Cuando la pasta sobra tras cocinar más de lo necesario, muchos optan por recalentarla al día siguiente, ya sea para llevar viandas al trabajo, dejar platos listos o simplemente por calcular mal las cantidades. Este hábito de conservar la pasta en la heladera y luego recalentarla en microondas es común, aunque persiste la creencia de que pierde nutrientes o sabor.
En este contexto, especialistas en nutrición analizaron si esta práctica produce consecuencias beneficiosas o perjudiciales, así como también qué repercusiones puede generar en el organismo. De hecho, distintas investigaciones impulsaron la adopción de un hábito poco habitual que, sin embargo, podría aportar mejoras para el bienestar integral.
Los expertos aconsejan cocinar la pasta al dente, refrigerarla hasta 24 horas y recalentarla completamente para optimizar la formación de almidón resistente.
¿La comida recalentada es mejor que la recién cocinada?
El fenómeno, popularizado en redes como la “pasta del día anterior”, despertó curiosidad, aunque lo que sucede al prepararla trasciende lo meramente culinario. Cuando este alimento se cocina, se enfría y posteriormente se vuelve a calentar, tiene lugar un cambio químico que la ciencia identifica como la generación de almidón resistente.
El mecanismo comienza durante la cocción: los hidratos de carbono se gelatinizan y se vuelven de digestión sencilla. No obstante, al refrigerar los fideos —preferentemente por 24 horas o más—, una porción de esos almidones modifica su estructura y pasa a convertirse en lo que se conoce como almidón resistente, tal como detallan especialistas en nutrición del Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio.
El llamado almidón resistente se denomina así porque el organismo no logra degradarlo por completo durante el proceso digestivo. Como consecuencia, una ración de pasta que fue enfriada y luego calentada vuelve a presentar características nutricionales distintas respecto de cuando se consume recién preparada.
La pasta recalentada aporta menos calorías y actúa como prebiótico, beneficiando la salud intestinal.
Según explicó la dietista Ashley Kitchens, este tipo de hidrato de carbono “no se descompone fácilmente”, lo que reduce la cantidad de glucosa que pasa al flujo sanguíneo. A su vez, cumple una función comparable a la de la fibra, ya que nutre a las bacterias intestinales beneficiosas en lugar de transformarse con rapidez en azúcares.
Esto ocurre debido a que el almidón resistente aporta cerca de un 50% menos de calorías por gramo en comparación con el almidón tradicional. Como no se digiere con facilidad, una fracción de la pasta llega intacta al intestino grueso, donde sirve de alimento para microorganismos beneficiosos en lugar de transformarse velozmente en glucosa.
En consecuencia, ingerir fideos recalentados puede provocar una respuesta glucémica más baja después de las comidas. Este aspecto cobra especial importancia en personas que necesitan mantener estables sus niveles de azúcar en sangre, como quienes viven con diabetes. Además de favorecer el control de la glucemia, este cambio en los carbohidratos también podría mejorar la salud digestiva gracias al efecto prebiótico del almidón resistente.
Los expertos aconsejan no tomar esta práctica como la solución definitiva.
Limitaciones, advertencias y recomendaciones de los expertos
Si bien volver a calentar la pasta podría aportar algunos beneficios a nivel metabólico, los expertos señalan que esta práctica no funciona como una respuesta definitiva para regular la glucemia. Lauri Wright, docente asociada de la Facultad de Salud Pública de la Universidad del Sur de Florida, remarca que la reacción no es igual en todos los organismos y que no debe interpretarse como una fórmula infalible.
Aunque el efecto sobre los niveles de azúcar puede atenuarse o experimentar pequeñas variaciones, esto no transforma a este alimento en una opción “sin impacto” en términos glucémicos. En personas con diabetes, este tipo de carbohidrato puede contribuir a moderar los picos, pero también influir en la rapidez con la que la glucosa se incorpora a la sangre, lo que podría incidir en el momento oportuno para la aplicación de insulina.
Las sobras de pasta y otros alimentos cocidos pueden conservarse seguros en la heladera por un máximo de cuatro días.
Los especialistas remarcan que la cantidad consumida continúa siendo un aspecto clave. Ashley Kitchens advierte que únicamente una fracción del almidón presente en la pasta adquiere características resistentes, por lo que ingerir porciones excesivas podría neutralizar los eventuales efectos positivos de este procedimiento.
En este sentido, volver a calentar este alimento debería considerarse como un recurso complementario y no como una respuesta definitiva. Sostener una alimentación balanceada, sumar fibra a la dieta y moderar las raciones siguen siendo pilares esenciales para una adecuada regulación metabólica.
En esa línea, los profesionales en nutrición sugieren preparar los fideos al dente, evitando una cocción excesiva que los deje demasiado tiernos. Posteriormente, recomiendan guardarlos en la heladera dentro de un recipiente bajo durante un período de entre 12 y 24 horas, con el objetivo de estimular la generación de almidón resistente.
El secreto de recalentar la pasta.
Al momento de ingerirlos, lo ideal es calentarlos por completo, ya que este procedimiento contribuye a que parte de esos carbohidratos se modifique y ayude a lograr una respuesta glucémica más uniforme. De todos modos, los expertos aclaran que el impacto metabólico de esta práctica es limitado y que no reemplaza conductas fundamentales como organizar correctamente la ingesta diaria o sumar fibra a la alimentación cotidiana.
Cuánto tiempo se puede guardar la comida en la heladera
Conservar restos de comida en la heladera es una costumbre habitual, aunque la duración segura de almacenamiento tiene un límite. De acuerdo con las pautas de la Mayo Clinic, los platos ya cocidos pueden mantenerse refrigerados por tres a cuatro días, tiempo tras el cual se incrementa el riesgo de sufrir intoxicaciones alimentarias.
Algunas costumbres cotidianas pueden sorprender incluso a quienes creen conocer todos los detalles.
Más allá de que no se detecten alteraciones en el olor, el color o el sabor, a partir de ese período las bacterias pueden multiplicarse, lo que hace difícil determinar si el alimento sigue siendo apto para el consumo. Por esa razón, se aconseja desechar cualquier comida que haya permanecido en la heladera más de cuatro días. Si no se piensa consumir las sobras dentro de ese plazo, lo más prudente es congelarlas de forma inmediata.
Si bien los alimentos guardados en el congelador pueden mantenerse durante períodos prolongados, su sabor y calidad se conservan mejor durante los primeros tres o cuatro meses. Respetar estos tiempos contribuye a minimizar el riesgo de enfermedades de origen alimentario, siguiendo las recomendaciones de los organismos de salud.