Como cada miércoles de Semana Santa miles de feligreses y decenas de bandas de sikuris emprenden el largo camino que separa el Santuario de Punta Corral con el barrio la Usina, en Tilcara. La travesía trascurrió entre la música y la veneración a la Virgen de Copacabana.

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En camino
En camino

El camino tuvo el relevo de los sikuristas que custodiaban a la Virgen. El tiempo acompañó, más allá del frío, y la fe fue un bálsamo para tanto esfuerzo físico. Luego de varias horas la Virgen llegó a su destino, bajo la emoción de los fieles.

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Pañuelos, canticos y lágrimas, fueron el común denominador del momento más conmovedor de la tarde-noche. Pasadas las 19.30 la Virgen llegó para quedarse y ser parte de los oficios religiosos en una ciudad que ya es parte de la historia de la Virgen.

La historia marca que en 1835, en los pastizales del Abra de Estancia Vieja, se encontraba Pablo Méndez y se le apareció una señora de una blanca cabellera reluciente. Antes que la aparición se diluyera, le recomendaba que al otro día volviera a buscarla. Roque Jacinto Torres le aconsejó que volviera al día siguiente y así lo hizo, pero la Señora no apareció, pero encontró una piedrita blanca, extraña y pequeña, que le recordaba la forma de la Virgen de Copacabana.

La Virgen en Tilcara

Méndez regresa llevando consigo la pétrea figura y pronto la noticia recorre distancias y muchos campesinos llegaron a Punta Corral para orar ante la “piedra”. Una vez en la iglesia de Tumbaya, la piedra desaparece y Méndez vuelve a buscarla donde la había encontrado. La Virgen, sin dudas, mostraba su deseo de permanecer en los ásperos pedregales del Abra de Punta Corral.

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Para acogerla dignamente, levantaron un pequeño oratorio donde se la venera por años. En 1970, comienzan los problemas entre las comunidades de Tilcara y Tumbaya, por comentarios de que la imagen no sería la verdadera. El cuarto esclavo, Alberto Méndez, dispone que la Virgen baje solamente a Tumbaya y pone a disposición de su pueblo natal, la imagen sagrada, porque “son los únicos dueños y depositarios de las tradiciones heredadas de sus antepasados”.

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