Frente a un escenario en el que más del 60% de la población argentina presenta sobrepeso u obesidad, sumado a carencias de hierro, calcio, vitamina D y fibra, la organización sostuvo que resulta fundamental fortalecer el trabajo conjunto entre los distintos sectores involucrados para promover mejores hábitos de alimentación y generar un efecto positivo sobre la salud de la comunidad.
Los expertos señalaron que cualquier política pública vinculada con la alimentación debe asegurar que los consumidores accedan a información nutricional sencilla, accesible y fácil de interpretar.
En ese sentido, consideraron que el etiquetado frontal constituye un recurso importante para la salud pública, aunque sostuvieron que el sistema vigente admite ajustes que permitan reducir interpretaciones equivocadas, evitar información confusa y contribuir al desarrollo de estrategias alimentarias más efectivas.
La doctora en Nutrición e integrante de PROFENI, María Elena Torresani, sostuvo: “La discusión no debería plantearse como una elección entre mantener o eliminar los octógonos. El verdadero desafío consiste en construir un sistema que preserve el derecho de las personas a recibir información nutricional sencilla, pero que, al mismo tiempo, refleje con mayor precisión las diferencias entre los alimentos”.
La Ley Nacional Nº 27.642 adoptó el perfil de nutrientes elaborado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), un sistema que fija parámetros variables para determinar cuándo un producto presenta niveles elevados de nutrientes críticos, entre ellos azúcares, sodio, grasas saturadas y grasas totales.
De acuerdo con PROFENI, esa metodología fue concebida originalmente para analizar la calidad nutricional de la alimentación en términos generales y no para utilizarse como criterio de evaluación de cada alimento por separado.
Desde PROFENI señalaron que el esquema de parámetros variables habría favorecido la colocación de sellos de advertencia en los alimentos envasados, en lugar de priorizar un sistema que permitiera ofrecer información más clara para distinguir las diferencias entre los distintos productos.
A criterio de los especialistas, los años transcurridos desde la entrada en vigencia de la norma aportaron suficiente experiencia como para identificar puntos que requieren ajustes y una eventual revisión.
Entre los aspectos que, según los especialistas, deberían revisarse figura el hecho de que los parámetros vigentes pueden llevar a que productos con composiciones nutricionales muy distintas terminen mostrando advertencias equivalentes. Al mismo tiempo, otros alimentos con mayor aporte calórico o con una concentración más elevada de nutrientes críticos pueden presentar una cantidad inferior de sellos.
“El sistema que se utilice debe permitir a las personas distinguir claramente entre alimentos y comprender mejor las diferencias que existen entre ellos”, explicó Mónica Katz, médica especialista en Nutrición, expresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición y miembro de PROFENI.
PROFENI también planteó que el sistema vigente podría reducir los estímulos para que la industria avance en la reformulación de los alimentos. Según explicó, en determinadas situaciones una empresa puede disminuir la cantidad de azúcares agregados, sodio o grasas saturadas, lo que además reduce el valor calórico del producto. Sin embargo, debido al mecanismo con el que se establecen los parámetros de la normativa, esa modificación no siempre se refleja en el etiquetado y el alimento continúa exhibiendo la misma cantidad de sellos de advertencia.
En ese sentido, desde PROFENI señalaron que el sistema de etiquetado ya fue objeto de modificaciones desde su puesta en marcha. Como ejemplo mencionaron la Disposición ANMAT 11362/2024, que incorporó cambios destinados a distinguir los nutrientes que forman parte de manera natural de los alimentos de aquellos que son agregados durante la elaboración industrial, especialmente en lo referido a los azúcares añadidos.
Los expertos también remarcaron que, si el propósito es mejorar la alimentación de la población, resulta necesario considerar la presencia de nutrientes críticos tanto en los productos envasados como en aquellos que se comercializan a granel. Asimismo, recordaron que la legislación argentina, al igual que otros modelos de etiquetado frontal y de acuerdo con los lineamientos del CODEX Alimentarius (FAO), limita su alcance únicamente a los alimentos envasados.
A partir de esa situación, los especialistas consideraron que sería necesario desarrollar herramientas complementarias para brindar información a quienes consumen alimentos adquiridos en panaderías, carnicerías, heladerías o restaurantes, donde actualmente no suele estar disponible el detalle nutricional.
