El mandatario estadounidense, Donald Trump, recibirá este jueves en la Casa Blanca al presidente chino, Xi Jinping, para mantener una cumbre bilateral atravesada por el intento de afianzar la estabilidad entre ambos países. Sin embargo, el encuentro también estará condicionado por los desacuerdos que Washington y Beijing mantienen.
Dichos contrapuntos se reflejan en diversos temas, como Taiwán, Irán, las relaciones comerciales y el desarrollo de la inteligencia artificial. El encuentro marcará el segundo cara a cara entre los dos presidentes durante este año y, además, representará el primer viaje de Xi a Washington en más de diez años.
Donald Trump y un recibimiento especial para Xi Jinping
El miércoles por la tarde, Trump recibió al mandatario chino y a su esposa, Peng Liyuan, cuando arribaron a las cercanías de la capital estadounidense, en una recepción que ya dejó en evidencia el marcado carácter protocolar que tendrá la visita.
La visita de Xi Jinping comenzó con un recibimiento especialmente preparado para poner de relieve la relevancia del encuentro entre ambas potencias. Como parte de la agenda oficial, Trump encabezará una ceremonia de Estado que tendrá diferentes escenarios dentro de la residencia presidencial, entre ellos el jardín sur de la Casa Blanca, la planta principal y el jardín de las rosas. El programa también contempla una cena junto a empresarios y figuras vinculadas al sector tecnológico.
En un comunicado publicado durante la noche del miércoles por la agencia estatal china Xinhua, Xi manifestó su intención de avanzar hacia un vínculo más previsible y estable con Washington. En ese sentido, remarcó que China y Estados Unidos deben ser “socios, no rivales” y aseguró que la “lógica histórica de la coexistencia pacífica” entre las dos naciones permanece sin modificaciones.
El encuentro se produce luego de que Washington y Beijing resolvieran mantener vigente la tregua comercial que originalmente tenía como fecha de vencimiento el 10 de noviembre. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, confirmó el miércoles que las partes alcanzaron un entendimiento para extenderla hasta el 10 de enero, tras las negociaciones que mantuvo con el viceprimer ministro chino, He Lifeng.
La prórroga permite conservar en suspenso el conflicto comercial entre las dos potencias, cuyos aranceles recíprocos llegaron a ubicarse por encima del 100%. Durante el encuentro presidencial, además, podrían analizarse eventuales reducciones de determinados aranceles, acciones para enfrentar el narcotráfico, una ampliación de los contactos entre las fuerzas militares y la situación de ciudadanos estadounidenses que permanecen detenidos en China.
El funcionario estadounidense encargado de las relaciones comerciales, Jamieson Greer, adelantó este mes que Estados Unidos y China podrían comunicar nuevos acuerdos vinculados con el sector agropecuario y las barreras comerciales que no están relacionadas con los aranceles. Además, indicó que Beijing continúa avanzando en el compromiso asumido para adquirir 200 aviones Boeing, aunque evitó precisar si habrá nuevos pedidos por encima de esa cifra.
La inteligencia artificial también aparece como uno de los temas que podrían ser tratados durante el encuentro. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ya mantuvo conversaciones sobre esta cuestión con He Lifeng, mientras que el secretario de Estado, Marco Rubio, indicó que Washington evalúa crear “el equivalente a una línea directa como la que teníamos durante la Guerra Fría”. El objetivo sería contar con un canal de comunicación que permita prevenir situaciones capaces de generar consecuencias sobre las economías y las sociedades de ambos países o, en un escenario más grave, derivar en un enfrentamiento entre Estados.
La cena de Estado reunirá además a destacados representantes de las mayores empresas tecnológicas de Estados Unidos. Entre los invitados estarán Jeff Bezos, de Amazon; Sam Altman, de OpenAI; Jensen Huang, de Nvidia, y Mark Zuckerberg, de Meta.
A pesar de los avances en las negociaciones, Estados Unidos conserva restricciones para vender a China tecnología de última generación, una política que el gobierno de Beijing pretende modificar para facilitar el acceso a estos recursos. En este contexto, la carrera por el desarrollo de la inteligencia artificial se mantiene como uno de los principales focos de tensión entre ambas potencias.
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Taiwán, uno de los principales puntos de tensión
La situación en torno a Taiwán también ocupará un lugar relevante en las conversaciones entre ambos mandatarios. Beijing sostiene su reclamo de soberanía sobre la isla y reclama a Washington que ponga fin de manera definitiva al suministro de armamento destinado a Taipéi. De acuerdo con fuentes consultadas por Reuters, Xi podría volver a llevar este planteo a la mesa durante su reunión con Trump y también en la visita que los dos líderes realizarán el viernes a los Archivos Nacionales de Estados Unidos.
Luego del encuentro que mantuvieron en mayo, Trump reveló que había decidido mantener detenido un paquete de armamento destinado a Taiwán, cuyo valor estimado rondaba los 14.000 millones de dólares. En aquella oportunidad, el mandatario estadounidense definió esa decisión como “una muy buena baza para la negociación”.
La cuestión de Taiwán constituye uno de los principales puntos de discusión en el vínculo entre Washington y Beijing. Mientras el gobierno chino sostiene que la isla forma parte de su territorio, Estados Unidos tiene compromisos establecidos por ley para brindar a Taipéi recursos destinados a su defensa.
La guerra con Irán también estará sobre la mesa
El enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán será otro de los temas que podrían aparecer durante las conversaciones. Washington pretende que China aproveche sus vínculos con Teherán para ayudar a encontrar una vía que permita poner fin a las hostilidades, aunque Beijing expresó su rechazo a las operaciones militares llevadas adelante por Estados Unidos e Israel contra territorio iraní.
La situación también representa un desafío para los intereses económicos de China, dado que el país asiático mantiene una fuerte dependencia de los recursos energéticos que obtiene a través de los países del Golfo Pérsico.
Beijing desestimó los pedidos del gobierno de Trump para que empleara su capacidad de influencia sobre Irán. En paralelo, Xi manifestó su inquietud ante lo que consideró una vuelta a la “ley de la selva” como criterio predominante en los vínculos entre los distintos países.
La situación de Venezuela suma otro foco de diferencias en la relación entre Washington y Beijing. La Administración Trump instó a distintos gobiernos de América Latina a disminuir sus relaciones económicas y políticas con China y relacionó sus decisiones respecto del petróleo venezolano con el peso que tienen China y Rusia en ese país.
Aun con los desacuerdos que persisten entre Washington y Beijing, los dos gobiernos procuran impedir que las tensiones terminen profundizando el distanciamiento entre ambos países. En ese marco, el exasesor de la Administración de Barack Obama, Ryan Hass, sostuvo que las conversaciones estarán orientadas a alcanzar “pequeños avances y evitar el conflicto”.
Por su parte, el exsubsecretario de Estado Kurt Campbell interpretó la cumbre como una instancia en la que también tendrá peso la manera en que ambos presidentes buscan mostrar y consolidar su capacidad de liderazgo y poder.
“Esto es realmente la reencarnación histórica de lo que en la antigüedad solíamos llamar combate singular: hombres muy poderosos, cada uno representando a su civilización, midiéndose y enfrentándose cara a cara”, afirmó.
Además del encuentro actual, Trump procura sostener un canal de diálogo personal con Xi Jinping y aspira a que el mandatario chino viaje en diciembre a la cumbre del G20, que está programada para realizarse en su resort de Doral, Florida. Del otro lado, Xi espera contar con la presencia de Trump en la reunión de APEC, que tendrá lugar en noviembre en Shenzhen, China.
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