Argentina ya está en la Copa del Mundo. Ahí va, sigue, crece. Se clasificó a la octava edición de la máxima cita que se disputará el año que viene en Francia. Florencia Bonsegundo -de Morteros, Córdoba- marcó ese 1-1.

Natalia Mills había puesto el 1-0 para Panamá. Pero no fue más que un detalle. La diferencia estaba clara desde el inicio de la serie.

El partido de ida, aquel 4-0 en la cancha de Arsenal, resultó el primer paso, el decisivo de esta serie. Pero no sólo eso: también resultó un mensaje. El fútbol de las mujeres también es capaz de llenar estadios. Y de agradar. Y de ser televisado, como en la noche panameña.

Sucede en muchos rincones y en algunas redacciones: Las chicas que se visten como Messi o como Agüero o como Otamendi ofrecen alegrías. Se gritan sus goles. El asombro acontece. Queda una impresión al final del recorrido: el fútbol femenino no es femenino. Es fútbol.

Vanesa Santana, ahí en el medio, parece una precisa y preciosa representante del tiki tiki. Con la diez en la espalda, Estefanía Banini -capitana, líder, crack- se hace cargo de las pelotas bravas.

El equipo femenino disputó por última vez un Mundial en China 2007, y se perdió las citas de Alemania 2011 y Canadá 2015.

FUENTE: Clarin
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