman que el ibuprofeno tiene estas cualidades”.

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Doreski está a cargo del proyecto cordobés “Ibuprofeno inhalado” en Buenos Aires, un trabajo que prueba una formulación farmacéutica a base de ibuprofeno, inhalatoria y nebulizable, y que “está dando resultados muy positivos”.

El tratamiento experimental es algo completamente innovador. Su acción terapéutica es antiinflamatoria, bactericida así como viricida, y está destinada al potencial tratamiento de afecciones pulmonares, entre ellas el nuevo coronavirus causante de covid-19.

La idea surgió hace siete años, y es de Dante Beltramo, investigador principal de CONICET en CEPROCOR, quien modificó la molécula del ibuprofeno haciéndola 100% soluble en agua para administrarlo en nebulizaciones con el objetivo de tratar a pacientes con fibrosis quística, una enfermedad genética con altas tasas de mortalidad que afecta a niños y adolescentes.

Con la posibilidad de establecer protocolos de tratamientos compasivos ampliados, con el aval del gobierno cordobés, Beltramo empezó a investigar si era posible aplicar la molécula para esta nueva enfermedad.

“En ninguna publicación se demostró que genere daño, no hay evidencia científica que avale los dichos del ministro francés”, destacó Doreski, y amplió: “El coronavirus es una enfermedad inflamatoria; puede tratarse con paracetamol, que es un antipirético y analgésico y llegar a estadios de la enfermedad avanzados sin fiebre ni dolor, pero sin frenar el efecto inflamatorio. Estamos ante una enfermedad inflamatoria y no tiene lógica tratarla sin un antiinflamatorio”.

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Distinto a su versión habitual. Para este tratamiento, el fármaco no se puede administrar como una píldora porque tiene una composición química que se degradaría en el hígado, y la formulación intravenosa (IV) sólo la usan los hospitales.

“Durante 20 años y hasta hoy, fui testigo privilegiado de terapias innovadoras en medicina, algunas con resultados extraordinarios, donde los pacientes accedieron antes que otros a tratamientos de vanguardia muchas veces no disponibles en el país -relató Doreski-. Primero como coordinador de estudio, luego como subinvestigador y actualmente como investigador principal, que es el médico responsable por la investigación y último responsable por la seguridad de los participantes”.

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