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24 de octubre de 2025 - 10:26
Salud.

Estos son los cuatro miedos que aumentan la ansiedad: las claves para detectarlo a tiempo

Según expertos, los cuatro miedos que impulsan la ansiedad pueden identificarse para reducir su impacto y recuperar el equilibrio emocional.

Redacción de TodoJujuy
Por  Redacción de TodoJujuy

La ansiedad puede entenderse como una reacción emocional ante situaciones que exceden la capacidad de control de quien las enfrenta. Esta condición afecta a millones de personas alrededor del mundo. Los estudios sobre ansiedad identifican cuatro miedos principales que impactan en la vida cotidiana.

Los especialistas en salud mental resaltan la necesidad de reconocerlos para mitigar sus efectos y favorecer un bienestar general. Muchas personas sienten inseguridad respecto a la percepción de los demás, cuestionándose constantemente la impresión que causan, temiendo parecer incompetentes o ridículas, y sintiendo la necesidad de justificar cada una de sus decisiones.

Para la prevención de los suicidios es importante su detección temprana, por lo que resulta fundamental identificar factores de riesgo y posibles causas.

El juicio social y la presión de la mirada ajena: uno de los miedos más comunes

Este tipo de temor suele originarse en entornos educativos estrictos, donde los errores o fracasos son castigados o criticados de manera intensa. También puede reforzarse en familias rígidas, que valoran la discreción y desaprueban cualquier manifestación de singularidad o intento de destacar. Las altas expectativas parentales, intolerantes a los fallos, contribuyen a que se perciba un juicio constante.

Como consecuencia, se observa una disminución de la iniciativa y la creatividad. Las personas que lo experimentan tienden a dudar de sus capacidades y a analizar cada proyecto a través del filtro de la inseguridad, el perfeccionismo o el temor al fracaso. Cuando la presión social se percibe intensa, suelen evitar emprender nuevas actividades o abandonar las que ya iniciaron.

El impacto emocional de esta situación es significativo. En estos casos, la autocrítica permanente domina el pensamiento, limitando la capacidad de cambio y el desarrollo personal.

El temor al juicio social, a la falta, al fracaso y a lo peor, claves en la ansiedad.

Miedo a la escasez: la preocupación por no tener suficiente

El segundo temor que influye en la ansiedad es el miedo a la escasez. Se traduce en la sensación de que nunca habrá suficiente dinero, tiempo o recursos, y en la necesidad constante de anticipar carencias futuras. Este patrón de pensamiento limita la capacidad de disfrutar del presente, ya que la atención se centra en un futuro percibido como incierto o amenazante.

De esta manera, surgen comportamientos como el acaparamiento excesivo, la planificación obsesiva y un uso irracional de energía y recursos. A pesar de todos estos esfuerzos, la sensación de seguridad no se incrementa.

Las raíces de este miedo suelen encontrarse en experiencias de inseguridad material durante la infancia, así como en eventos traumáticos como pérdidas familiares, fracasos económicos o déficit afectivo en el entorno cercano. Para enfrentar esta problemática, resulta clave diferenciar entre carencias reales y proyecciones ansiosas, un paso fundamental para reducir la influencia de este temor en la vida cotidiana.

Especialistas explican cómo reconocer y abordar los miedos que sostienen la ansiedad.

Esto se puede abordar con la ayuda de un profesional de la salud mental o de personas de confianza, quienes pueden colaborar a evaluar objetivamente la gravedad de cada situación. Reconocer que en el presente no existen carencias significativas contribuye a reducir el miedo y a establecer una relación más equilibrada con los recursos disponibles.

Miedo a lo peor: anticipar siempre resultados negativos

El tercer temor relevante se conoce como el miedo a lo peor. Según la especialista consultada por Le Figaro, quienes lo experimentan tienden a convencerse de que todo terminará mal, interpretando la desconfianza y el pesimismo como signos de prudencia o realismo.

El miedo a la falta se manifiesta en la preocupación constante por la carencia de recursos y afecta la capacidad de vivir el presente.

Esta forma de pensar provoca un estado de alerta constante, dificulta disfrutar de los logros o de las oportunidades y genera la percepción de riesgos en cada situación cotidiana. Entre los efectos frecuentes de este miedo se encuentran el aislamiento, la amargura y la tendencia a minimizar lo positivo, además de que, a largo plazo, la tensión prolongada puede impactar negativamente en la salud física.

El miedo a lo peor suele originarse en experiencias tempranas traumáticas, como enfermedades graves, accidentes o la pérdida de un ser querido. Además, un entorno familiar marcado por la vigilancia constante y mensajes centrados en el temor puede reforzar este patrón de pensamiento.

Para contrarrestar esta tendencia, los expertos aconsejan analizar las ideas propias con criterios racionales. Según la OMS, es fundamental construir escenarios alternativos, exigir evidencias para cada suposición y diferenciar entre evaluación objetiva y exageración, estrategias que ayudan a disminuir el impacto del miedo a lo peor.

El miedo a lo peor genera un estado de alerta continuo y dificulta disfrutar de logros y oportunidades.

El miedo al fracaso representa el cuarto factor que alimenta la ansiedad. Quienes lo padecen suelen evitar desafíos y nuevas experiencias, convencidos de que no cumplirán las expectativas, sufrirán humillaciones o deberán renunciar antes de intentar. Esta inacción genera la pérdida de oportunidades valiosas y afecta tanto la confianza en uno mismo como en los demás.

Este temor suele originarse en entornos educativos rígidos, donde los errores eran castigados y solo se valoraban los logros sobresalientes. También puede formarse a partir de experiencias familiares marcadas por fracasos importantes, la presión por alcanzar metas o la expectativa parental de resultados perfectos. Quienes lo padecen tienden a ver el error como una amenaza, en lugar de considerarlo parte natural del aprendizaje.

Para manejar este miedo, es clave ejercitar la toma de decisiones y la acción, evaluando conscientemente los riesgos implicados.

El miedo al fracaso lleva a evitar desafíos y nuevas experiencias, afectando la confianza personal.

Miedo al fracaso: la parálisis ante los desafíos

Los expertos recomiendan avanzar de manera gradual y aceptar que tanto los éxitos como los fracasos forman parte de la experiencia humana. Diseñar planes alternativos y medir de forma objetiva cada riesgo permite ganar confianza sin ignorar la realidad de los desafíos.

Trabajar sobre estos cuatro temores ofrece recursos valiosos para manejar la ansiedad. Según la American Psychological Association, reconocer y examinar cada miedo facilita la creación de estrategias prácticas y realistas. Contar con la intervención de profesionales, el respaldo de personas cercanas y cultivar una autocrítica equilibrada son aspectos clave para lograr una vida más satisfactoria, con menor influencia del temor sobre las decisiones y el bienestar diario.

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