A partir de estos resultados, la Argentina ocupa el puesto más alto del ranking mundial de uso de IA con fines educativos, posición que comparte con Polonia. En el extremo opuesto se encuentran Estados Unidos y Japón, que registraron los porcentajes más reducidos dentro de la muestra, aunque sus niveles también son significativos y llegan al 85%.
Las preferencias de capacitación de los trabajadores argentinos muestran una marcada orientación hacia los saberes y competencias que hoy demanda el mundo del empleo.
La ciencia de datos y la inteligencia artificial encabezan las opciones: el 29% manifestó interés en adquirir conocimientos sobre estas disciplinas. En segundo lugar aparecen los idiomas extranjeros vinculados con el ámbito profesional, elegidos por el 24%. También figuran el marketing y su variante digital, con el 22%; las finanzas y la contabilidad, con el 19%; y la economía, con el 15%.
Las razones que impulsan a los profesionales a capacitarse también están ligadas a sus perspectivas de desarrollo laboral. El 36% de los participantes del estudio señaló que se forma para optimizar su rendimiento en la función que desempeña actualmente, en tanto que un 33% lo hace con el propósito de conservar una posición competitiva dentro del ámbito del empleo.
Entre las demás metas mencionadas aparecen la posibilidad de ascender a puestos jerárquicos, poner en marcha un negocio propio o concretar iniciativas de carácter personal.
La dificultad para aplicar lo aprendido
Entre las conclusiones más relevantes del estudio aparece un desfasaje entre la dedicación que requiere el aprendizaje y la posibilidad de trasladar lo incorporado a la práctica cotidiana.
La investigación identifica esta problemática con el nombre de “The Progress Gap” (brecha de progreso). El concepto describe la distancia que existe entre la sensación de estar avanzando mientras se estudia y la seguridad necesaria para emplear efectivamente las competencias desarrolladas.
En el caso argentino, el 59% de los trabajadores consultados admitió que encontró obstáculos al intentar utilizar una habilidad que había aprendido. La cifra supera en diez puntos porcentuales la media internacional, que se ubicó en el 49%.
El registro argentino constituye el más alto de los nueve países incluidos en el relevamiento. Esto ocurre incluso cuando los encuestados del país expresan una valoración positiva sobre sus avances en materia de formación, con un puntaje medio de 8,3 sobre un máximo de 10.
En el plano global, el 76% de las personas que respondieron la encuesta afirmó que hoy destina más horas al aprendizaje que dos años atrás. Pese a ello, un 52% reconoció que ese incremento en la dedicación no siempre se refleja en una mejora de los resultados obtenidos.
La inversión de las empresas en capacitación
La investigación también puso de manifiesto contrastes significativos en cuanto a quiénes asumen los costos de la capacitación laboral.
En el caso argentino, solo un 33% de los empleados que participaron del relevamiento indicó que recibe algún tipo de apoyo económico de su empresa para formarse, ya sea de manera completa o parcial. La proporción se ubica por debajo del promedio internacional, que alcanza el 51%.
En tanto, el 30% de los consultados en el país afirmó que paga sus cursos o estudios de su propio bolsillo, mientras que otro 36% recurre únicamente a materiales, plataformas y recursos de acceso gratuito.
A partir de estas cifras, la Argentina aparece como el país donde las empresas tienen la menor intervención en el sostenimiento económico de la formación de sus empleados, en comparación con el resto de los mercados estudiados.
Este escenario representa un reto para el sector corporativo, sobre todo en una etapa atravesada por profundos cambios tecnológicos, que obliga a revisar y renovar los saberes profesionales y adquirir nuevas habilidades de forma continua.
Los directivos utilizan más la IA para capacitarse
El uso de herramientas de inteligencia artificial con fines educativos presenta diferencias de acuerdo con la posición que ocupa cada trabajador dentro de la estructura de una compañía.
En el ámbito internacional, casi la mitad de los ejecutivos que se desempeñan en los puestos más altos (47%) recurre a la IA todos los días para incorporar conocimientos. El porcentaje es menor entre quienes ocupan cargos de conducción intermedia o comienzan a asumir responsabilidades de gestión, donde llega al 35%, y entre los trabajadores que no tienen personal a cargo, con un 31%.
Por otro lado, el 16% de los máximos responsables empresariales manifestó que optaría por delegar en la inteligencia artificial la dirección de su aprendizaje. Esta preferencia representa prácticamente el doble de la proporción observada en los demás segmentos laborales, cuyos registros se ubican entre el 8% y el 10%.
Pese a la creciente incorporación de estas herramientas, predomina entre los participantes la idea de que la tecnología debe funcionar como un apoyo para las personas, sin sustituir su participación en los procesos de aprendizaje.
En línea con esa postura, el 75% de los trabajadores relevados en distintos países expresó que prefiere modalidades de formación que integren recursos de inteligencia artificial con la orientación y el seguimiento de otros seres humanos.
La Generación Z y los desafíos del aprendizaje
El relevamiento también detectó comportamientos distintos entre las generaciones en relación con sus métodos de capacitación y adquisición de habilidades.
Aunque el 92% de los integrantes de la Generación Z utiliza herramientas de inteligencia artificial, este grupo también evidencia mayores obstáculos para convertir las horas destinadas al estudio en resultados palpables.
De hecho, el 71% de los jóvenes de esta generación siente que invierte demasiado tiempo en formarse sin obtener progresos acordes con ese esfuerzo. Entre los miembros de la Generación X, esa percepción alcanza al 56%.
Por otra parte, el 57% de los encuestados más jóvenes admitió que encontró obstáculos al momento de trasladar a la práctica lo aprendido. En el segmento correspondiente a la Generación X, en cambio, el porcentaje desciende al 40%.
Estas cifras evidencian que desenvolverse con soltura en el entorno digital no implica, necesariamente, contar con mayores herramientas para convertir la formación en conocimientos aplicables.
El desafío de convertir información en habilidades
La incorporación cada vez más extendida de la inteligencia artificial amplió las alternativas para obtener información, despejar dudas y fortalecer las habilidades necesarias para el desarrollo laboral.
Aun así, el relevamiento señala que contar con un volumen mayor de recursos y datos disponibles no garantiza, por sí solo, un desempeño más satisfactorio ni avances concretos en el aprendizaje.
En la Argentina, donde el uso de estas tecnologías registra una penetración particularmente alta, el principal reto pasa por conseguir que los conocimientos incorporados durante la capacitación puedan trasladarse efectivamente al desempeño cotidiano.
El estudio sostiene que la evolución de las trayectorias laborales estará cada vez más vinculada con la posibilidad de aprovechar los recursos tecnológicos sin dejar de lado propuestas formativas que ayuden a adquirir destrezas específicas, perdurables y aplicables a las exigencias del ámbito profesional.
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