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Por qué la vacuna nasal puede ser el próximo paso

Existen desarrollos de vacunas nasales en Estados Unidos, Argentina, Rusia y Reino Unidos, entre otros países. Conoce cuales son las ventajas de su utilización.

La variante Ómicron del coronavirus ha sobresalido por sobre el resto por su elevada transmisibilidad con respecto a todas las anteriores. Fue detectada en noviembre del año pasado y generó olas significativas de COVID-19 en la mayoría de los países, y provocó nuevos repuntes durante los últimos sesenta días incluso entre personas que ya estaban inoculadas. Para el futuro, en la actualidad ya se pone cada vez más dedicación al desarrollo de una vacuna nasal que podría impedir el ingreso del coronavirus al organismo humano.

Si bien las vacunas que ya se encuentran a disposición se inyectan y protegen a las personas contra la enfermedad grave, la hospitalización y la muerte si se contagian coronavirus. Ahora hay científicos que están apuntando más a directamente a impedir que se adquiera la infección. Aguardan lograrlo con el desarrollo de vacunas que se coloquen con un spray nasal. La intención que tienen como motor es bloquear la posibilidad de entrada del virus completamente en personas sanas.

“Las vacunas nasales contra el COVID-19 pueden tener beneficios en este momento de la pandemia. Entre otras ventajas, una posibilidad es que frenen los contagios”, le manifestó a los colegas de Infobae el doctor Guillermo Docena, investigador del Conicet y la Universidad Nacional de La Plata. El especialista está dirigiendo el desarrollo de un tipo de vacuna nasal en la Argentina, que en estos días se encuentra en la etapa de estudios pre-clínicos.

Con el inoculante nasal, se pasaría de la inyección en el brazo a la inhalación por la nariz. Se podría crear un muro de inmunidad justo en el lugar en el que los virus encuentran su punto de apoyo y se cortaría la propagación del virus. De esta forma, se evitarían incluso las infecciones leves por la variante Ómicron y sus sublinajes o por alguna otra variante que podría aparecer.

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La comunidad científica global está teniendo un debate respecto a si se debe seguir con más dosis de refuerzo en los próximos meses o si hay que modificar la estrategia en el tipo de vacunas que se aplican. En marzo, el gobierno de los Estados Unidos dio a conocer en marzo pasado el Plan Nacional de Preparación contra el COVID-19 e hizo hincapié en la necesidad de reiniciar las vacunas para adaptarlas a las variantes dentro de los 100 días siguientes de su aparición y de desarrollar una vacuna universal. En otras palabras, una vacuna “que proteja contra el COVID-19 y todas sus variantes, así como contra futuras amenazas de coronavirus emergentes”.

La científica Akiko Iwasaki, inmunóloga de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, en los Estados Unidos, había manifestado a principios del año pasado que pensaba en su investigación sobre la vacuna nasal como preparación para la próxima pandemia. Pero Ómicron le adelantó los planes.

“Al ver todas estas nuevas variantes que son mucho más transmisibles y que hacen que nuestras vacunas sean inútiles para la prevención de la infección, fue cuando nos dimos cuenta de que podríamos tener la oportunidad de aportar algo durante esta pandemia”, expresó Iwasaki al diario The Washington Post.

Iwasaki ya confeccionó un aerosol nasal consistente en la proteína de la Espiga en una suspensión salina. Esta estrategia no funcionaría como primera ronda de vacunación pero que podría ser potente como refuerzo. Por medio de una licencia, la tecnología fue ofrecida a la empresa Xanadu Bio, en la que Iwasaki es cofundadora.

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Hay varios proyectos para desarrollar vacunas nasales en marcha o para evaluar sus beneficios. Los científicos de los Institutos Nacionales de Salud y de la Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado -conocida como BARDA- de los Estados Unidos se encuentran analizando un conjunto de conceptos de vacunas de nueva generación, incluidos los que desencadenan la inmunidad de las mucosas y podrían detener la transmisión.

El proceso es parecido al usado para priorizar las candidatas vacunales a recibir miles de millones de dólares de inversión por medio del programa original de la Operación Warp Speed en 2020. No obstante, Karin Bok, directora de Preparación para la Pandemia y Respuesta de Emergencia del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, manifestó que todavía no tienen los fondos requeridos.

