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6 de mayo de 2026 - 13:33
Sociedad.

¿Por qué nos gusta tanto el chisme? La explicación de un sociólogo

El sociólogo Juan Guzmán vinculó el chisme con la evolución humana y aseguró que funciona como una forma moderna de conexión social.

Ramiro Menacho
Por  Ramiro Menacho

El chisme suele cargar con una mirada negativa. Sin embargo, desde las ciencias sociales existen teorías que lo ubican como una práctica ligada a la construcción de vínculos y a la organización de las comunidades. Esa fue la idea que desarrolló el sociólogo Juan Guzmán, quien analizó el fenómeno desde la antropología evolutiva y la etología para explicar cómo el ser humano transformó antiguas conductas animales en formas modernas de relación social.

Durante su exposición, Guzmán sostuvo que el interés por la vida de los demás no aparece únicamente como una cuestión cultural, sino también como una herramienta heredada de los primeros grupos humanos. “Las ciencias sociales en general se dedicaron históricamente a analizar qué está pasando con el chisme. Para algunos es algo malo y para otros bueno, pero siempre se replica”, expresó.

El especialista planteó que el fenómeno necesita observarse desde distintas disciplinas. “Propongo una mirada desde la ciencia. Necesitamos dos disciplinas: la antropología evolutiva y la etología”, señaló.

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El vínculo entre evolución y sociedad

Según explicó Guzmán, la antropología evolutiva permite entender cómo la biología y el entorno modificaron la psiquis humana a lo largo del tiempo y dieron forma a la cultura. En paralelo, indicó que la etología aporta herramientas para estudiar los comportamientos animales y detectar qué rasgos aún permanecen en las personas.

“Sirve para ver cómo se comportan los animales y qué de esa animalidad perdura hasta nuestros grados de evolución”, afirmó.

En ese marco, el sociólogo puso como ejemplo el comportamiento de los monos cuando se acicalan entre sí. Según describió, esa práctica no solo cumple una función física, sino también social. “Empiezan a tener conciencia del otro. Saber a quién le pueden hacer caricia y a quién no”, detalló.

El número de la aldea y las relaciones humanas

Guzmán remarcó que las sociedades humanas crecieron a una escala muy superior a la de otros grupos animales y eso modificó las formas de interacción. “En sus sociedades son como mucho 150. Tenemos algo que heredamos de ellos: relacionarnos con hasta 150 personas. Es el número de la aldea”, explicó.

El sociólogo recordó que las primeras aldeas humanas también rondaban esa cantidad de integrantes y sostuvo que el cerebro humano conserva todavía esa lógica de cercanía limitada. En ese contexto, planteó que el lenguaje reemplazó al contacto físico como herramienta de integración social.

“Con la desaparición del acicalamiento aparece el lenguaje y cuidamos a través de él”, expresó.

A partir de esa transformación, el chisme comenzó a ocupar un rol clave dentro de las comunidades. “Hablar no es algo malo. Aprendemos a ver a través de eso a quién podemos ‘acicalar’”, indicó.

Chisme
Chisme.

Chisme.

El chisme como herramienta social

Para Guzmán, hablar de otras personas permite ordenar el mundo social y comprender el lugar que ocupa cada integrante dentro de un grupo. “Hablamos de esa pequeña tribu que podemos conocer. Saber del otro, saber quién es, qué le gusta y qué lugar ocupa en la sociedad”, explicó.

El sociólogo afirmó que el chisme funciona como una forma de interés colectivo y de reconocimiento mutuo dentro de la comunidad. “El chisme es el interés por la comunidad y por el otro”, sostuvo.

En la misma línea, señaló que esa práctica ayuda a identificar características y roles dentro del entorno social. “Estoy viendo las características de esa persona, sabiendo para qué sirve en la aldea. Lo ubicás en un panorama del mundo social”, expresó.

La importancia de recuperar espacios de encuentro

Durante el análisis, Guzmán también vinculó el crecimiento de las grandes ciudades y el aislamiento cotidiano con la pérdida de los espacios de socialización. Según indicó, la conversación cara a cara todavía conserva un papel central en la vida comunitaria.

“El chisme es hoy la única manera de acicalarnos”, aseguró.

Por ese motivo, planteó la necesidad de recuperar lugares públicos destinados al encuentro entre personas. “Tenemos que recuperar el espacio, las plazas”, afirmó.

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