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21 de septiembre de 2026 - 13:33
Policiales.

Triple crimen de Florencio Varela: a un año, cómo avanzó la investigación y qué reveló el caso

Los fiscales al frente de la causa reconstruyen el trabajo para esclarecer el triple crimen de Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez.

Redacción de TodoJujuy
Por  Redacción de TodoJujuy

A un año de aquel hecho, el triple crimen de Florencio Varela vuelve a ocupar el centro de la escena. Se trata de una investigación que, por sus características, representó un punto de inflexión en la historia del crimen organizado. Ahora, por primera vez, quienes estuvieron al frente de las pesquisas reconstruyen lo ocurrido.

Los fiscales Carlos Adrián Arribas, Claudio Fornaro y Diego Rulli, junto con Flavio Marino, responsable de la brigada policial que arribó primero al escenario donde se descubrió la tragedia.

Hasta entonces, términos como sicarios, asesinatos por encargo, cuerpos mutilados o ejecuciones concebidas como mensajes entre organizaciones criminales parecían remitir a realidades lejanas, asociadas principalmente con países como México, Colombia y Perú, o con las historias que suelen aparecer en las series de Netflix.

Hasta ese momento, Argentina aparecía principalmente vinculada al circuito de las drogas como territorio de tránsito, consumo y elaboración. El fenómeno del narcomenudeo ya era conocido y, aunque existían antecedentes de violencia asociada al narcotráfico y de asesinatos realizados por encargo, se trataba de episodios menos frecuentes.

Sin embargo, los homicidios de Brenda, Morena y Lara expusieron una modalidad diferente: detrás de los crímenes había una estructura organizada, una planificación anticipada, vínculos con el exterior y un nivel de violencia extrema empleado tanto para castigar como para enviar advertencias dentro del mundo criminal.

Doce meses después de los hechos, el avance de las pesquisas permitió reconstruir una parte sustancial de la secuencia. Hasta el momento, la causa cuenta con 17 personas detenidas, mientras que otras tres permanecen prófugas y son buscadas mediante pedidos de captura internacional.

Triple Crimen: los fiscales que reconstruyeron la trama

Los fiscales Carlos Adrián Arribas, Claudio Fornaro y Diego Rulli estuvieron a cargo de distintas instancias de la pesquisa. Su labor cotidiana se desarrolla en el partido de La Matanza, donde deben intervenir de manera permanente ante casos de muertes violentas, sin importar el horario y, en numerosas ocasiones, afrontando investigaciones con medios limitados en relación con el volumen de hechos que deben atender.

Oír a los investigadores permite dimensionar la enorme responsabilidad que implica llevar adelante una causa de semejante alcance: desde el primer momento debieron enfrentar el reclamo de familias desesperadas por obtener justicia y reconstruir la historia de tres jóvenes que, condicionadas por dificultades económicas, terminaron atrapadas en una trampa, sin alcanzar a comprender la dimensión del entramado delictivo con el que habían quedado relacionadas.

Los funcionarios trabajan como un grupo cohesionado y coordinado, donde las obligaciones personales quedan relegadas cuando un homicidio permanece sin esclarecer. Para ellos, no existen límites de horario ni compromisos que puedan colocarse por encima de la necesidad de encontrar respuestas frente a una muerte violenta.

“La Matanza tiene un índice de asesinatos muy elevado y nuestro trabajo es 24/7. Lo que nos da fuerzas para seguir es que tenemos uno de los niveles más altos de esclarecimiento de crímenes de la provincia de Buenos Aires”, señala Arribas, jefe de la fiscalía.

Las estadísticas permiten dimensionar con mayor claridad la magnitud del problema. Durante 2025, en La Matanza se iniciaron 138 investigaciones por homicidios dolosos consumados. De ese total, en 123 expedientes —equivalentes al 89,1%— ya se había identificado al menos a una persona como imputada o sindicada.

Estas cifras no atenúan la gravedad de la violencia ni representan un alivio para quienes perdieron a un ser querido. Sin embargo, permiten observar otra dimensión de la realidad: detrás de una cifra tan elevada de homicidios existe una tarea permanente destinada a esclarecer cada caso, determinar quiénes fueron los responsables y ponerlos a disposición de la Justicia.

