¡Terrible!. 

Brasil: estaba en la escuela, fue a tomar agua y la mataron

Beatriz Mota había ido junto a su familia a la graduación de su hermana mayor. Luego de 6 años, la semana pasada se señaló al culpable.

Es de noche y en el colegio privado Nuestra Señora Auxiliadora de Petrolina, Pernambuco, Brasil, están de festejo. Es la graduación de Samira Mota y sus compañeras que acaban de terminar tercer año de la secundaria.

Sus hermanos menores, Leandro y Beatriz Angélica Mota -nacida el 11 de febrero de 2008, 7 años- están también allí, celebrando. Beatriz, sentada con sus padres, escucha atenta la entrega de diplomas. Este también es su colegio y se siente cómoda porque conoce a casi todos. De hecho, su padre Sandro Romilton (en Brasil los hijos llevan primero el apellido de la madre) es profesor de inglés de la institución y participa de algunos tramos de la ceremonia.

La familia entera lleva puestas unas remeras blancas que mandaron a hacer con la cara de Samira. Es parte del homenaje a la graduada. Beatriz sacude su largo pelo castaño y siente sed. Se acerca a su madre Lucinha Mota (congresista) y le avisa que bajará de donde están sentadas para tomar agua de los bebederos.

En el lugar, uno de los colegios más prestigiosos de la zona, están congregadas cerca de 2000 personas. De todos los ingresos del establecimiento, solo la puerta principal, donde hay seguridad contratada, está habilitada. Las familias se sienten cuidadas.

La madre de Beatriz espera sentada a que su hija vuelva de tomar agua. Mientras, Sandro está tomándose fotos con sus alumnos. Pasan los minutos. Beatriz demora, Lucinha se inquieta. Se levanta y va a buscarla entre la gente. A las 10.25 Lucinha le avisa a Sandro que no la encuentra.

A las 10.43, Sandro se sube resuelto al escenario e interrumpe a la banda musical que está tocando. Solicita el micrófono para llamar a Beatriz.

No pasa mucho tiempo más hasta que un guardia de seguridad la encuentra en un espacio pequeño, ennegrecido por el humo. Es un depósito donde se guardan los elementos de un gimnasio en desuso. Un incendio provocado intencionalmente por alumnos, tiempo atrás, ha dejado este sector abandonado. Entre el hollín, envases de productos de limpieza y cables… está la pequeña Beatriz.

Son las 22.50. Han pasado 41 minutos desde la sed, pero ya es demasiado tarde. Su cuerpo tibio tiene, lo confirmarán los forenses más tarde, 42 cuchilladas. El arma, un cuchillo con mango de madera, está todavía clavada en su abdomen.

A las 23, el lugar está repleto de miembros de la policía militar. Sirenas y llantos se entremezclan generando una sinfonía escalofriante. Un pandemónium.

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¿Qué cosas estaban probadas en la investigación?

-Tenían el ADN y una huella dactilar obtenidas del cuchillo utilizado en el homicidio. Faltaba con quién compararlos.

-Había certeza de que no se concretó ningún abuso sexual.

-Días antes del crimen había desaparecido un llavero con tres llaves que daban acceso a todas las entradas y salidas del colegio.

-Un sospechoso o identificado de remera verde había deambulado por el colegio intentando acercarse a dos niños antes que a Beatriz.

Comenzado el 2022, vendría otro logro muy oportuno para las cuestionadas autoridades. La policía científica del Instituto de Genética Forense Eduardo Campos de Recife, quienes llevaban mucho tiempo cotejando el ADN hallado en el arma homicida con el de los criminales detenidos, encontraron una coincidencia total. Habían cotejado unos 125 ADN cuando saltó un resultado: Marcelo da Silva, 40 años.

El oscuro personaje, en 2011, había sido acusado por estupro contra una menor de 12 años y, luego, había sido encarcelado por un robo en un supermercado. El 10 de enero de 2022, da Silva, quien estaba detenido por otro delito en la cárcel de Salgueiro desde 2016, fue confrontado con el hecho. Confesó el crimen.

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