Opinión. 

El idealismo realista de la política exterior de Fernández

Por Stella Juste - Doctora en Relaciones Internacionales de la UE-CISOR CONICET
Por  Dra. Stella Juste

A más de un año de asumir, la política exterior del presidente Alberto Fernández enfrentó un desafío desconocido e inesperado como es la pandemia del coronavirus. La gestión de los impactos del COVID19 podrían haber eclipsado fácilmente el accionar internacional de Argentina de no ser por las turbulencias que atravesaron al sistema internacional, paralelamente al avance del virus.

A días de haber inaugurado un nuevo periodo de Sesiones Ordinarias del Congreso Nacional, el discurso del presidente Fernández resaltó algunos tópicos y dejó pasar otros. En esa oportunidad, hizo una breve mención sobre la política exterior en su primer año de gestión: “Dejamos atrás la política de sumisión y fotos. Consolidamos un idealismo realista y un pragmatismo que no olvida los valores. Buscamos resultados que se noten en la vida cotidiana”. A primera vista, hablar de “realismo idealista” parece una contradicción bastante obvia, puesto que son dos posturas que se contraponen. Y es que el presidente argentino busca un pragmatismo difícil de conseguir en las relaciones internacionales.

El idealismo realista al que el presidente se refiere es la necesidad de mantener una política exterior pragmática de cara al escenario actual y, al mismo tiempo, sostener los principios político-ideológicos que guían su gobierno desde que asumiera a fines de 2019. Pero, ¿cómo se ha dado esto en la praxis?

El balance entre Estados Unidos y China

A pesar de los errores tejidos desde el Ministerio de Relaciones Exteriores que encabeza Felipe Solá, Argentina sostiene una relación de acercamiento estratégico entre ambas potencias, sin tomar una postura política definida. Un gris con ventajas. En este panorama, la administración de Joe Biden necesita un aliado en la región y ese, claro está, no será el Brasil de Jair Bolsonaro, identificado con la conducción de Donald Trump.

Del otro lado está China, primer socio comercial de la Argentina y con quien tenemos, desde 2014, un Acuerdo de Relaciones Estratégicas Integrales (el máximo grado de acuerdo político para el régimen de Xi Jingping). En los meses venideros, Fernández firmará el ingreso del país a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative - BRI), para lo cual deberá conducirse con precisión milimétrica para evitar generar asperezas con Estados Unidos. Paralelamente, la asignatura pendiente está en mantener la captación de inversiones para proyectos que aporten al desarrollo, al mismo tiempo que se mejoren los términos de intercambio comercial que posibiliten la exportación de productos con valor agregado.

El liderazgo regional

El objetivo más preocupante de la agenda regional argentina que, claro está, busca retornar al integracionismo regional aunando las voces al interior sudamericano. Esto se dificulta con la compleja relación con Brasil y la verborragia de su presidente. Ante este panorama, Alberto Fernández ha salido a buscar socios como México, aunque el timing no lo favoreció, y la visita oficial se vio desdibujada por el vacunagate argentino.

El acuerdo con el país que conduce Andrés Manuel López Obrador para producir la vacuna de AstraZeneca es un mérito regional de ambas administraciones. Así también, el rol de Fernández en las elecciones presidenciales de Bolivia, marcan una impronta de liderazgo que le ha valido una postulación al premio Nobel de la Paz. Los días siguientes van a ser un termómetro para las posibilidades de liderazgo en la región con la anunciada visita del presidente Bolsonaro a Buenos Aires, con motivo de la cumbre por los 30 años del MERCOSUR.

Los desafíos pendientes

A los aciertos alcanzados también se suman algunas vacilaciones que pueden tener un costo elevado. Entre ellas se destaca el papel de la Cancillería y sus funcionarios. Todos recuerdan, por ejemplo, aquel episodio de diálogos inexistentes entre el presidente argentino y su par estadounidense, que luego fueron rectificados por ambas partes. La postura frente a Venezuela es otro tema incómodo. Argentina fue el único país de la región que se negó a firmar el repudio a la expulsión de la embajadora de la Unión Europea en Venezuela. El apoyo al régimen de Maduro puede pesar regional y extra-regionalmente en el futuro de Argentina.

Después de más de un año de iniciada la gestión de Alberto Fernández es bueno recordar que la política doméstica y la política exterior son dos caras de la misma moneda. Y que las acciones que el Estado argentino emprenda -o no- tienen repercusiones internas. En un mundo interdependiente e incierto, el idealismo realista de Alberto Fernández está en encontrar el “justo medio” aristotélico que nos permita aprovechar las oportunidades del contexto.

Por Stella Juste - Doctora en Relaciones Internacionales de la UE-CISOR CONICET

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