En medio de ese trabajo cotidiano surgió un expediente que escapaba por completo de los patrones habituales y que terminaría convirtiéndose en un punto de inflexión en la trayectoria de los investigadores. Tres jóvenes habían desaparecido al mismo tiempo, mientras una camioneta circulaba con una patente apócrifa y varios vehículos se desplazaban de forma coordinada.

Después llegaron las señales que aumentaron el misterio: teléfonos que dejaban de emitir señal, una vivienda sospechosa en Florencio Varela y una organización que mantenía vínculos con Perú. Por detrás de esa secuencia comenzaba a tomar forma una hipótesis central: los asesinatos podían estar relacionados con una represalia vinculada al robo de un cargamento de drogas.

A medida que avanzaba la pesquisa, los elementos reunidos permitían advertir que el caso excedía el homicidio de tres mujeres: detrás de los hechos habría actuado una estructura organizada.

Junto con las figuras penales de homicidio agravado y privación ilegal de la libertad, los investigadores consideran especialmente relevante incorporar la calificación de femicidio. Según su interpretación, entre las víctimas y quienes las atacaron existía una marcada desigualdad de poder, circunstancia que habría sido aprovechada para colocarlas en una situación de mayor vulnerabilidad.

La diferencia no estaba dada únicamente por la edad, aunque Lara tenía tan solo 15 años. A ese factor se sumaban las carencias económicas y el contexto precario en el que transcurrían sus vidas, elementos que también resultaron determinantes.

Desde la perspectiva de los investigadores, las víctimas habrían sido seleccionadas y sometidas precisamente por encontrarse en esa situación de desventaja. Eran jóvenes, mujeres y especialmente vulnerables, mientras que del otro lado había una organización criminal con una capacidad de poder y control ampliamente superior.

Las 48 horas hasta la casa del horror

Por primera vez, Flavio Marino, titular de la DDI de La Matanza y encargado del equipo policial que arribó a la vivienda donde fueron asesinadas Brenda, Morena y Lara, también brinda su testimonio. La exposición pública no es un terreno en el que se mueva con comodidad: selecciona cuidadosamente lo que dice, presta atención a cada detalle y procura no generar un sufrimiento adicional para los familiares de las víctimas.

Al comenzar su relato, Marino repasa los pasos de la pesquisa como si reconstruyera nuevamente el recorrido que terminó conduciéndolo hasta aquella vivienda. Según explica, hubo un elemento que despertó su atención desde las primeras horas: la desaparición simultánea de tres jóvenes no era un hecho habitual.

En sus primeras horas, la causa se inició bajo la lógica de una búsqueda de personas desaparecidas, con la expectativa de encontrarlas con vida.

El análisis de las cámaras de seguridad permitió detectar una Chevrolet Tracker blanca en la que habían sido vistas las tres jóvenes. Pronto se descubrió que la patente colocada en el vehículo no pertenecía a esa camioneta. A partir de allí, la pesquisa incorporó el seguimiento de teléfonos y antenas, la recopilación de declaraciones y las tareas realizadas directamente en el territorio.

La última señal registrada por los celulares permitió acotar el área de búsqueda a aproximadamente 500 metros. Finalmente, fueron los propios vecinos quienes orientaron a los investigadores hacia una vivienda de Florencio Varela, conocida en la zona como una “casa de transas”.

Para ese momento, habían transcurrido cerca de dos días, unas 48 horas, desde que se había puesto en marcha la pesquisa.

Al ingresar los efectivos policiales a la vivienda, Brenda, Morena y Lara ya no se encontraban allí. Sin embargo, el lugar presentaba indicios inquietantes: había rastros de sangre en paredes y techo, mientras que determinadas zonas parecían haber sido lavadas recientemente con lavandina.

Los perros adiestrados que participaron del operativo tampoco marcaron la presencia de cuerpos en el interior. Nadie podía prever todavía que las tres jóvenes se encontraban sepultadas en el fondo del terreno, debajo de un tanque de agua. Por eso, el operativo continuó y la búsqueda no se detuvo.