De acuerdo con su análisis, una parte importante de esos productos también contiene niveles elevados de nutrientes críticos, por lo que propusieron facilitar el acceso a esa información mediante alternativas como la incorporación de un código QR, entre otras opciones.
La propuesta de una “segunda generación”
Desde PROFENI sostuvieron que cualquier actualización del sistema debería construirse sobre la base de cuatro acuerdos fundamentales. El primero consiste en garantizar que los consumidores continúen accediendo a información nutricional frontal que sea clara, visible y de fácil interpretación.
Como segundo punto, propusieron emplear parámetros técnicos medidos en valores absolutos cada 100 gramos o 100 mililitros, un esquema ya implementado en países como Brasil, Chile y Uruguay, que permite comparar los productos con mayor facilidad y contribuye a una mayor uniformidad de los criterios regulatorios entre distintas naciones.
El tercer consenso propone diferenciar de manera más precisa los nutrientes presentes de forma natural en cada alimento de aquellos que son incorporados durante el proceso de elaboración, con especial atención a los azúcares añadidos, para evitar que productos con un perfil nutricional favorable reciban evaluaciones desfavorables.
Como cuarto eje, los especialistas plantearon la necesidad de establecer mecanismos regulatorios que promuevan la reformulación gradual de los alimentos, a partir de criterios transparentes, objetivos posibles de cumplir y un sistema que valore los avances alcanzados por los fabricantes.
Sergio Britos, miembro de PROFENI y director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Nutrición (CEPEA), expresó: “La evidencia científica demuestra que ningún sistema de etiquetado, por sí solo, modifica los hábitos alimentarios. La alimentación saludable depende también de la educación nutricional, del acceso a alimentos de calidad y del desarrollo de hábitos sostenidos dentro del hogar, en la escuela y en la comunidad”.
“El etiquetado debe entenderse como una herramienta dentro de una estrategia mucho más amplia, pero, aun así, desarrollar científicamente criterios fijos de perfil de nutrientes es una urgente necesidad para perfeccionar la ley que ya tenemos”, agregó.
La industria habla
Durante julio, el Poder Ejecutivo presentó ante el Congreso un proyecto para dejar sin efecto la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, su denominación oficial. La iniciativa fue suscripta por el presidente Javier Milei, el entonces jefe de Gabinete Manuel Adorni y el ministro de Salud Mario Lugones.
La propuesta se suma a otra impulsada anteriormente por el oficialismo en la Cámara de Diputados, que persigue el mismo objetivo. Ambos proyectos sostienen que el esquema actual presenta deficiencias técnicas, regulatorias, operativas y económicas, y plantean la necesidad de avanzar hacia una mayor armonización normativa con los países de la región.
Comienza a hacerse vigente la ley 27.642 que promueve la alimentación saludable en Argentina.
La normativa vigente no se limita únicamente a los octógonos de advertencia. También establece la incorporación de leyendas precautorias —como las que informan la presencia de edulcorantes o cafeína—, fija restricciones para la venta de estos productos en ámbitos escolares y prohíbe la publicidad dirigida a niños, incluyendo el uso de personajes infantiles, dibujos animados y otros recursos similares en los envases.
El sector de la industria alimentaria argentina se manifestó a favor de eliminar los octógonos de advertencia, al menos bajo el esquema vigente, y sostiene que resulta más conveniente avanzar hacia un marco regulatorio unificado con los criterios del Mercosur.
Esa posición es impulsada principalmente por la Confederación de Asociaciones de la Industria Alimenticia Argentina (Copal), entidad que reúne a numerosas compañías de relevancia, entre ellas Arcor, Coca-Cola, Quilmes, Danone, Molinos y Unilever, además de otras firmas del rubro.
Diputados comienza a tratar ley de etiquetado frontal
De acuerdo con la visión de Copal, una de las principales dificultades del sistema actual radica en el método utilizado por la normativa para determinar la presencia de nutrientes críticos, como azúcares, grasas, sodio y calorías. La entidad cuestiona que el modelo vigente no analice la cantidad concreta de cada componente, sino que establezca los valores en función de la proporción que representan dentro del aporte energético total del alimento.
Según la organización, este mecanismo provoca situaciones poco precisas que dificultan distinguir entre alimentos con características nutricionales marcadamente diferentes. De esta manera, dos productos que presentan una variación del 40% en sus niveles de sodio podrían terminar exhibiendo el mismo sello negro de advertencia, sin que esa diferencia quede reflejada de manera evidente para quienes los consumen.
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