"Vivimos entre el terror y la impotencia", comentaba Ignacia Sandia, que encabeza el departamento de psiquiatría. "Constantemente pensamos que no podemos hacer lo que deberíamos en el momento que podemos, y estamos aterrorizados de que los pacientes se suiciden y que no haya nada que podamos hacer por ellos".

Los suicidios están aumentando rápidamente en esta nación que una vez fue rica, pero particularmente en la montaña de Mérida, donde están alcanzando niveles nunca vistos. El Observatorio de Violencia de Venezuela, una organización no gubernamental, estima que la tasa de suicidios del estado fue de más de 19 por cada 100.000 en 2017. Solo 12 naciones tienen una tasa tan alta.

Tales muertes se están volviendo comunes en una población plagada de hiperinflación, hambre y emigración masiva. Xiomara Betancourt, una neuróloga que dirige los servicios de salud mental en Corposalud Mérida, el sistema de salud pública, culpó a la escasez de medicamentos antidepresivos y contra la ansiedad y a la soledad cuando los seres queridos se van.

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Mérida tiene aproximadamente 1 millón de habitantes. Los apagones sacuden la región. La escasez de gasolina y de transporte público obliga a los residentes a hacer autostop en las calles llenas de basura. Los estudiantes de la Universidad de los Andes han huido, llevándose consigo un optimismo contagioso.

A falta de cifras oficiales confiables, el Observatorio de la Violencia realizó una colecta de noticias en prensa y registros policiales y hospitalarios para documentar más de 190 suicidios en Mérida el año pasado. Muchas decisiones fatales, dicen los médicos y las autoridades, se toman por impulso.

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FUENTE: Infobae
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