“Están muertas y enterradas ahí”

Las primeras líneas firmes de la pesquisa condujeron hasta Celeste González, quien se convertiría en la primera persona en admitir su participación, y hasta su pareja, Miguel Villanueva, de nacionalidad peruana.

La madre de Celeste aportó información que resultaría relevante para la investigación: explicó que su hija le había dejado al cuidado a su nieto y le había comunicado que atravesaba un problema, por lo que necesitaba permanecer escondida. Además, recordó una referencia que en ese momento podía parecer secundaria, pero que después adquiriría una importancia central: Celeste había hablado de un hotel.

El seguimiento de la actividad de las antenas terminó llevando a los investigadores hasta el hotel alojamiento Cats. El establecimiento se encontraba prácticamente completo aquella noche, pero los efectivos desconocían en qué habitación podían encontrarse los sospechosos y tampoco contaban con una fotografía precisa que permitiera reconocerlos. Ante esa dificultad, varios agentes ingresaron de a dos, haciéndose pasar por clientes, alquilaron cuartos próximos entre sí y aguardaron atentos.

Los policías que simulaban ser parejas comenzaron entonces a prestar atención a los sonidos que llegaban desde las habitaciones contiguas. En determinado momento, desde la habitación 9C, Miguel Villanueva solicitó una bebida. El trabajador del hotel que se encargó de llevarle el pedido tuvo la oportunidad de observarlo y, posteriormente, confirmó que su apariencia coincidía con la descripción del hombre que los investigadores estaban buscando.

Finalmente, los efectivos irrumpieron en el establecimiento y arrestaron a Celeste González y Miguel Villanueva. En ese momento, la investigación todavía estaba orientada a encontrar a Brenda, Morena y Lara con vida. Celeste se encontraba completamente paralizada por el miedo y apenas se animaba a hablar mientras permanecía junto a Villanueva. Por eso, Marino tomó la decisión de separarla de su pareja. Le explicó que los policías ya habían registrado la vivienda y que las jóvenes no se encontraban allí. Fue entonces cuando Celeste rompió el silencio y reveló:

“Sí, pero están muertas y enterradas allí”. Un año después, Marino todavía recuerda aquella revelación con evidente emoción. Al reconstruir ese momento, admite: “Hasta ese momento todos las buscábamos vivas. No esperábamos que estuvieran enterradas ahí”.

Triple Crimen de Florencio Varela: matar para disciplinar

De acuerdo con la reconstrucción realizada por los investigadores, Brenda, Morena y Lara habrían sido trasladadas bajo engaño, sin conocer inicialmente el verdadero destino al que se dirigían. En el transcurso del recorrido, habrían comprendido que se encontraban frente a una situación de la que ya no podían escapar.

Marino sostiene que las tres jóvenes arribaron a la vivienda contra su voluntad y bajo amenazas con armas, luego de haber sido privadas de su libertad.

Una vez dentro de la vivienda, comenzó el interrogatorio. El objetivo principal era determinar quién había sustraído la droga y, especialmente, establecer si existía otra persona detrás de aquella operación. A pesar del avance de la causa, todavía persisten interrogantes sin respuesta. Los propios investigadores admiten que no lograron establecer con certeza quién terminó quedándose con el cargamento ni si el robo había sido planificado o encargado por alguien más.

En cambio, sí pudieron reconstruir parte de la secuencia de violencia. Las tres jóvenes no fueron asesinadas de manera simultánea y cada una habría presenciado el ataque contra las demás. La escena presentaba indicios de una agresión prolongada, con golpes, utilización de armas blancas y señales compatibles con intentos de defensa.

La pesquisa también apunta a que una parte de los hechos habría sido transmitida en tiempo real a alrededor de diez teléfonos simultáneamente, mediante la aplicación Zangi, una plataforma que tendría un uso frecuente entre sicarios en Perú. Según esta hipótesis, desde el otro lado de las comunicaciones habría miembros de la organización criminal observando lo que sucedía dentro de la vivienda.

Para los investigadores, el objetivo de los agresores no se habría limitado a provocar la muerte de las jóvenes. La violencia habría tenido además una finalidad concreta: aplicar un castigo y transmitir una advertencia al resto de la organización.