Uno de los especialistas de ese Instituto es Robert Seder. Con su grupo de colaboradores, ponen a prueba las vacunas contra las variantes en animales, y han establecido comparaciones de las vacunas puntuales para las variantes con la inyección original de la empresa biotecnológica Moderna. En febrero pasado hallaron que un refuerzo regular de Moderna brindaba una protección tan sólida contra la variante Ómicron en monos como una inyección específica para esa variante.

A la vez, los investigadores israelíes comunicaron que aunque una cuarta inyección incrementaba los anticuerpos que bloquean el virus. Sin embargo, no lograba eliminar las infecciones. Las personas inoculadas que enfermaron también poseían muchos virus en sus narices. Esto quiere decir que pueden contagiar a otros. Otro estudio halló que una cuarta inyección sí colaboraba para disuadir las infecciones, pero el efecto era de corta duración.

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Al considerar la situación epidemiológica actual del COVID-19, las vacunas a disposición y los refuerzos, el doctor Seder y sus colegas se focalizan ahora en el diseño de un experimento de laboratorio que establece comparaciones de las primeras vacunas nasales para ver cuáles son las más prometedoras.

En Georgia, Estados Unidos, la empresa CyanVac se encuentra efectuando un ensayo en en Fase I con 60 pacientes que no han sido inoculados con otras vacunas contra el COVID-19 y que no han tenido la infección. Esa vacuna nasal contiene una versión de un virus que es utilizada para vacunar a los perros contra la tos de las perreras y que ha sido alterada para incluir la proteína de la Espiga que se encuentra en el exterior del coronavirus.

Los investigadores de esa empresa son los encargados de hacer ese ensayo con la idea de que el virus canino se multiplique durante un tiempo limitado en la nariz de las personas, enseñe a su sistema inmunitario a reconocer la proteína del coronavirus y a bloquear al verdadero patógeno. El virus usado en la vacuna es inofensivo para los seres humanos.

Otros desarrolladores de vacunas usan distintas tecnologías subyacentes. En el caso de la vacuna ArgenVac, en la que se encuentra trabajando el doctor Docena y su equipo de colaboradores, con apoyo de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i), se lleva adelante con dos formulaciones: una sería por inyección y otra por vía nasal. Para diagramar los esquemas de producción a mayor escala, también se incorporó a la empresa biotecnológica GIHON.

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“Para desarrolla la vacuna ArgenVac, usamos un dominio de unión a receptor que es la porción de la proteína Espiga del coronavirus que se une a las células humanas. Lo que hacemos es sintetizarlo en levaduras”, detalló Docena.

“La ventaja de una vacuna nasal es que genera fuerte inmunidad localizada en el tejido donde el virus ingresa. También genera una respuesta humoral y celular. Porque se producen linfocitos de memoria residentes que quedan en la mucosa y actuan más rápido como dosis de refuerzo. Además, la dosis nasal es más fácil de administrar y se evita el rechazo por el pinchazo”, aseguró Docena.

Vaxart, una empresa de San Francisco, está poniendo a prueba una píldora que contiene una versión inofensiva de un virus asociado al resfriado común. El virus no puede hacer copias de sí mismo. Por lo cual no puede generar una infección, pero está equipado con la proteína de la Espiga del coronavirus y se ha demostrado en los primeros estudios que produce una respuesta inmune en la nariz.

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En tanton, en Nueva York, los investigadores de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí llevaron adelante una vacuna intranasal que está repleta de un virus que suele generar estornudos, tos y caída de alas en los pollos, pero que ha sido cambiado para incluir la proteína de la Espiga del coronavirus. Los investigadores de Meissa Vaccines, en California, usan una versión del virus respiratorio sincitial que ha sido debilitada y cubierta con la Espiga de coronavirus.

La Universidad de Oxford ha estado poniendo a prueba una versión intranasal de la vacuna que sus científicos han llevado adelante con la empresa AstraZeneca. En la India, Bharat Biotech también está probando una vacuna intranasal. Semanas atrás, el Ministerio de Salud de Rusia registró una versión nasal de la vacuna contra el COVID-19 Sputnik V, que fue desarrollada por el Instituto Gamaleya de ese país.

Pero conseguir que las vacunas nasales demuestren una mayor eficacia y seguridad con respecto a la primera generación de inoculantes contra el COVID-19 será difícil. La empresa de biotecnología de Maryland, Altimmune, frenó el desarrollo de su vacuna nasal por “respuestas inmunitarias inferiores a las esperadas”, según anunció la empresa el año pasado.

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