El primer tiempo fue pura fricción. Chocaban todos en el medio. De un lado, el uruguayo Arévalo Ríos y el Pulpo González marcaban presencia; del otro, Nico Domingo y Amorebieta salían lejos a cortar. Apretados en 30 metros, no lograban dar dos pases seguidos.

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Pero el Rojo sorprendió de contra y rompió un clásico que parecía destinado al cero. Leandro Fernández presionó la salida de Sergio Vittor, le ganó con el cuerpo y empezó a encarar por izquierda. Cuando entró al área no dudó y sacó un zurdazo cruzado y letal para el 1-0.

Racing jugó con una presión insoportable. Independiente, en cambio, con un equipo alternativo y sin la necesidad de hacerse cargo del mando, se vio liberado. Con la mente en el partido del martes, ante Libertad, por la vuelta de las semifinales de la Copa Sudamericana, el conjunto de Holan vivió de los errores de su rival. Y los aprovechó.

Cierta tensión gobernó el Cilindro durante buena parte de la noche. La salida del equipo local marcó una tendencia incuestionable: los hinchas, que poblaron las gradas con el entusiasmo habitual, entonaron un cántico de batalla: "Licha, Licha", por Lisandro López, el símbolo que no fue titular. En los últimos días, más allá de la molestia física que lo alejó del triunfo contra Boca, en la Bombonera, se acrecentó la distancia con el entrenador, Diego Cocca. Tiene su historia: Licha salió a poco del final, en Asunción, ante Libertad, cuando la Academia caía por 1 a 0 por la ida de los cuartos de final de la Sudamericana. "Estaba jugando muy lejos del arco y así no me sirve", argumentó Cocca, que al partido siguiente guardó un sólo titular para el partido de vuelta: al 9. En la previa al partido ante Boca, el técnico dejó una frase fuerte: "Necesitamos que aparezcan jugadores de jerarquía como Lisandro". El delantero no jugó. En un vestuario eufórico por la victoria, Cocca aportó la cuota de frío: "Me gustó el equipo así. No se si estará Lisandro en el clásico". Anoche, Licha entró en el entretiempo por Arévalo Ríos; fue enganche.

La furia local comenzó con un gol de Pulpo González, que fue anulado por una inexistente posición adelantada. Racing, luego del festín en la Boca, entendió que era su noche: Independiente suele ser una bestia negra, pero al jugar con una formación con mayoría de suplentes y juveniles, representaba una gran oportunidad. Pero las buenas intenciones se transformaron en un vértigo enceguecido. Independiente, de punto, más allá de la leyenda de su historia, tomó nota. Y en una acción que mezcló guapeza y reacción, Fernández le robó el balón a Vittor y, con un zurdazo, abrió el marcador.

La escena se transformó, en realidad, cuando fue expulsado Moreira, por una doble tarjeta amarilla, una de las víctimas de Lautaro Martínez, incisivo y pícaro. Germán Delfino, el árbitro, primero amonestó erróneamente a Amorebieta, pero ante la energía en el reclamo de Cocca, cambió su decisión. Eso sí: el DT de Racing fue expulsado por un exceso verbal. Breitenbruch entró por Erviti: Independiente iba a aguantar todo lo que podría. La adrenalina creció, el fútbol se disfrutó de a ratos: fue una digna noche de clásico. Un poco injusta, eso sí: Racing mereció largamente el empate, hasta se gritó un zurdazo fenomenal de Martínez, que pegó en el palo.

Racing atacó sin parar. El dramatismo se acentuó con el desgarro del pibe Gonzalo Rehak, el arquero del Rojo que, entre lágrimas, no quiso salir. Al final, fue reemplazado por Albil, un veterano. Ganó Independiente: y ya son 24 triunfos de ventaja en el historial.

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