Alberto, un hombre que a pesar de tener una casa vivía en la calle, falleció anoche a causa de las bajas temperaturas que rondaron los cero grados. El hombre pernoctaba junto a otras personas en la misma situación de calle que él, y fue uno de sus compañeros quién descubrió que había muerto.
Se trata de la primera persona que muere a causa del frío en la provincia. Llevaba bastante más de seis años viviendo en esa situación.
René Casas, colaborador de la Fundación Valores para Crecer, es un conocido voluntario que junto a un equipo de jóvenes sale a recorrer las calles para brindar abrigo, alimento, y sobre todo, cariño y compañía a la gente en situación de calle.
Anoche, apenado por su situación escribió en su cuenta de Facebook quién era Alberto. Compartimos un fragmento de su narración.
Alberto era especial, y nos hacía sentir su aprecio. Estaba en la calle quién sabe desde cuando, porque nosotros lo visitábamos desde que empezamos (hace 6 años) y ya llevaba allí buen tiempo. Alberto tenía casa pero no tenía un hogar. Su mamá fue internada por problemas psiquiátricos hace años, y él había quedado en casa pero le costaba volver allí. La nostalgia le reventaba el corazón. Las consecuencias de la calle, en él, se notaban mucho. Hacía tres meses había partido también Marcusi, su mejor amigo, que para él fue un golpe bastante más duro del que nosotros pudimos darnos cuenta. Marcusi también murió en la calle.
La foto se la tomé hace ya varios años. Él me contaba muchas cosas y quería que yo le hablase, y luego de un tiempo yo logré contagiarle mi devoción por Santa Teresita. Al tiempo le traje ese Rosario y esa estampita de Lisieux. Cuando él estaba mal, me mostraba la estampita y me pedía rezar juntos. Así lo hacíamos. El me contaba que le rezaba a Santa Teresita cuando se sentía muy triste. Me lo contaba seguido. Muchas veces lloramos juntos, mientras yo apretaba muy fuerte sus manos.
¿Fallamos? Claro que sí… ¡¡claro que fallamos!! He recorrido casi toda la Provincia dando charlas en distintos auditorios y siempre digo lo mismo: aquí está faltando Amor. La gente que está en la calle no está en la calle porque no tenga casa, o porque no tenga comida, o porque no tenga trabajo. La gente termina en la calle porque le falta amor. Por eso no es tan fácil sacarlos de allí, porque no se trata de darles un techo, o un abrigo, o un plato de comida, o hacer que dejen de tomar y consumir. Así sería algo fácil. Se trata de trabajar el corazón, de curar sus heridas, de aliviar su dolor. Eso sólo se consigue con amor, no hay otra manera.
(…)
El lunes por la noche llegué a Hospedería San José a las 21 hs. Había mucha gente y me fui a la cocina, donde me divertí con las Voluntarias y nos hicimos algunas bromas.
Me mandaron a la mesa y allí compartí la cena con los Patroncitos de Hospedería. Éramos muchos, la hospedería está con todas las camas ocupadas, trabajando a full, porque el frío se hace sentir y los muchachos necesitan el calor de la hospedería. Me divertí muchísimo en la cena con Osvaldo, Aldo, Omar y Ale, quienes tenía a mi lado. La cena estaba deliciosa y así se lo hicimos saber a Rita, una de las cocineras. Yo había llevado una torta, porque estaba contento y tenía ganas de celebrar. Vino de maravillas para festejar el cumple de Ricardo, uno de nuestros muchachos.
Me retaron como siempre y me apuraron para salir, y en la puerta los Buscadores me pidieron, una vez más, que diga unas palabras antes de salir, tras lo cual, nos fuimos al parque y comenzamos a visitar a los muchachos que duermen en nuestras calles. Era una noche difícil, se había despejado el cielo y sabíamos que se venía encima un frío inusual. Nos costó mucho la salida, verlos así a los chicos, tan desprotegidos, tan vulnerables y tan solos. Estuvimos con los chicos en el parque, en la guardia de los hospitales, en la plaza, en la Legislatura, en la terminal y nos fuimos al mercado. Entregamos mucha ropa y calzado, las chicas abrigaron a los muchachos, y les hicieron algunas caricias. Servimos la comida y seguimos.
En el mercado encontramos sólo a 4 de los muchachos (normalmente son el doble). Estaban muy borrachos, pero también muy desabrigados. Se alegraron mucho al vernos llegar, las chicas les abrigaron, les pusieron remeras, camisas y swetears, y finalmente los cubrieron con sacos. Luego les dieron de cenar, y conversamos con ellos. Intentamos darles calor acariciándoles la cara y los hombros. Ellos nos miraban pero no podían hablar casi nada. Uno de ellos nos pidió fotos, y por eso nos sacamos varias (que se pueden ver en mi muro, bajo estas líneas). Luego nos juraron que iban a visitarnos el sábado. Los abrazamos, los volvimos a abrigar y nos fuimos.
Aunque estamos ya acostumbrados (hace 6 años hacemos esto), fue muy duro verlos así. Y estábamos tristes.
A las pocas horas de ese momento, Alberto se murió de frio.
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