En lo que va de este año han muerto al menos 12 niños de las comunidades wichi de Salta. Fallecieron por infecciones, deshidratación o desnutrición. Es que viven en condiciones sanitarias y ambientales deplorables, que son caldos de cultivo de tuberculosis, zika, dengue y otras infecciones. La falta de comida, agua potable y baños y el hacinamiento solo empeora en tiempos de cuarentena.

“Sabemos que hay virus, pero la preocupación nuestra es el agua”, le cuenta Nicodemo Tomás al diario Clarín. Él vive en la comunidad wichi de Collins, en Formosa, en una zona donde hay una planta potabilizadora que le da agua a tres comunidades, cada una de entre 50 y 100 familias. Esa agua, dice el hombre, va a durar solo unos días: “Esto viene desde enero y ahora nos dicen que el técnico no viene por la cuarentena. Protestamos frente a la subcomisaría y tampoco nos atendieron por la cuarentena. Ni una gota sale, nos estamos muriendo”.

En las comunidades originarias del norte de nuestro país las personas están expuestas a la muerte por muchas otras enfermedades, antes y además del coronavirus. Y ellos denuncian que la cuarentena los va a matar de sed.

La medida de aislamiento obligatorio decretada por el Gobierno nacional para contener la expansión del coronavirus es imposible de cumplir para las personas de estas comunidades, que viven en chozas de adobe o madera y en carpas y tolderías. Familias enteras comparten pequeños espacios sin baños, sin condiciones sanitarias esenciales a más de 50º. No tienen acceso a la información - mucho de ellos no hablan español -, ni a atención médica, ni siquiera al agua potable. Vive de la casa, la pesca y la recolección. Aislarse los pone en mayor peligro.

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Las comunidades wichi viven sin agua, comida ni condiciones ambientales y sanitarias básicas.

Las comunidades wichi viven sin agua, comida ni condiciones ambientales y sanitarias básicas. "No vamos a morir de coronavirus, vamos a morir de ser", denuncian. / Emmanuel Fernández, Clarín.

En la misma línea, en su relato al diario porteño, Rodolfo Franco, un médico que vive en la comunidad wichi de Salta Misión Chaqueña, a 50 kilómetros de la ciudad de Embarcación, cuenta que es el único para atender a seis mil habitantes, casi sin recursos y con dos enfermeros.

“Uno de nuestros mayores problemas es la tuberculosis. Estamos atravesando una situación trágica: el hospital de Embarcación, que se debería encargar de eso, no lo hace, porque dice que están esperando la llegada del coronavirus. Se preparan con barbijos y guantes, pero a los tuberculosos los mandan a la casa o les piden que consigan donantes de sangre. Acá eso es muy difícil. Primero, por un tema por cultural. Segundo, porque a la mayoría de la gente le picó la vinchuca alguna vez en su vida”, comenta.

En Misión Chaqueña el aislamiento es general para toda la comunidad wichi. “Tratamos de no ir a Embarcación, que es una ciudad grande. Si llega el virus, es porque viene de afuera. Ahora empezó a haber presencia policial en el monte, desde las 21 horas. A los que encuentran, se los llevan a pasar la noche en la comisaría, no sin algún abuso de autoridad. Es todo un tema, acá la gente se desplaza para cazar o pescar”, dice y agrega, que de llegar el coronavirus a la comunidad, donde el hospital tiene solo dos ambulancias y casi no hay medicamentos, la situación sería “un desastre”.

FUENTE: Clarín

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