Estrés, ansiedad, angustia, miedo. La pandemia de coronavirus ha alterado de diferentes maneras nuestras vidas y también nuestras emociones. Y, en ese universo, la estabilidad de nuestra salud mental muchas veces ha tambaleado, tanto en personas que no habían tenido patologías previas a la irrupción del coronavirus en el mundo, como en pacientes que ya cursaban tratamientos previos.

El distanciamiento, el aislamiento, el miedo han desatado muchas consultas a especialistas en salud mental que, además, se enfrentaron con el desafío de que los tratamientos de muchos de esos pacientes se convirtieron en asistencias virtuales o remotas.

Agustín Yécora, médico psiquiatra y secretario provincial de Salud Mental, explica el panorama en una entrevista con Todo Jujuy donde señala, en primer término, que en general y de acuerdo con los indicadores que hay hasta ahora, no hubo un aumento de consultas sino un viraje en el tipo de consultas.

"Al día de la fecha llevamos alrededor de 170 mil consultas, de las cuales 70 mil están relacionadas con el coronavirus y las 100 mil restantes tienen que ver con cuestiones habituales", detalla Yecora.

Con respecto a la forma de funcionamiento y organización de los profesionales de la salud mental, explica que si bien hubo un viraje hacia la teleasistencia, se trata de un área de la medicina que también mantuvo la presencialidad. Las sesiones remotas, por otro lado, garantizaron en muchos casos la continuidad de los tratamientos, señala Yécora. Pero no lo hicieron en muchos otros. De hecho, comenta, de acuerdo con un estudio que realizó el área a su cargo con la SeDroNar, al 30% de la población no le gusta la teleasistencia.

"Todavía no podemos dimensionar el impacto real de esta nueva modalidad. Pero sí vemos una nueva oferta de atención remota, que no reemplaza a la presencial pero que complementa la tradicional", indica y agrega que esto será particularmente útil a futuro en poblaciones que están alejadas para que puedan tener acceso a tratamientos adecuados. Sin embargo, remarca que la falta de conectividad o su mala calidad en muchas zonas obliga a mantener la presencialidad, al igual que en los cuadros de urgencia, donde es irremplazable.

En este punto y con respecto a los casos más complejos, observa que fue necesario el tratamiento de aquellas personas cuyos cuadros se podían agravar a largo plazo y que hubo un incremento en la demanda de psicofármacos. "Lo peor son los trastornos mentales severos porque en el evitar la circulación se restringe muchísimo el control de estas enfermedades", dice el médico.

Con respecto al motivo de las consultas originadas en situaciones que provocó la pandemia, resalta diversas patologías: por un lado, el estés agudo relacionado con el miedo a los contagios o a contagiar, y también por otro lado las consecuencias de la medida más efectiva de evitarlo que es el distanciamiento físico.

"Tenemos un relevamiento de que el 70% de la nueva demanda fueron las personas que llegaron de afuera y tuvieron que hacer aislamiento. Después esto fue migrando a contactos estrechos, etc. El 70% de las demandas de las 70 mil consultas relacionadas a coronavirus tienen que ver con cuestiones afectivas o ansiosas. Esta alteración en la habitualidad, esto de no vernos con nuestros seres queridos nos genera una alteración, sobre todo porque el aislamiento se ha puesto muy largo, de que tengamos muchas consecuencias en los estados de ánimos: irritabilidad, problemas para dormir, etc.", indica el médico.

En este sentido, explica que "hay que entender que estas reacciones pueden llegar a ser normales; es lógico que ante una situación así es experimentar estas cosas. Para prevenir que evolucione a un cuadro más grave tenemos que organizarnos y tratar de reproducir al máximo posible nuestras costumbres habituales", aconseja y enumera: la importancia de realizar actividad física aunque sea 30 minutos, la exposición a la luz del sol - "porque nuestro cerebro empieza a no entender qué es lo que está pasando y a desorganizarse" -, y la socialización con medidas alternativas para mantenernos en contacto y cerca. "Estas pequeñas recomendaciones son muy importantes y ayudan a prevenir que el cuadro empeore", concluye.

"El confinamiento no ayuda a las enfermedades psiquiátricas"

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