Opinión.. 

¿Educás o malcrías? Acá van algunos tips

Por la Lic. en Psicología Berenice Ruesjas.

Por  Lic. Berenice Ruesjas

Si pensáramos en un cuadrante estos serían los opuestos, educar vs malcriar, y en los otros extremos estaría la exigencia vs tolerancia. Y cuando miramos este panorama pensamos que nadie nos dice que ocupar el rol de Padres es tarea fácil, pero seguramente has escuchado muchas veces a tus propios padres o algunas personas del entorno cercano decirlo. Y así es, pero tampoco es algo imposible, en algunas ocasiones requiere de un gran esfuerzo y en otras ese esfuerzo es mínimo.

Ahora, para entrar en tema nos imaginemos diferentes situaciones que puedan representar la función de cada ítem del cuadrante.

Un niño es educado desde el hogar o familia a la que llega, allí vive sus primeras experiencias sociales, y sus padres o tutores le enseñan lo que está bien y lo que no, le trasmiten valores como el respeto y la responsabilidad, y transfieren costumbres características de ese grupo. Entonces ese niño cuando ingresa al espacio de la escuela, se demuestra tranquilo, se adapta, se relaciona con sus pares y adultos, respetando a la autoridad y aprendiendo a funcionar en este nuevo ámbito social, donde lo que se transmite es diferente y las experiencias también. Lo que significa que no todo es color de rosa, porque atravesará situaciones difíciles, pero si la base es firme se podrá adaptar y resolver.

En el otro extremo tendríamos a un niño que no le gusta ese espacio, porque encuentra las primeras limitaciones y debe acotar un orden y respetar lo que allí se hace, aunque no sea de su agrado. En estos casos suelen confrontar con la autoridad, pelear con sus compañeros. ¿Y por qué pasa esto? Porque en el hogar donde debería haber aprendido algunas normas, fueron muy permisivos y quizás las costumbres muy diferentes.

Viendo esto, deberíamos darnos cuenta cuán importante es el “rol de educador” desde el primer momento en que un niño llega al seno de una familia. Todavía escucho a muchos decir o pensar… “Cuando mi hijo asista al jardín o cuando vaya a la escuela, va a aprender a portarse bien, los docentes les van a enseñar, lo van a corregir”. Debo confesar que eso preocupa mucho. Por eso veo necesario transmitir urgente la noción de que en el hogar es donde se empieza a formar una persona para que luego funcione socialmente, pero también hay una vuelta desde ese mundo al hogar para corroborar lo aprendido y corregir lo que no funciona, pero no desde afuera, ¡desde adentro siempre!

Tomemos otros ejemplos, si en mi hogar estoy acostumbrado a hacer bromas, pero de esas donde burlarse de la imagen y aspecto del otro es algo cotidiano y común, ¿Qué esperamos que suceda cuando un hijo va a la escuela? Se habla tanto del Bullying, de esas conductas de acoso escolar que desarrollan algunos niños o adolescentes. Pero alguien se puso a pensar ¿Dónde nacen esas conductas? Si el darnos golpes, empujarnos, se convierte en una costumbre, en un juego cotidiano de mi casa, ¿creen que cambiará en la escuela? Nada de esto se modificará porque en dónde lo aprendí es mi lugar de referencia, entonces ¿por qué estaría mal si lo hago en otros espacios?

Visualizando todo esto, es cuando entran en juego las otras partes del cuadrante. Lo veremos cuando un hijo se desempeñe en otro espacio, y vuelva al hogar a reafirmar o a afianzar lo aprendido. Si somo educadores que transmitimos conocimientos, valores y costumbres, pero desde un rol muy exigente, no crean que el resultado será favorable. Al contrario, esas personitas ya encontraron un nuevo espacio que les demuestra lo opuesto, y hace tambalear su seguridad y confianza.

Por ejemplo; un niño educado, responsable que completa la tarea y dedica mucho tiempo a su estudio, cuando llega la nota al hogar, en vez de ser alentado es reprendido porque esa nota es baja y la apreciación, es que debería esforzarse más.

¿A dónde nos lleva esa exigencia? A debilitar su autoestima, a desarrollar niños que parecen muy inteligentes, pero no desde lo emocional, sino desde el valor de lo efímero que es una nota. Si no queremos que nuestros hijos se conviertan en adultos con muy baja tolerancia a la frustración, personas autoexigentes que no disfrutarán de nada de su vida social, evitemos emplear la exigencia, sepamos que los límites son suficientes.

Para terminar y no aburrirlos, nos falta la famosa Tolerancia. Acá entra en juego el ejercicio de autorreflexión, de mirarnos para saber como educadores hacia dónde apuntamos. Enseñar a un hijo es tarea difícil porque se pone en juego la propia frustración, pero reconociendo que ellos no han venido a este mundo a resolver lo que nosotros no hemos logrado, ya tenemos un comienzo.

Sabiendo todo esto, seguiremos pensando que la ¿Escuela es la que se encarga de educar y formar? O más bien, se trata de un trabajo de equipo donde la base, las enseñanzas primordiales parten del seno del hogar, ¿de la familia que he decidido conformar y sostener? Eduquemos con tolerancia, sin exigencia y por supuesto evitemos dar todo, conceder caprichos y dejar que los hijos hagan lo que ellos quieren… y seguramente así los resultados serán mejores

Berenice Ruesjas
Lic. en Psicología MP 330

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