La relación entre el intestino y el cerebro ha dejado de ser una simple curiosidad para convertirse en un foco central de estudio en la medicina a nivel global. Este eje funcional vincula los sistemas digestivo y nervioso, influyendo no solo en la digestión, sino también en el estado emocional de las personas.
Esta conexión tiene un impacto significativo en la salud física y mental a lo largo de toda la vida, tanto en situaciones cotidianas como bajo estrés. Según un estudio del Instituto Danone México, este sistema permite que las variaciones en las emociones se traduzcan en respuestas corporales dentro del aparato digestivo.
La conexión entre intestino y cerebro influye en el estado de ánimo y la salud mental.
El intestino y el cerebro: un vínculo que impacta cuerpo y mente
La doctora Alejandra Romero, representante del Instituto Danone México, una organización científica interdisciplinaria sin fines de lucro que reúne a especialistas de la comunidad académica y mantiene vínculos con hospitales y universidades, señaló que este eje actúa como una red compleja en la que interactúan el sistema nervioso, el sistema inmunológico, distintas hormonas y, de manera fundamental, la microbiota intestinal.
Según una revisión publicada en 2019 en la revista Neuron, el eje intestino-cerebro se sostiene gracias a una comunicación intricada, donde la microbiota produce metabolitos que impactan directamente en la actividad cerebral, modulando neurotransmisores, la respuesta inmune y la reacción al estrés. Entre los principales mediadores de esta interacción se destacan los ácidos grasos de cadena corta, los metabolitos del triptófano y la señalización a través del nervio vago.
La microbiota intestinal regula emociones, digestión y el sistema inmunológico, según expertos.
Según explicó Romero, la microbiota intestinal está compuesta por comunidades de bacterias, virus y hongos que habitan el sistema digestivo y cumplen funciones fundamentales para la salud. Entre sus roles más destacados se encuentran la producción de vitaminas, el apoyo en la digestión y la síntesis de compuestos, como la serotonina, un neurotransmisor clave para el equilibrio emocional.
La microbiota: motor clave de la salud física y emocional
El funcionamiento de estos microorganismos es esencial para regular múltiples procesos que van mucho más allá de la digestión. Según el Instituto Danone México, la microbiota también puede modular la aparición y progresión de enfermedades neurológicas, como el Alzheimer.
Asimismo, aproximadamente el 70% del sistema inmunitario se encuentra en el intestino, lo que refuerza la noción de que cuidar la salud digestiva contribuye a fortalecer las defensas del organismo frente a infecciones y procesos inflamatorios.
El 70% del sistema inmune reside en el intestino, clave para la defensa ante infecciones.
Los investigadores han comprobado que la microbiota empieza a desarrollarse incluso antes del nacimiento. Según la doctora Romero, durante la gestación el bebé recibe parte de la microbiota materna, y este intercambio continúa durante el parto y la lactancia.
Posteriormente, factores externos y la alimentación moldean la composición de estos microorganismos, creando un perfil único para cada individuo, similar a una huella digital.
Infancia y hábitos saludables: la base del equilibrio intestinal-cerebral
Durante la infancia, la conexión entre intestino y cerebro cobra una importancia especial. Los ácidos grasos esenciales generados por ciertas bacterias intestinales apoyan el crecimiento y desarrollo del cerebro, mientras que la síntesis de neurotransmisores en el intestino influye directamente en la gestión de las emociones.
La alimentación, el sueño y el manejo del estrés son esenciales para el equilibrio del eje intestino-cerebro.
Esta vinculación explica por qué mantener una alimentación balanceada, practicar actividad física y garantizar un buen descanso resulta fundamental desde los primeros años de vida.
El mismo estudio publicado en Neuron detalla que, aunque algunos de estos mensajeros químicos pueden atravesar la barrera hematoencefálica, la mayor parte del efecto de la microbiota sobre el bienestar emocional se produce mediante la modulación del sistema nervioso entérico y los reflejos mediados por el nervio vago.
Por otro lado, uno de los signos de que la microbiota intestinal está desequilibrada es el estreñimiento. Según explica Romero, este inconveniente puede originarse por diversos factores: desde una ingesta insuficiente de fibra y líquidos hasta situaciones de estrés o ansiedad.
La microbiota comienza a formarse antes del nacimiento y se desarrolla en la infancia.
Cuando la microbiota pierde diversidad, la motilidad intestinal se ve afectada. Incluso si el intestino mantiene su movimiento, las heces duras o secas complican su expulsión. Factores como el estrés y la alteración del sueño empeoran el cuadro, ya que modifican las señales que circulan a través del eje intestino-cerebro, señala la especialista.
Las pautas esenciales para cuidar tanto la microbiota como la comunicación intestinal-cerebral incluyen mantenerse hidratado, consumir fibra suficiente, asegurar un descanso reparador y manejar correctamente el estrés. Romero enfatizó que adoptar hábitos saludables constituye la base para prevenir problemas digestivos. Tal como se destaca en su informe: “Si no damos al intestino suficiente líquido, es como querer que una tubería funcione sin agua”.
Los estudios realizados por el Instituto Danone México destacan que la salud mental y física están íntimamente relacionadas y no pueden considerarse de manera aislada.
La microbiota comienza a formarse antes del nacimiento y se desarrolla en la infancia.
Integrar la salud digestiva y mental: un enfoque esencial desde temprano
El eje intestino-cerebro conecta estos dos aspectos, influye en la respuesta del sistema inmune y se ve modulado por factores cotidianos como la alimentación, los patrones de sueño y la capacidad para manejar el estrés emocional. El intestino no solo procesa nutrientes, sino que también refleja nuestras emociones, y requiere cuidado al mismo nivel que otras partes del cuerpo.
La especialista enfatiza que desde la infancia se debe fomentar la adquisición de hábitos saludables. De manera similar a cómo se enseña a los niños a cepillarse los dientes, es fundamental generar conciencia sobre la importancia de una dieta equilibrada, hidratación adecuada, sueño reparador y manejo del estrés como herramientas preventivas de salud.
El desequilibrio de la microbiota puede causar trastornos como el estreñimiento y afectar la salud emocional.
Romero subrayó que el principal desafío consiste en normalizar esta perspectiva, logrando que la salud digestiva y mental tengan la misma relevancia en la educación y en la vida cotidiana. La evidencia científica resalta al eje intestino-cerebro como un elemento central para mejorar la calidad de vida, y mantenerlo activo con buenos hábitos puede marcar una diferencia significativa en el bienestar general.
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