En casi cualquier cocina es posible encontrar al menos una humilde cebolla, pues es un ingrediente tan delicioso que es difícil pensar en una cultura que no la use.
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SUSCRIBITEEn casi cualquier cocina es posible encontrar al menos una humilde cebolla, pues es un ingrediente tan delicioso que es difícil pensar en una cultura que no la use.
Pero además de su sabrosura, se cuenta entre las plantas medicinales importantes por sus poderes curativos. Como el ajo, es miembro de la familia de las liliáceas, que se caracterizan por su fuerte olor y sabor.
Tradiciones curativas
Las cebollas fueron usadas como medicina preventiva durante las epidemias de cólera y la peste. Aparentemente, el emperador romano Nerón las comía para curar resfríos. También se dice que frotar ampollas o verrugas con cebolla roja ayuda a que desaparezcan. Y en algunos países árabes se aplican cebollas mezcladas con sal y pimienta en el cuero cabelludo como remedio para la caída del cabello.
Su reputación de ser beneficiosas para la salud las hizo un componente muy popular en la dieta de muchos países.
Sin embargo...
El olor de la cebolla puede ser un problema, tanto en las manos como en el aliento.
Después de tajarlas, trata de lavarte las manos con agua fría, frotándotelas con sal. Enjuágatelas y vuélvetelas a lavar con jabón y agua caliente. Unas ramas de perejil o una manzana ayudan a que no se queden en el aliento.
Ventajas nutricionales
La cebolla contiene azúcar natural, vitaminas A, B6, C y E. También minerales como el sodio, potasio, hierro y fibra alimentaria. Además son una buena fuente de ácido fólico.
100 gramos de cebolla contienen 44 calorías y 1,4 gramos de fibra.
Es mejor comer cebolla cruda, si no te cae mal.
El poder de la crudeza
La cebolla es mucho más activa cruda que cocinada, pues contiene una variedad de compuestos organosulfurados que se destruyen parcialmente con el calor. Así que al comerla cruda, ingerimos azufre, un elemento esencial para la vida. Sin embargo, hay gente a la que le queda difícil digerirla o sencillamente no le atrae el sabor. Una alternativa es hornearlas enteras, con todo y su cáscara, como se hace con las papas.
Ese método mantiene todo lo bueno adentro y el resultado es más suave y aromático que la cebolla cruda.
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