Las particulares circunstancias que rodean a estas nuevas elecciones presidenciales hacen que los argentinos nos veamos frente a un acontecimiento histórico para nuestra democracia. Por primera vez en la historia argentina hoy estrenaremos el balotaje presidencial.
La República Argentina tenía una larga tradición de elección de sus primeros mandatarios en forma indirecta. En efecto, nuestros primeros órganos legislativos fueron los encargados de elegir qué ciudadanos estarían al frente del Poder Ejecutivo del Estado Nacional.
Así, a la Soberana Asamblea General Constituyente del Año XIII (1813-1815) y al Soberano Congreso General Constituyente de Tucumán (1816-1820) les cupo designar a los Directores Supremos de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Con posterioridad, el 6 de Febrero 1826, y en el marco del estallido de la guerra con el Imperio del Brasil, el Congreso General de la República Argentina se vio obligado a sancionar una Ley de Presidencia, a fin de concentrar el poder.
La Constitución de 1853 introdujo una novedad: la implantación del Colegio Electoral para las elecciones presidenciales. Se trataba de un mecanismo importado de la Constitución de Estados Unidos, que en este punto y en otros más había servido de guía y referencia para la nuestra. El pueblo seguía sin elegir directamente a sus presidentes; y debía optar por "electores", quienes conformaban el Colegio Electoral que elegiría al primer mandatario. En esa época no se confiaba en el voto popular para elegir directamente al Presidente.
Este mecanismo significó quitarles poder a los órganos legislativos que perdieron la atribución de elegir a los magistrados.
¿Cuándo se estableció por primera vez y cuáles son sus antecedentes?
El emperador francés Napoleón III (1808-1873) fue el inventor del sistema del ballotage para elegir presidente.
En 1972, el presidente de facto, general Alejandro Agustín Lanusse, mediante decreto-ley Nº 19.802, enmendó la Constitución de 1853: restableció la elección directa para presidente y vicepresidente, introdujo la elección de un tercer senador nacional para la minoría en cada provincia y, finalmente, para la elección de presidente, gobernadores y senadores nacionales, estableció un régimen de doble vuelta electoral.
Así arribaba el "ballottage" francés a nuestras costas, por primera vez. Sin embargo, este ballotage criollo tenía algunas particularidades: exigía el 51 % de votos válidos para ganar la elección presidencial, senatorial o una gobernación. Caso contrario, se llamaba a una segunda vuelta electoral.
Este régimen electoral se estrenó en las elecciones del 11 de Marzo de 1973. Participaron, entre otras, el Frente Justicialista de Liberación –FREJULI- (Héctor J. Cámpora - Vicente Solano Lima); la Unión Cívica Radical –UCR- (Ricardo Balbín - Eduardo Gamond) y la Alianza Popular Federalista –APF- (Francisco Manrique - Rafael Martínez Raymonda).
En la primera vuelta electoral, el FREJULI obtuvo el 49,56 % de los votos; la UCR, el 21,29 %; y APF, el 14,90 %. Formalmente, hubiera correspondido una segunda vuelta entre el FREJULI y la UCR; sin embargo, Ricardo Balbín desistió de ir al ballotage, ante la abrumadora mayoría de sufragios obtenida por Héctor Cámpora, por lo que éste se convirtió automáticamente en el nuevo presidente electo.
Sin embargo, el ballotage sí se utilizó, en esa oportunidad, para definir mayorías y minorías en diversas elecciones para el Senado Nacional en 14 distritos y para elegir a 12 gobernadores.
Con el retorno a la vida democrática, a partir de 1983, se volvió a implantar el sistema electoral consagrado en la vieja Constitución de 1853. Era el renacer del legendario Colegio Electoral argentino. Así, las elecciones que consagraron a Raúl Ricardo Alfonsín (1983) y a Carlos Saúl Menem (1989) se realizaron con el sistema indirecto, sin ballotage.
En 1994, Pacto de Olivos mediante, tuvo lugar una nueva reforma constitucional a nuestra Carta Magna. En ella se eliminó el Colegio Electoral y el sistema indirecto de elección de presidente, vice y senadores nacionales.
Se implantó, en forma definitiva, el mecanismo electoral directo para todos los cargos ejecutivos y legislativos; y se le otorgó rango constitucional al sistema de doble vuelta electoral o "ballotage".
Sin embargo, el mecanismo constitucional albiceleste introduce una serie de innovaciones que lo convierten en una rareza en todo el mundo. Los arts. 97 y 98 de la Constitución prevén la realización de un ballotage en dos situaciones: cuando ninguno de los candidatos se alza con el 45 % de los votos en primera vuelta; o si ninguno supera el 40 por ciento con una diferencia de más del 10 por ciento respecto al que le sigue en número de sufragios. Todo un rebuscado mecanismo en vez de aplicar el sencillo sistema inventado por Napoleón III.
Siguiendo el precedente sentado por la Constitución Nacional reformada, varios distritos fueron eliminando el sistema electoral indirecto y algunos adoptaron el mecanismo de doble vuelta puro o "ballottage" francés.
La Constitución de 1994 rigió las elecciones que tuvieron lugar desde entonces: 1995, 1999, 2003, 2007 y 2011.
De todos esos comicios, el único que arrojó un claro escenario de ballotage fue el del 27 de Abril de 2003, cuando la Alianza Frente por la Lealtad (Carlos Menem - Juan Carlos Romero) obtuvo el 24,45 % y la Alianza Frente para la Victoria (Néstor Kirchner - Daniel Scioli) logró el 22,24 por ciento. Hubiera correspondido celebrar una segunda vuelta el 18 de Mayo de 2003. Sin embargo Carlos Menem desistió de presentarse, por lo que Néstor Kirchner fue proclamado presidente.
En todas las demás elecciones, los mandatarios electos; Carlos Saúl Menem (1995), Fernando de la Rúa (1999) y Cristina Fernández de Kirchner (2007 y 2011); obtuvieron más del 45 % de los votos en primera vuelta, por lo cual no hizo falta una segunda.
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