Robert Waldinger, maestro zen y catedrático de psiquiatría en la Universidad de Harvard, asumió como el cuarto director del estudio y llegó a la conclusión de que el principal indicador de nuestra felicidad y bienestar en la vejez radica en la excelencia de nuestras relaciones interpersonales. Además, afirmó que nunca es tarde para "reactivar" esas relaciones o establecer vínculos nuevos.
Agustina Fernández, licenciada en psicoanálisis y experta en el tratamiento de adolescentes, quien forma parte de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), compartió con sus colegas de Infobae las siguientes palabras: “Es sabido que el hombre es un ser social, y eso implica, no sólo que depende de otros para sobrevivir cuando nace -de otros que lo alimenten, abriguen, cuiden, eduquen-, sino también que desarrolla su vida en comunidad. Tal vez, ese sea uno de los rasgos humanos por excelencia: hacer la vida con otros. En el entramado social de lazos afectivos, las amistades ocupan un lugar central que no siempre es reconocido”.
No obstante, desde una perspectiva científica, la amistad ha sido identificada como un factor predictivo de una salud positiva. Waldinger sostiene que hay acciones que podemos incorporar en nuestras vidas que nos predisponen a experimentar felicidad de manera constante, tales como velar por nuestra salud, alimentación, descanso y actividad física. “Si goza de mejor salud, es más probable que sea feliz”, dijo.
Pero también implica cuidar las relaciones. “Eso se debe en parte a que nos ayudan con la otra cara: no solo nos hacen felices; también nos ayudan a sobrellevar los tiempos infelices, los desafíos”, aseguró el investigador.
La conferencia TED de Waldinger acerca de los factores que nos brindan felicidad y bienestar ha sido visualizada por más de 40 millones de personas, lo que lo inspiró a desarrollar su obra sobre las enseñanzas fundamentales del estudio, titulada "The Good Life" ("La Buena Vida").
Dentro del libro, expresó: “La calidad de sus relaciones es lo que importa. En pocas palabras, vivir en medio de relaciones cálidas protege tanto la mente como el cuerpo. Este es un concepto importante, la protección. La vida es dura y, a veces, ataca de forma total. Las relaciones cálidas y conectadas protegen contra las flechas de la vida y del envejecimiento”.
En otro estracto, el autor detalló: “Una vez que habíamos seguido a las personas en el Estudio de Harvard hasta los 80 años, quisimos mirar hacia atrás en la mediana edad para ver si podíamos predecir quién se convertiría en un octogenario feliz y saludable y quién no. Así que reunimos todo lo que sabíamos sobre ellos a los 50 años y descubrimos que no eran sus niveles de colesterol de mediana edad los que predecían cómo iban a envejecer; era lo satisfechos que estaban en sus relaciones. Las personas que estaban más satisfechas en sus relaciones a los 50 años eran las más sanas (mental y físicamente) a los 80″.
Además, enfatizó que nutrir estas conexiones no necesitaba implicar una gran inversión de tiempo: un breve mensaje por teléfono móvil, una charla mientras se toma un café, o un paseo juntos pueden ser suficientes. “Estas pueden ser acciones pequeñas, pero si las haces repetidamente, esas redes se mantienen vibrantes”, destacó.
Waldinger aseguró que la atención constituye la manifestación más elemental del afecto, y lo plasmó de esta manera en su obra: “Una buena vida no es el destino sino el camino y con quién caminas... Y al hacerlo, segundo a segundo, puedes decidir a qué y a quién le das tu atención”.
En resumen, Waldinger definió: “Una buena vida es tener actividades que tienen significado para mí y hacerlas con personas que me importan y a quienes yo les importo”.
No obstante, la calidad de las amistades resulta crucial para alcanzar el bienestar que las interacciones sociales pueden proporcionar. Según explicó Agustina Fernández: “Es frecuente escuchar en el consultorio personas que tienen muchos contactos en las redes sociales y experimentan un profundo sentimiento de soledad. La amistad no es una cuestión de cantidad, no se trata de tener muchos amigos sino algunos vínculos cercanos e importantes”.
Además, señaló que en una cultura donde las conexiones emocionales, no solo las amistosas, tienden a ser cada vez más débiles e inestables, las personas experimentan un temor al compromiso y con frecuencia se sienten solas o, en otra situación, desamparadas.
“Se defienden estando en constante movimiento, es decir cambiando de amigos, de grupo, de actividad donde generar nuevos conocidos. ¡Vaya oxímoron, ‘nuevos conocidos’!”, expresó la psicoanalista.
Ahora bien, ¿es toda persona realmente un amigo? María Fernanda Rivas, psicóloga licenciada, psicoanalista y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, con especialización en terapia de parejas y familias, compartió con Infobae su definición de esta conexión: “Amigo será aquel con quien se pueda abandonar temporalmente la ‘máscara social’ y mostrarse de ‘entrecasa’; o con quien se pueda establecer una situación de intimidad y compartir un mismo estado afectivo. La intimidad también se asocia al poder estar ‘a solas’ en presencia de otro –sin que esto cause incomodidad- y a la vez estar emocionalmente disponible para este”.
Y sumó: “Un amigo suele ser testigo de diferentes aconteceres de nuestra vida: el crecimiento, los logros, los dolores, las alegrías. Por tal motivo, a veces, participa en la construcción de nuestra memoria, ya que posee recuerdos que quizás hemos olvidado o deformado. Puede acercarnos nuestras distintas “versiones” de otras épocas para que podamos reconocernos”.
Al final, resaltó: “La verdadera amistad requiere tiempo, afecto, historias compartidas, acuerdos -y también desacuerdos- y la libertad de volverse a elegir en cada encuentro”.
