Titán es el primer perro que presta terapia de asistencia judicial en el país. Cumple una función exclusiva ya que interactúa con niñas, niños y adolescentes que deben declarar como víctimas o como testigos en causas de abuso, maltrato, lesiones, grooming o violencia de género.

Se trata de un sistema que ya se implementa en países como Estados Unidos, Canadá, Francias, España y Chile. Titán se incorporó hace un mes al Ministerio Público Tutelar de la ciudad de Buenos Aires.

En el Ministerio Público Tutelar, los chicos -a veces víctimas directas, a veces víctimas indirectas, ya no declaran en una Cámara Gesell: esto evita que tengan que pasar por donde está el imputado antes de entrar a la entrevista.

Titán está en la antesala de donde se hace la entrevista. Los chicos llegan, están un rato con él, y eso los descomprime, los alivia, les hace bajar el nivel de estrés. Cuando salen de declarar, vuelven a estar con él: eso hace que rápidamente conecten con algo que les hace bien, y salgan del relato que acaban de dar.

El perro tiene 5 años y es muy obediente: se sienta cuando le dicen, se recuesta cuando le dicen, se queda quieto cuando le dicen. Y jadea cada vez más rápido cuando las caricias se le acercan a las orejas.

Según los psicólogos, “el contacto con el perro antes de entrar disminuye la angustia y la ansiedad de los chicos, y el juego al salir neutraliza la movilización emocional que les genera volver sobre un hecho que les generó un trauma".

Desde que llegó al Ministerio Público Tutelar,Titán recibió y esperó a cuatro chicos que declararon en la Sala de Entrevistas Especiales y estuvo en el momento en el que se produjeron dos revinculaciones entre familiares.

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Más sobre Titán

Titán llega todas las mañanas con Carlos Agudo: es su criador, su entrenador y un empleado del Ministerio que, desde hace un tiempo, circula por el edificio con comida para perro en una riñonera.

Más adelante cuenta que “Titán fue el más equilibrado de la camada, en su entrenamiento recibió educación que consistió en enseñarle a ser un perro de terapia para chicos. Que si le tiran de las orejas o de la cola, o si lo pisan, lo tome como un juego".

"Es una desensibilización: hacés todo eso jugando y el perro aprende que es un juego. Lo premiás cuando sale bien, y el castigo es no premiarlo. Nunca pegarle", concluyó el entrenador.

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