El hallazgo de documentos permite comprobar cómo los símbolos se fueron imponiendo paulatinamente más que por la fuerza o por imperio de la ley, por la voluntad del pueblo que los adoptó, pueblo que al sentir nacer la Patria sintió también el imperativo de darse las imágenes que la representarían ante sus ojos y fueran el trasunto de su soberanía.

Como antecedente de la selección de los colores patrios tenemos que el Cabildo de Buenos Aires de 1649 resolvió que sus armas fueran las que en el libro de actas quedaban pintadas. Pero solo fueron dibujadas a tinta, sin ningún color. En el escudo así adoptado, figuraba en la parte inferior un mar o río con ondas y un ancla, símbolo del puerto del Río de La Plata. Su color era correspondiente el argento. En la parte superior, se diseñó una paloma en vuelo considerándose al cielo de color azul. Este es el antecedente más antiguo que se ha hallado y que, interpretado así, puede ser el origen de nuestros colores: los del cielo y la plata.

Otro antecedente es el Consulado de Buenos Aires de 1794, del que Belgrano fue secretario. Allí se usaba una bandera blanca y azul celeste. Quizás han querido ver un origen religioso en los colores de la Patria sosteniendo que el Consulado, al ponerse bajo la protección de la Purísima, tomó de ésta los colores. La banda de Carlos III de España (1716–1788) era azul celeste y blanca. Y la condecoración de la Orden por él creada llevaba una cinta de los mismos colores.

Durante los preparativos para prevenir la segunda invasión inglesa, el Regimiento de Patricios de Buenos Aires usó un penacho blanco y azul celeste, color éste último que ningún otro cuerpo usaba en su uniforme. Al referirse a los Patricios, Bartolomé Mitre hace mención a este color en su “Historia de Belgrano”.

La mujer porteña, que tan destacada actuación tuvo en la expulsión del invasor, comenzó a utilizar en esos tiempos rebozos con los colores del pompón de los Patricios, identificándose con la causa: azul celeste con ribete blanco. Quedó así sentado que fue la mujer argentina quien divulgó los que serían los colores nacionales. Fueron ellas las que tanta y decisiva intervención tuvieron en los sucesos de Mayo y en la epopeya que los siguió.

French, Azcuénaga y Beruti

Durante las primeras horas de la mañana del 25 de mayo, en la casa de Miguel de Azcuénaga, estaban reunidos varios de los promotores del movimiento revolucionario esperando el momento de obrar si llegaba el caso. Entre éstos, estaba French y cuando se conoció la noticia de que el Cabildo no accedía a las aspiraciones de los patriotas, los que estaban en lo de Azcuénaga se dirigieron a la plaza.

French, al llegar a la plaza al frente de los patriotas que acaudillaba, tuvo que ver que gran parte de la multitud allí reunida ya llevaba la divisa blanca y celeste y entonces fue cuando entró en una tienda de la recova, compró cintas de esos colores y las distribuyó entre los suyos, siendo Beruti el primero de ese grupo que se colocó ese distintivo.

A ciencia cierta, no se puede afirmar con seguridad cuál ha sido el preciso origen de los colores patrios. Todo lo que puede hacerse hasta hoy es dejar establecido que se usaron en varias ocasiones hasta llegar al penacho de los Patricios. De allí, pasaron al rebozo de las damas porteñas y al ojal y sombreros de los patriotas.

Tanto el 25 de Mayo de 1810 como en días anteriores, esos colores fueron divisa de quienes querían un gobierno propio y luego de ese pronunciamiento tuvieron el carácter de distintivo partidario. Después de la revolución, algunos cuerpos del Ejército usaron esos colores como escarapela, al tiempo que otros continuaban llevando el rojo de la monarquía, a pesar de obedecer a las nuevas autoridades.

La escarapela en los documentos oficiales

Hasta aquí, la cucarda había tenido el carácter de divisa popular. Llegamos, ahora, a la parte documentada y a su uso oficial que quedó consagrado el 18 de febrero de 1812 al dar el Triunvirato un decreto en ese sentido.

“En acuerdo de hoy, se ha resuelto que desde esta fecha en adelante, se reconozca y use la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, declarándose por tal la de dos colores: blanco y azul celeste; y quedando abolida la roja con que antiguamente se distinguían. Se comunica, a V. S. para los efectos consiguientes a esta resolución”. Dios guarde a V. S: muchos años. Buenos Aires, febrero 18 de 1812. Firman: Feliciano Antonio Chiclana, Manuel de Sarratea, Juan José Paso, Bernardino Rivadavia (Secretario)

Conforme al borrador existente en el Archivo General de la Nación, esta medida se comunicó a los gobiernos de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Corrientes, Salta, Mendoza, San Juan, San Luis, Jujuy, Catamarca y La Rioja, como también al jefe del Estado Mayor y a los generales Belgrano, Pueyrredón y Artigas.

Con esta resolución, se puso término a lo peligroso que era en las batallas el encuentro cuerpo a cuerpo de soldados portadores de iguales divisas, lo que podía ocasionar confusiones lamentables. Belgrano, notificado de la resolución sobre el uso de la escarapela nacional, prontamente la hizo colocar a sus soldados y lo hizo saber al Triunvirato.

El Día de la Escarapela fue instituido por el Consejo Nacional de Educación en 1935.

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