La muerte apareció como una amenaza concreta en la vida de Lucas Castillo, el jujeño que reside en una favela de Río de Janeiro y relató el conflicto que lo obligó a pedir ayuda para aclarar la situación y evitar que el episodio pasara a mayores.
El joven, oriundo del barrio San Pedrito, aseguró que en más de una oportunidad recibió amenazas y que uno de los episodios más delicados ocurrió luego de hospedar en su departamento a una argentina.
“Me amenazaron de muerte un par de veces”, expresó al recordar los momentos de tensión que vivió durante su estadía en Río de Janeiro.
El conflicto que lo llevó a pedir ayuda
Según relató Lucas, el problema comenzó luego de recibir en su casa a una joven cordobesa que necesitaba alojamiento. Con el paso de los días, la situación se complicó por un conflicto con un hombre vinculado a la favela.
La joven habría asegurado que compartía el alquiler con Lucas, una versión que él negó durante la entrevista. A partir de esa situación, recibió una amenaza y decidió recurrir a personas conocidas dentro del barrio para explicar lo sucedido.
“Yo la hospedé de buen corazón y sin ninguna intención. Después la situación se revirtió y se transformó en una cosa de locos”, contó.
Ante el temor por lo que podía ocurrir, uno de sus contactos le recomendó hablar con una de las personas que tenía mayor autoridad dentro del lugar. Lucas recordó que el encuentro se produjo durante la madrugada y que debió contar detalladamente cómo había comenzado el conflicto.
“Fuimos a hablar a las cinco o seis de la mañana. Yo estaba temblando. El nivel de miedo era un millón”, reconoció.
Tras escuchar su versión, le aseguraron que el problema sería resuelto y que no debía preocuparse. De acuerdo con su testimonio, la intervención permitió frenar la amenaza y evitar que el conflicto continuara.
Los códigos que aprendió en la favela
La experiencia le permitió comprender que dentro de una favela existen normas de comportamiento que deben respetarse. Para Lucas, adaptarse no pasa únicamente por conocer el idioma o encontrar un trabajo, sino también por observar cómo se relacionan las personas.
“Uno puede vivir en una favela, pero es bueno saber sus códigos”, señaló.
Entre esas reglas mencionó la importancia de mantener un perfil bajo, ser respetuoso y evitar involucrarse en situaciones ajenas. También sostuvo que la forma de hablar, mirar, vestirse y desplazarse puede adquirir un significado diferente según el lugar.
Lucas explicó que, cuando una persona llega desde otro país, debe intentar comprender primero las dinámicas de la comunidad. “Hay que saber por dónde ir, qué hacer, qué no hacer y cuándo uno está llamando la atención”, indicó.
El joven remarcó que su experiencia no representa a todas las favelas ni a todos sus habitantes, pero afirmó que vivir allí lo obligó a desarrollar una mayor capacidad para observar y adaptarse.
Vivir con miedo, pero continuar
A pesar de los episodios difíciles, Lucas decidió permanecer en Río de Janeiro. Con el tiempo, logró establecerse, encontrar trabajo y construir vínculos con vecinos, turistas y otros argentinos que viven en la ciudad.
Su relato muestra una parte poco visible de la experiencia migratoria: la necesidad de adaptarse a situaciones inesperadas y aprender a convivir con realidades distintas a las conocidas en Jujuy.
Actualmente continúa trabajando en las playas de Río y mantiene su vínculo con la provincia. En su carro lleva la bandera argentina y suele vestir camisetas de Gimnasia de Jujuy, una manera de mantener presente su identidad lejos de casa.
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