De repente, la plataforma que conectó a la humanidad como jamás ocurrió se convirtió en el archienemigo del mundo. Facebook afronta una de las denuncias por abuso de datos más grandes de la historia y, por primera vez desde su fundación, el futuro de la compañía resulta incierto.

Aunque este escándalo que lo sacude hasta sus cimientos es en realidad el último gran temblor de una serie de polémicas que golpearon a la firma de Mark Zuckerberg durante los últimos cinco años. En 2013, fue señalada por colaborar con el FBI en el desarrollo de PRISM, un programa clandestino de vigilancia digital para seguir el comportamiento de diferentes usuarios.

En 2014, Facebook debió disculparse por realizar un experimento psicológico con 700.000 personas. En su intención por determinar que “las emociones expresadas por otros en las redes sociales influyen en nuestro estado de ánimo”, la compañía manipuló a parte de su comunidad enviándole contenido de connotación positiva y, a otra parte, contenido de connotación negativa.

Mientras que a mediados de 2016, después de que un exempleado denunciara la manipulación de contenidos, la empresa reemplazó a los periodistas de su equipo de Tendencias por una herramienta que automatizara qué mostrar y con qué relevancia. Una jugada que terminó por provocarle toda una pesadilla: la exposición de noticias falsas.

Las tan temibles fake news coparon la red social y, sin que nadie se diera cuenta, signaron la última campaña presidencial de los Estados Unidos. A pesar de que en un primer momento Zuckerberg declaró que era una locura pensar que un contenido falso pudiera determinar la preferencia del electorado, meses más tarde, en septiembre de 2017, al líder de la red social no le quedó más remedio que reconocer el Rusiagate.

Unas 3.000 noticias falsas que perjudicaron a Hillary Clinton, rival de Donald Trump, surgieron de grupos rusos que llegaron a invertir 100.000 dólares para que las mismas lograran viralidad. “Estamos trabajando activamente con el gobierno de los Estados Unidos sobre la interferencia rusa”, explicó el empresario de 33 años, totalmente abatido.

A partir de ahí, el gigante digital encumbró un camino sin escalas hacia el mayor de los escándalos: es que la primera medida que adoptaron desde la compañía de California fue regresar a sus bases de red social y desligarse de su mote de “principal editor de noticias del mundo”. En febrero, Facebook anunció que en los muros de los usuarios volvería a mostrarse más contenidos de familiares y amigos y menos noticias.

Una estrategia que le valió en estas últimas semanas la peor de las guerras contra los medios de comunicación más poderosos del mundo, que durante muchos años fueron seducidos por la empresa para que volcaran sus contenidos dentro de esa plataforma e invirtieran recursos y equipamiento para optimizar su exposición en la red.

Facebook les quitó uno de sus principales canales de audiencia, un detalle que se traduce directamente en menos ingresos publicitarios. Algunos manifestaron su disconformidad artículo tras artículo, otros dejaron de utilizar algunas de las herramientas que impulsaba la red social para medios asociados, y los más radicalizados, como el diario Folha de Brasil, directamente dejaron de publicar sus contenidos.

Hasta que este fin de semana, The New York Times reveló la historia que terminó por darle a Facebook la más dolorosa de las estocadas: una filtración de datos de más de 50 millones de usuarios para que una empresa privada pudiera utilizarlos a favor de Trump en las elecciones presidenciales.

El escándalo:

La agencia Cambridge Analytica, propiedad del principal donante de la campaña de Trump, Robert Mercer, abusó de los datos de esos usuarios para identificar las personalidades de los votantes estadounidenses e influir en sus comportamientos.

A través de una segmentación psicográfica, que consiste en estudiar los valores, intereses y estilos de vida de las personas, se les envió determinado tipo de contenido. Siempre favoreciendo la candidatura de quien finalmente, contra todos los pronósticos, se convirtió en el 45º presidente de los Estados Unidos.

“Todas esas piezas de información, puestas juntas, crean un retrato digital de quién eres y se transforman en una herramienta de guerra psicológica”, explicó Christopher Wylie, exempleado de la agencia que participó de ese trabajo.

Trabajo que convirtió aquella imagen de proyecto universitario ingenuo con el que cuatro jóvenes estudiantes de Harvard intentaron relacionar a la población estudiantil de Cambrigde en la casa del peor enemigo de estos tiempos. Cómo será, que usuarios de todo el mundo llaman a desuscribirse de la red social, Gobiernos de varios países le exigen explicaciones directamente a Zuckerberg, y la bolsa registró una pérdida de 50.000 millones de dólares para Facebook en tan solo la primera semana del escándalo.

visitimg

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