Nos encontramos en el mes de la concientización de una temática que nos toca a todos de cerca, el suicidio. La misión por parte de todos es lograr que estén informados y sepan cómo prevenir este comportamiento que, por cierto, aún es algo que no se entiende, no se puede determinar el motivo de esa acción porque depende de múltiples factores. Y justamente por eso quiero que hoy y siempre hablemos de suicidio.
Es importante que nos quede claro que el suicidio es un comportamiento determinado por múltiples factores y que cuando una persona comete la acción de quitarse la vida lo hace porque atraviesa un momento marcado por profundos sentimientos de dolor y sufrimiento. Tomando fragmentos de aquellas personas que lo han intentado, puedo decirles que refieren sentir una oscuridad que nubla el juicio y razonamiento, y perciben que el fin a tanto dolor y malestar, sólo culmina por ese camino.
Con estas líneas los invito a no juzgar, sino a pensar que esta conducta puede detenerse, prevenirse si reconocemos que las personas sufren y mucho. Que tener una condición de salud mental no va de la mano de quitarse la vida, pero que muchas veces esa condición, esos trastornos afectivos, pueden ser uno de los factores que predisponen a la persona a cometer ese acto.
Y les menciono el prejuicio porque es la principal razón para no pedir ayuda a tiempo. Muchas personas pueden sentirse avergonzadas y hasta enojadas por padecer una condición de salud mental, y si se encuentran inmersos en un contexto prejuicioso donde se determina la tristeza, la depresión como una conducta fácil o un recurso de escape, quitándoles importancia a lo que sienten, es simple y llanamente el camino al encierro y a no saber pedir ayuda a tiempo.
Algo que también he escuchado a lo largo de la vida es aquel comentario de que “la persona que se suicida la hizo fácil, fue simple actuó y listo, no pensó en los que quedamos”. Esto merece la reflexión que estamos desarrollando, porque reitero que el sufrimiento es tan marcado que no hay posibilidad de razonamiento, y todas las veces que sucede, es porque la persona no ha logrado encontrar un espacio de contención, de escucha, un camino de alivio, y no desear solamente morir.
Acá me detengo y les traigo otro mito importante en relación a esto: “la persona está decidida a morir”. Justamente por eso se puede prevenir, porque las personas tienen ideas suicidas, a veces las transmiten, las manifiestan, no están de manera permanente pensando sólo en eso, son ideas que aparecen pensamientos que están, pero eso no significa que no las podamos revertir y mucho menos que la decisión ya está tomada. La ambivalencia se presenta porque en realidad lo único que esa persona desea es no seguir viviendo así, no en la manera en la que se encuentra, la situación que transita; y justamente si su realidad no cambia eso la lleva a tomar la decisión para ponerle fin a esa crisis con tanto dolor.
Me imagino que hasta acá estarán pensando en todos los factores posibles y probablemente se preguntarán que más se puede hacer para evitar, para detectar a tiempo los riesgos. Ya sabemos que, si una persona se mantiene aislada, manifiesta muchas veces ideas negativas, se observa desgano, falta de apetito, cambios de conducta y hasta muchas veces llanto inconsolable; todos son indicadores de que esto hay que atenderlo, hay que asistir por ayuda profesional.
Pero ¿Qué sucede con aquellas personas que no logramos encontrar alarmas que nos hagan notar que algo está sucediendo? Para comprenderlo veamos otro de los mitos: “Si hablamos de suicidio vamos a incitar a que se realice esta conducta”. Por el contrario, mientras más hablemos más personas sabrán que tener ideas o pensamientos suicidas es algo que puede suceder y que hablar de esos sentimientos o pensamientos está bien. Y sobre todo para nuestros adolescentes que atraviesan una etapa donde todo lo que reciben del exterior les impacta fuertemente, y si perciben un mínimo prejuicio, más se alejarán y se cerrarán. Ellos más que nadie, necesitan mucho diálogo y reflexión, y saber que sentirse profundamente tristes no está mal, el deseo de morir puede aparecer y compartirlo es fundamental para que los ayudemos.
Para cerrar me gustaría que aprendamos a hablar mucho de esto, que logremos erradicar nuestros prejuicios y podamos adoptar una posición activa frente a este comportamiento, que sí es posible detectar a tiempo. Y quisiera dejarles un saber aprehendido: “las personas que tiene ideas y pensamientos suicidas, o que en algún momento han intentado quitarse la vida, siempre tienen oportunidad de revertir su situación, pero la única forma de lograrlo es brindándoles contención, que puedan hablar de lo que sienten y sobre todo modifiquen la situación en la que están con el acompañamiento de las personas cercanas a ellos y la ayuda profesional”.
Berenice Ruesjas
Lic. en Psicología
MP 330
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