En la madrugada del 28 de mayo, una mamá se bajó desesperada de un remis con su nena de un año y dos meses en brazos y entró en la guardia del Sanatorio Los Lapachos. Iba camino a su casa en el interior de la provincia con su beba, que había dejado de respirar mientras tomaba la teta. La mamá no tenía obra social, pero la médica de guardia y el pediatra del sanatorio liberaron sus bronquios y pudieron estabilizarla.

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Esta historia conmovedora es al mismo tiempo el relato del trabajo diario de los médicos que hoy celebran su día. Los episodios donde salvan vidas se hacen cotidianos en la guardia, los quirófanos, los consultorios y los pasillos del Sanatorio Los Lapachos.

Pero además de cotidianos, hay casos extraordinarios e innovadores. En julio, después de más de diez años sin cirugías cardiovasculares pediátricas en la provincia, el equipo médico de este sanatorio realizó una exitosa corrección de cardiopatía congénita a una nena de siete años. Fue una cirugía alta complejidad que se convirtió en éxito gracias al trabajo profesional de un gran equipo médico.

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Y esos mismos cirujanos jujeños fueron quienes lograron salvar la vida de un hombre de 53 años alcohólico, de 48 kilos, con una grave insuficiencia cardíaca que le provocaba un 95% de probabilidades de fallecer y que llegó desde el hospital San Roque. En una cirugía urgente de altísimo riesgo la eficiencia de los médicos de Los Lapachos le salvó la vida contra todo pronóstico.

Pero la medicina no solo pasa por salvar vidas, sino también por mejorar la calidad de vida y el bienestar de la comunidad. Y la tecnología no queda afuera. Este año por primera vez se realizó un reemplazo total de hombro a una joven jujeña, que no solo mejoró su vida sino que también evitó que debiera trasladarse a otra provincia a recibir el tratamiento.

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Los médicos se ven cara a cara con los momentos más difíciles de la vidas de sus pacientes y que dedican sus propias vidas a lograr el bienestar de las personas.

El 3 de diciembre está dedicado a ellos en honor al médico cubano Carlos Juan Finlay Barrés, que descubrió que la fiebre amarilla se transmitía por el mosquito aedes aegypty.

Hoy les agradecemos su dedicación y celebramos su día.

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