De allí surge uno de los conceptos que atraviesa el análisis de la causa: el narcofemicidio. Se trata de una expresión de violencia registrada en distintos países que durante años han sufrido el accionar de organizaciones criminales de gran escala, aunque hasta ese momento no se había presentado en Argentina con características similares.

La antropóloga Rita Segato investigó la manera en que, dentro de ciertos entramados delictivos, la violencia extrema contra el cuerpo de una mujer puede adquirir una dimensión que excede a la propia víctima. En esos contextos, el cuerpo femenino puede convertirse en el soporte sobre el que se exhibe una demostración de poder y se transmite un mensaje destinado a disciplinar o advertir a otros integrantes del grupo.

Bajo ese enfoque, el caso de Brenda, Morena y Lara no puede entenderse únicamente como el homicidio de tres mujeres. La manera en que fueron asesinadas también habría cumplido una función dentro del mensaje que buscaban transmitir.

“Nunca vi algo así”

Con 28 años de trayectoria dentro de la Policía Bonaerense, Marino asegura que jamás había tenido que enfrentarse a una investigación con características similares. La complejidad del expediente lo llevó a incorporar nuevas herramientas a su experiencia habitual: confrontar registros de cámaras de seguridad, información de antenas y celulares, declaraciones de testigos, datos de vehículos, movimientos migratorios y las conexiones entre los distintos integrantes de la organización.

Aquello que inicialmente había comenzado como una búsqueda urgente para encontrar a tres jóvenes desaparecidas terminó revelando un escenario mucho más amplio: una estructura vinculada al narcotráfico, con contactos internacionales, una logística propia y un nivel de violencia que incluso impactó a investigadores habituados a trabajar diariamente con casos de homicidio.

A doce meses de los hechos, el expediente registra 17 personas detenidas y otras tres que continúan prófugas, con órdenes de captura de alcance internacional. Según sostiene Marino, la estructura criminal que llevó adelante los asesinatos ya fue desmantelada. Sin embargo, el proceso judicial permanece abierto y aún quedan aspectos de la investigación por resolver.

Las chicas pueden descansar en paz

Desde la perspectiva de quienes estuvieron al frente de la pesquisa, Brenda, Morena y Lara finalmente pueden descansar en paz, después de que la investigación lograra avanzar sobre los responsables del crimen.

En cuestión de pocos días, una causa que se había iniciado a partir de la denuncia por la desaparición de las tres jóvenes permitió localizar la vivienda a la que habían sido trasladadas y concretar las primeras detenciones. A partir de entonces, el expediente se extendió durante meses y requirió analizar comunicaciones telefónicas, examinar registros de cámaras, recopilar declaraciones y avanzar con nuevas órdenes de detención.

Aún permanecen tres integrantes de la organización narco prófugos, sobre quienes pesan órdenes de captura internacional y que, según la investigación, ocupaban posiciones jerárquicas dentro de la estructura criminal. La causa se inició en el ámbito de la Justicia de La Matanza, pero posteriormente fue derivada al fuero federal, luego de que las pesquisas permitieran detectar la trama vinculada al narcotráfico que rodeaba a los asesinatos.

Para las familias de las víctimas, ninguna investigación ni avance judicial puede revertir la tragedia ni reparar la pérdida. Sin embargo, conocer que los responsables detenidos permanecen privados de su libertad representa una forma de alivio. Un año después, gran parte de los interrogantes que rodeaban aquella primera noche ya encontraron respuesta: se pudo reconstruir cómo las jóvenes llegaron hasta aquella vivienda y qué ocurrió, en buena medida, dentro de sus paredes.

También se logró establecer qué personas habrían intervenido en los hechos y cuáles continúan siendo buscadas por la Justicia. Pero, sobre todo, la investigación permitió avanzar sobre uno de los principales interrogantes del caso: determinar cuál habría sido el motivo detrás de los asesinatos.

Ahora queda planteado un interrogante que trasciende los límites de esta causa y abre una discusión más amplia: si los crímenes de Brenda, Morena y Lara representaron el punto máximo de esta modalidad de violencia vinculada al narcotráfico en la Argentina o si, por el contrario, constituyeron el comienzo de una nueva etapa.

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