El caballo se encontraba parcialmente sumergido en el arroyo, con evidentes problemas para mantenerse en pie. La zona presentaba barro y desniveles que complicaban cualquier intento de salida espontánea.
La prioridad fue estabilizar al animal y evitar que continuara ingiriendo agua. Para eso, el personal trabajó con cautela y evaluó el estado general del caballo antes de avanzar con el rescate.
Para la maniobra se utilizaron lingas, fajas y sogas, elementos que permitieron sujetar al caballo sin provocarle lesiones. El rescate se realizó de manera progresiva, con movimientos controlados para evitar caídas o un mayor nivel de estrés en el animal. Tras varios minutos de trabajo, el caballo logró salir del arroyo y quedó fuera de peligro.
Rescate de un caballo
El animal quedó a cargo de su dueño
Una vez puesto a salvo, el caballo fue contenido y observado para confirmar que se encontraba estable. Luego del procedimiento, el animal quedó bajo la responsabilidad de su propietario, quien se hizo presente en el lugar.