Tomar una siesta resulta favorable para la salud, especialmente para el funcionamiento del cerebro y la capacidad cognitiva. Investigaciones recientes indican que añadir intervalos breves de descanso durante el día promueve una vida prolongada y saludable, a pesar de los retos del estilo de vida agitado actual.
“El ser humano es de los pocos animales que duerme una sola vez al día. El resto son durmientes polifásicos; es decir, alternan fases de sueño y vigilia durante todo el día”, señala la Fundación Española del Corazón.
Las siestas deben ser breves para ser beneficiosas, si son muy extensas pueden provocar dificultades para dormir por la noche.
La disminución del tiempo de sueño nocturno no solo impacta nuestra capacidad de recuperación, sino que también tiene consecuencias importantes en nuestra salud tanto mental como física. “En los últimos 50 años, se ha perdido el 25% de las horas de sueño. Con la pandemia por el coronavirus, se alteraron aún más los hábitos del sueño, el uso de la luz artificial y los problemas de estrés, más personas tienen problemas para dormir y duermen menos horas”, le indicó a colegas de Infobae el doctor Daniel Pérez Chada, presidente de la Fundación Argentina del Sueño y director de la Clínica del Sueño del Hospital Universitario Austral.
Integrar la siesta en nuestro día a día emerge como una alternativa factible para contrarrestar los impactos adversos de la falta de sueño. Este corto lapso de reposo diurno puede resultar crucial para recobrar energías y potenciar la concentración.
Integrar la siesta en nuestro día a día emerge como una alternativa factible para contrarrestar los impactos adversos de la falta de sueño. Este corto lapso de reposo diurno puede resultar crucial para recobrar energías y potenciar la concentración.
La siesta también tiene un impacto favorable en el humor, promoviendo la receptividad a emociones positivas y generando sensaciones de bienestar mediante el incremento de la serotonina.
Un buen ambiente para dormir la siesta debe ser fresco, tranquilo y oscuro.
El cerebro también experimenta mejoras con cortos intervalos de descanso durante el día: una investigación reciente realizada por expertos del University College de Londres (UCL) y de la Universidad de la República en Uruguay, sugiere que las siestas diurnas podrían desempeñar un rol fundamental en el mantenimiento de la salud cerebral, especialmente en etapas posteriores de la vida.
Analizando la información recopilada de 35.080 individuos registrados en el Biobanco del Reino Unido, se observó una conexión favorable entre la práctica de tomar siestas y una ampliación en el volumen total del cerebro. Esto implica que el descanso diurno no solo contrarresta la carencia de sueño, sino que además proporciona cierta salvaguarda contra el deterioro cerebral.
La recomendación más difundida mundialmente sugiere que la siesta ideal debe tener una duración de 26 minutos. Esta sugerencia proviene de un estudio realizado por la NASA y la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de EE. UU. (NTSB, por sus siglas en inglés) en 1995. Dicho estudio investigó el impacto de la fatiga y el cansancio en entornos laborales que requieren alta concentración y precisión. Los resultados indicaron que una siesta de 26 minutos puede mejorar el rendimiento en un 34% y aumentar el estado de alerta en un 54%.
El descubrimiento de que un breve intervalo de descanso puede reiniciar eficazmente el nivel de alerta de un individuo ha tenido un impacto significativo no solo en la industria aeronáutica, sino también en una variedad de campos profesionales y en la investigación sobre el manejo de la fatiga y el sueño.
Lo recomendable es dormir la siestas ocho o más horas antes de acostarse para el descanso nocturno.
En la misma línea, según la información proporcionada por la Fundación del Sueño de los Estados Unidos, “la mejor duración de la siesta para los adultos es de unos 20 minutos y no más de 30 minutos. El descanso por 20 minutos permite que la persona que duerme la siesta tenga “un sueño ligero para aumentar el estado de alerta sin entrar en un sueño profundo”.
Salir de un estado de sueño profundo puede ocasionar confusión y, de hecho, intensificar la somnolencia. Además, la urgencia de un descanso diurno extendido podría sugerir la presencia de trastornos del sueño, estados depresivos o enfermedades subyacentes.
Por lo tanto, se aconseja que aquellos que experimenten la necesidad de prolongar la siesta más allá del promedio consulten a un experto médico para descartar posibles complicaciones.
Elegir el entorno adecuado para la siesta es esencial. Se requiere un lugar cómodo, con poco ruido y luz, y una temperatura agradable. Para quienes padecen de reflujo ácido u otros problemas digestivos, descansar en un sillón en vez de la cama puede ayudar a aliviar los síntomas, ya que la posición horizontal puede afectar positivamente estos trastornos.
Si la duración de la siesta es demasiado extensa puede interferir con el sueño nocturno.
El mejor momento para este breve reposo es después del almuerzo, entre las 13:00 y las 17:00 horas. Durante este período, el cuerpo experimenta una disminución en sus ritmos circadianos, lo que aumenta la inclinación al sueño. Además, este intervalo de tiempo no perturba el sueño nocturno, manteniendo intactos los ciclos regulares de descanso.
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