Por qué nos hace bien
De la misma manera que la convivencia con amigos se traduce en bienestar, la vida en aislamiento conlleva un malestar psicológico. Un estudio publicado en Science corroboró que la soledad constituye un "factor de riesgo significativo para la salud", equiparable a la obesidad, el tabaquismo y la falta de actividad física.
No obstante, fomentar la amistad actúa como un remedio que puede prevenir o mitigar estos problemas. Estudios han revelado que aquellos individuos que cuentan con una red estable de amistades experimentan una mejora en su salud cardiovascular, presentan menos niveles de estrés, tienen menor predisposición a enfermedades y experimentan mayor satisfacción, placer y felicidad.
Adicionalmente, las relaciones sociales nutren el acervo de conocimientos del cerebro, ya que los amigos estimulan la memoria y fomentan el desarrollo de habilidades sociales e intelectuales.
Según un estudio llevado a cabo por la Sociedad Americana de Oncología, los amigos desempeñan un papel fundamental en la superación de enfermedades. La investigación descubrió que las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama y que se encontraban en situación de aislamiento social tenían un mayor riesgo de mortalidad, posiblemente debido a la carencia de apoyo de amigos, familiares y adultos hijos.
Asimismo, varios estudios demuestran que aquellos individuos que disponen de una red social sólida experimentan menor estrés y tienen una mayor esperanza de vida.
“No disponer de una red social de apoyo es un factor de mortalidad más potente que sufrir obesidad o llevar una vida sedentaria y sin ejercicio físico”, aseguró la profesora de Psicología Julianne Holt-Lunstad, quien participó en el estudio mencionado realizado en la Universidad Brigham Young de Utah, afirmó que la conexión entre amistad y longevidad es significativa. Según sus conclusiones, las probabilidades de vivir más aumentan en un 50% cuando contamos con un sólido círculo de amigos.
Hace poco, un estudio llevado a cabo por especialistas del Centro para el Envejecimiento Cerebral Saludable (CHeBA) de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Sídney, sugirió que residir con otras personas y formar parte de grupos comunitarios están vinculados con una mayor esperanza de vida, un declive cognitivo más lento y, en consecuencia, una mejora en la calidad de vida.
En una entrevista reciente, profesionales de Infobae dialogaron con el médico clínico Luis Cámera (MN 51995), quien detalló las razones detrás de este efecto positivo: “El hecho de estar acompañado es una estimulación cognitiva que ayuda a retrasar la aparición de la demencia y, en caso de que esta aparezca, hace que su curso sea un poco más lento porque se prolonga la vida útil de nuestro cerebro. La socialización con otras personas previene también la depresión, que en sí misma es bastante nociva para las neuronas porque acelera los tiempos de una demencia y está muy asociada con la soledad”.
El experto destacó que los seres humanos somos seres sociales, con una naturaleza gregaria, por lo tanto, la falta de interacción grupal resulta perjudicial no solo para la cognición. ¿Cuál es la razón? Porque en situaciones de aislamiento pueden surgir, por ejemplo, úlceras gástricas o complicaciones asociadas a la diabetes. “Todas las enfermedades empeoran cuando uno está solo”, finalizó.
Cómo tener un millón de amigos
La licenciada Fernández señaló: “Aún cuando no existe un único tipo de amistad válido, el verdadero desafío contemporáneo es establecer lazos amistosos sólidos con los otros, comprometerse y sostener esos vínculos en el tiempo. La amistad merece ser celebrada, y un buen modo de hacerlo es cultivarla”.
Por su lado, Laura Orsi, (MN 4318) médica psicoanalista, miembro coordinadora del Departamento de Psicoanálisis y Sociedad de APA, aportó: “La amistad es una relación intensa, relajada y confortable, que lleva tiempo construir. Es una relación de paridad, honestidad, fidelidad y generosidad. Algunas no duran y se pierden en el tiempo, porque sucumben a los cambios y a los conflictos, a veces imposibles de superar por falta de creatividad. Para poder sostenerla es importante ser flexible y cuidarla”.
Y ¿cómo hacerlo? Teniendo en cuenta los siguientes puntos:
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Ofrecer momentos de calidad. No importa cuán ocupada esté nuestra agenda: siempre reservar unos minutos al menos para conectar con nuestros amigos, programar encuentros y cumplir con ellos. Acordar una fecha, aunque sea en el futuro, y respetarla.
Dominar la comunicación. Es esencial ser auténticos y mostrarnos como seres humanos, con vulnerabilidades y aciertos. Practicar la escucha activa con nuestros amigos, dándole prioridad al disfrute de una comunicación sincera. La humildad y la generosidad para estar presentes cuando sabemos que el otro nos necesita (aunque no lo solicite) son experiencias que fortalecen el lazo.
Practicar la sinceridad. Compartir la verdad, incluso si es difícil, contribuye a mantener la unión y corregir errores, lo que asegura la perdurabilidad de la relación. La amabilidad es esencial.
Cultivar empatía y aceptación. Tener la habilidad de ponerse en el lugar del otro y comprender sus sentimientos es un signo valioso de amistad, así como reconocer y expresar aprecio por todos los aspectos positivos de nuestros amigos. Es fundamental respetar y aceptar nuestras divergencias.
Contar con amistades y esforzarse por mantenerlas constituye uno de los más valiosos consejos para alcanzar una salud óptima, bienestar y felicidad; además, sirve como fundamento para la edificación de vidas plenas y sociedades fundamentadas en valores perdurables a lo largo de toda la existencia.
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