Era el comienzo de la tarde y Zahra, su madre y sus tres hermanas se encontraban yendo a cenar a la casa de otra hermana cuando vieron gente corriendo y escucharon tiros en la calle. “¡Los talibanes están aquí!”, exclamaban las personas.
En pocos minutos, todo se modificó para esta joven de 26 años que vive en Herat, la tercera ciudad más grande de Afganistán.
Zahra creció en un Afganistán mayoritariamente libre de talibanes, donde las mujeres se animaban a soñar con carreras y las niñas recibían educación. Durante los últimos cinco años, ha trabajado con organizaciones locales sin recibir dinero para sensibilizar a las mujeres y presionar por la igualdad de género.
Sus sueños y ambiciones se cayeron el último jueves por la noche, cuando los talibanes invadieron la ciudad, plantando sus banderas blancas con una proclamación de fe islámica en una plaza central, mientras la gente, en motocicletas y coches, corría hacia sus casas.
Al igual que la mayoría de los residentes, Zahra, sus padres y sus cinco hermanos se encuentran en estos momentos encerrados en su hogar, muy asustados para salir y preocupados de cara al futuro. The Associated Press eligió no identificarla por su nombre completo para no convertirla en un objetivo.
“Estoy muy sorprendida”, aseguró Zahra, una joven de cara redonda y voz suave. “¿Cómo puede ser posible que yo, como mujer que ha trabajado tan duro y ha intentado aprender y avanzar, tenga ahora que esconderme y quedarme en casa?”.
En medio de un ataque relámpago en los últimos días, los talibanes ejercen el control ahora en más de dos tercios del país, tan solo a dos semanas de que Estados Unidos planee retirar sus últimas tropas. A su vez, se están acercando lentamente a la capital, Kabul.
La agencia de la ONU para los refugiados asegura que casi 250.000 afganos han escapado de sus casas desde finales de mayo por miedo a que los talibanes vuelvan a imponer su estricta y despiadada interpretación del Islam, que prácticamente elimina los derechos de las mujeres. El 80% de los desplazados son mujeres y niños.
El grupo fundamentalista gobernó el país durante cinco años, hasta la llegada de Estados Unidos en 2001. Durante ese tiempo, prohibió la educación de las niñas y el derecho al trabajo de las mujeres, y se negó incluso a que viajaran fuera de sus casas sin que un familiar masculino las acompañara. Los talibanes también llevaban a cabo ejecuciones públicas, cortaban las manos a los ladrones y apedreaban a las mujeres acusadas de adulterio.
No es confirmado que dichas medidas extremas se apliquen en los lugares que los combatientes talibanes han tomado recientemente. No obstante, se ha informado de que los militantes han tomado algunas casas y han incendiado al menos una escuela.
En un parque de Kabul, convertido desde la semana pasada en un refugio para los desplazados, las familias contaron a la AP el viernes que las niñas que volvían a casa en un rickshaw motorizado en la provincia norteña de Takhar fueron detenidas y azotadas por llevar “sandalias reveladoras”.
Una maestra de la provincia aseguró que no se permitía a nadie salir al mercado sin una escolta masculina. Unas 3.000 familias, principalmente de las provincias del norte recientemente tomadas por los talibanes, viven hoy en tiendas de campaña dentro del parque, algunas en las aceras.
Zahra no fue más a la oficina desde hace un mes, cuando los militantes se acercaron a Herat, y trabajó a distancia desde su casa. Pero el jueves, los combatientes talibanes atravesaron las líneas defensivas de la ciudad, y desde entonces no ha podido trabajar.
Su cara se llenó de lágrimas al pensar en la posibilidad de no poder volver a trabajar; de que su hermana de 12 años no pueda seguir yendo a la escuela; de que su hermano mayor no pueda jugar al fútbol; o de que no pueda volver a tocar libremente la guitarra, un instrumento que se ubicaba colgado en una pared detrás de ella mientras hablaba.
Mencionó algunos de los logros alcanzados por las mujeres en los últimos 20 años, desde el derrocamiento de los talibanes, avances lentos pero significativos en una sociedad que sigue siendo altamente conservadora y dominada por los hombres: las niñas van ahora a la escuela, y las mujeres están en el Parlamento, el gobierno y las empresas.
La directora adjunta de CARE International en Kabul, Marianne O’Grady, comunicó que los avances conseguidos por las mujeres en las dos últimas décadas han sido espectaculares, especialmente en las zonas urbanas, y agregó que no puede ver que las cosas vuelvan a ser como antes, ni siquiera con la toma de posesión de los talibanes.
“No se puede dejar sin educación a millones de personas”, dijo. Si las mujeres “vuelven a estar detrás de los muros y no pueden salir tanto, al menos ahora pueden educar a sus primos y a sus vecinos y a sus propios hijos de una forma que no podía ocurrir hace 25 años”.
Aun así, la sensación de temor parece ser omnipresente, sobre todo entre las mujeres, a medida que las fuerzas talibanes avanzan y toman cada vez más partes del territorio cada día.
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