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22 de marzo de 2015 - 19:34
futbol

Barcelona se quedó con el clásico ante el Real

El francés Mathieu, de cabeza, y Suárez marcaron para el equipo de Luis Enrique, líder de la Liga española, en el Camp Nou. Cristiano Ronaldo había puesto la igualdad parcial. Fue 2 a 1.

Así es ahora Barcelona. Distinto. Puede ganar sin ser ampliamente superior a su rival, como ocurrió en el clásico que lo consolidó en lo más alto de la Liga de España, con cuatro puntos de ventaja sobre Real Madrid y 10 fechas por delante. Es capaz de vencer sin demasiado toque ni elaboración. Le alcanza con una jugada de estrategia (tiro libre de Messi , gol de cabeza de Mathieu) y un pelotazo de Dani Alves para que Luis Suárez , que se sacó chispas toda la noche con Pepe, supere el cierre del zaguero portugués para definir con un tiro cruzado para el 2-1 definitivo.

Este Barcelona no se siente incómodo en la fricción, que la hubo en el Camp Nou, sin llegar al desborde, más allá de una pequeña trifulca entre Mascherano y Cristiano Ronaldo . A este Barça le encanta correr, contraatacar, posibilidad que se le dio cuando a Real Madrid le entró la desesperación al quedar 2-1 abajo.

Entre los muchos méritos y beneficios que le puede encontrar Barcelona al triunfo hay uno sustancial: lo consiguió sin el Messi superlativo de las últimas semanas. Fue una producción más terrenal la de Leo si la compara con sus galácticos rendimientos. Barcelona se venía moviendo al ritmo de Messi, convertido en el jefe futbolístico. De alguna manera, el rosarino perdió el duelo individual con Cristiano Ronaldo, autor del empate parcial y reduciendo así 32 a 31 a favor de Leo la ventaja en la lucha por la cima de la tabla de goleadores. Pero sale como el gran ganador colectivo. Messi ya no juega solo para sí mismo; está a la cabeza del proyecto grupal de Barcelona.

Igual, después de un primer tiempo tibio y sin demasiada participación, Messi aumentó su incidencia en la última media hora del partido, cuando Real Madrid, entre los nervios y la necesidad, se expuso peligrosamente. Pudo marcar de media distancia (el tiro salió apenas desviado) y Casillas le tapó un mano a mano. Aun desperdiciando varias réplicas, Barcelona se hacía ver como lo que es: un equipo peligroso y temible cuando Messi acelera y Suárez y Neymar se disparan.

El clásico no tuvo una única dirección. Hubo momentos para cada equipo. Barcelona no parecía un puntero inmune al poderío de Real Madrid. La firmeza que venía mostrando como líder quedó un tanto difuminada en el primer tiempo. Suele ocurrir que un partido tenga un giro, un cambio de tendencia a partir de una situación determinada. Barcelona ganaba con una jugada de estrategia: tiro libre de Messi (fue su 16a asistencia en la Liga) y cabezazo cruzado al gol del héroe menos pensado, el central Mathieu, que tuvo lugar en la formación por la lesión de Busquets.

Sin ejercer una notoria superioridad, Barcelona tenía cierto control del partido. Pudo aumentar a los 30 minutos Neymar, que pareció sorprendido por la pelota que le cruzó Suárez y definió débil, muy deficiente. A Real Madrid le dieron otra vida y la aprovechó inmediatamente. Modric, un jugador capital para los madridistas, alargó para Benzema, quizá el centrodelantero más creativo del mundo en la actualidad. El francés aguantó la marca de Piqué y con un taco exquisito asistió a Cristiano Ronaldo, que entró con la potencia que no se le veía en las últimas semanas y consiguió el empate con un derechazo junto a un palo. El portugués, tal cual su costumbre, aprovechó su momento estelar para vengarse de los abucheos que había recibido en el Camp Nou: con las manos hacia abajo y gesto severo le pidió a las tribunas que se calmaran, que no olvidaran que él es el último Balón de Oro.

El empate agrietó la seguridad que hasta entonces sentía Barcelona. Hizo falta que Piqué demostrara que puede volver a ser el gran zaguero que fue con Guardiola para socorrer a una defensa que hacía agua ante los toques de Benzema, las galopadas de Bale y las apariciones intimidantes de Ronaldo. Le vino de maravillas el descanso a Barcelona porque sufría con los embates del Madrid, que incluso tuvo una muy clara para ponerse 2-1 en el arranque del segundo tiempo, pero Bravo con una gran estirada impidió el gol de Benzema.Llegó el tanto de Suárez y volvió a cambiar el partido. Real Madrid quedó confundido, empezó a dejar espacios y Barcelona se relamió. El puntero pudo ampliar la diferencia en varias réplicas. Barcelona volvía a ser un líder con autoridad. Ya no recita poesía como con Guardiola, pero asusta a todos los rivales, grandes y chicos, con la fusta bajo el brazo.

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